Es así como el terapeuta explica que desde el descubrimiento de la lagrimaterapia hasta hoy se han ido agregando más antecedentes interesantes y que de alguna manera potencian más aún el estudio de estas sutiles gotas, las que no sólo entregan beneficios a su dueño, sino que también a las personas con las que se comparte este verdadero elixir.
Al respecto, Fuchslocher dice que entre los nuevos antecedentes con ribetes científicos que han permitido a esta terapia ganar aún más credibilidad, está el estudio que postuló que “la mujer tiene más sobrevida que el hombre gracias a que a ellas no se les ha reprimido tanto el llanto”, cuenta.
Otro dato dice relación al trabajo realizado por Sigmund Freud, quien en sus terapias provocaba el llanto de sus pacientes con el fin de hacerlos caer en un estado de catarsis y así lograr buenos resultados en sus terapias. “Él pensaba que con las lágrimas se eliminaban las toxinas del cerebro que se suponían eran las causantes de la angustia o la depresión”, dice.
Sin embargo, aclara lo anterior diciendo que las personas “tenemos un flujo retronasal que de alguna forma hace que un torrente de lágrimas pase también hacia el interior de nuestro organismo”, situación que explicaría de alguna manera el alivio que nos provocaría este líquido en momentos de tristeza e intranquilidad.
Por otro lado, el homeópata manifiesta que uno de los principios de la lagrimaterapia, además de “alimentarnos” de nuestras propias lágrimas, es compartirlas con el resto de las personas. Éstas, según el director de CITN, serían aquellas que se deslizan hacia el lado de la cara y no las que bajan a la boca. Estas últimas serían especialmente personales.
“Una forma de compartir nuestras lágrimas es pasarlas a nuestros dedos y tocar al otro para posarlas sobre su piel. Eso va provocando sentimientos, emociones, pensamientos, ideales, etcétera”, los que se van transportando a través del líquido.
Además, dice que otro de los antecedentes que se han dado a conocer con respecto al efecto que causa el compartir las lágrimas proviene directamente desde el Tíbet, donde los monjes se reúnen en una ceremonia en donde lloran por la humanidad.
Al respecto, cuenta que estos monjes tibetanos “van juntando las lágrimas que son derramadas por ellos durante el año, luego las reúnen y las vierten en el Ganges, río considerado como sagrado”. |