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La vigorexia no sólo es cuestión de sacar músculos en forma compulsiva
 
Enfermiza perfección
Como un arma de doble filo. Así califican algunos a la vigorexia, trastorno en el cual las personas se obsesionan con la práctica de ejercicio, ya sea para hipertrofiar sus músculos como para bajar de peso y mantenerse constantemente en forma. ¿Saludables al límite?
 
Carla González C.
 

Practicar deporte es siempre saludable, pero lamentablemente y por más que se ha informado acerca de los altos índices de obesidad y sedentarismo, la cifra en Chile de gente inactiva es simplemente alarmante.

Pese a lo anterior, existen algunas personas que no son para nada sedentarias, al contrario, su capacidad para ejercitarse es tan impresionante que se les considera dentro del grupo de vigoréxicos o adictos al ejercicio y para quienes la actividad física y sus consecuencias pasan a ser lo más importante en sus vidas.

Teniendo en consideración lo anterior, algunas de las características que más se distinguen en las personas que padecen de vigorexia es pasar horas haciendo ejercicio, no sólo dentro de un gimnasio, sino que en cualquier lugar que les permita practicar actividades como el levantamiento de pesas, el trote, los abdominales, etcétera.

Así, estas personas – los vigoréxicos – tendrán una especie de “pacto” con la actividad física, entrenando una cantidad importante de horas diarias, cosa que perjudicaría no sólo a su físico, sino que también a su vida social e incluso emocional, esto por no estar nunca conformes con su aspecto físico y por ende, trabajar arduamente por lograr la perfección.

 
Si bien la vigorexia es más común en los hombres, las mujeres también pueden padecer de ella. En ambos, el índice de alerta estará dado por el tiempo que le dedican a la actividad física, la que incluso puede interponerse entre la vida familiar, las amistades y el trabajo.
 

En relación a este tema, el psicólogo especializado en deportes del centro médico CIENS, Rodrigo Cauas Esturillo, menciona que para algunos autores, la vigorexia es definida dentro de los trastornos de la alimentación tal como la anorexia o la bulimia.

En ese sentido dice que si bien este problema técnicamente es una adicción al ejercicio físico, “de alguna forma la persona también incurre en ciertas conductas disruptivas en términos de lo que sucede con la alimentación. Es decir, igual hay una modificación en los hábitos alimenticios en forma errada, obviamente”, afirma.

 
Adictos al bienestar
 

Con respecto al por qué una persona podría hacerse adicta “al gimnasio” y pasarse la mayor parte del tiempo realizando cualquier tipo de actividad física, el psicólogo dice que una de las cosas que explica este trastorno son las endorfinas, también conocidas como las “hormonas de la felicidad”.

En este contexto, Rodrigo Cauas dice que “lo que se ha estudiado es que cuando las personas hacen ejercicio, el cuerpo secreta una sustancia que se denomina endorfina – que proviene de la familia de las morfinas – y lo que hace es aumentar la euforia, el vigor y la sensación de placer”.

Es así como aquellas personas que padecen de vigorexia manifiestan un desmesurado interés por el deporte, actividad con la cual su cuerpo comienza a acostumbrarse a la constante presencia de la endorfina y por ende, comienza a “solicitarla” periódicamente.

Según el psicólogo deportivo de CIENS, “esto lleva a que la persona necesite ejercitarse a diario, pues su propio organismo lo impulsa a ello y sólo de esta manera podrá complacerlo”. Sería entonces una especie de adicción al placer donde Cauas afirma que “funciona igual que con las drogas, donde hay una abstinencia que no se puede aguantar y hace que en este caso, el deportista acuda nuevamente al gimnasio y ojalá aumentando el entrenamiento”.

 
Conscientes del problema
 

Como un “trastorno egodistónico”. Así define el psicólogo especializado en deportes a la vigorexia y para explicarlo menciona que a diferencia de otros trastornos como la anorexia – que es denominado egosintónico – la adicción por el ejercicio se da en forma consciente.

“La persona dice sentir que está incurriendo en conductas que no eran las suyas; es un trastorno egodistónico, entonces significa que el individuo percibe que hay un problema consigo mismo. Hay mayor conciencia de la enfermedad”, sostiene.

Por otro lado, sentencia que en paralelo al ejercicio desmedido existen ciertas conductas consideradas disfuncionales y que permiten identificar a los vigoréxicos. Entre ellas, manifiesta, están el levantarse mucho más temprano que de costumbre para ejercitarse, reducir notablemente sus relaciones sociales hasta incluso prescindir de ellas, dejar de lado las comidas para suplirlas por el deporte, hablar la mayor parte del tiempo de su cuerpo y de la actividad física, entre otros.

 
Para Rodrigo Cauas, la vigorexia es un trastorno “bastante menos peligroso” que otros, debido a que quien lo padezca estará siempre consciente de su condición, no así en el caso de por ejemplo la anorexia, donde la persona no siente que tiene un problema sino hasta muy avanzada la enfermedad.
 

Para Cauas la causa de la vigorexia tiene que ver no sólo con ciertos tipos de personas – hiperactivos, extrovertidos, amantes de la adrenalina y el peligro, aventureros, con posibles problemas de autoestima, etcétera - sino que también con la predisposición genética a la adicción que podría gatillarse con cualquier tipo de elemento o situación.

Al respecto menciona que “estas personas al tener vigorexia y al hacerse adictas al ejercicio, podrían hacerse adictos también a las drogas o a otras cosas. Lo que pasa es que en este caso, la vía de satisfacer esa necesidad que tiene el organismo se generó con el deporte”, manifiesta.

 
Vigoréxicos que no se notan
 

Acostumbrados a concebir a la vigorexia como un problema que atañe a aquellas personas – sobre todo hombres – que se desviven haciendo pesas para así lograr músculos cada vez más grandes, olvidamos que este trastorno puede permanecer “invisible” en otros individuos que practican otro tipo de actividades con la misma energía que los asiduos a la halterofilia.

Es así como el especialista de CIENS menciona que dentro del mundo de los runners o corredores también es fácil encontrar vigoréxicos. “Hay miles con este trastorno, lo que pasa es que no se nota hasta que uno les pregunta cuánto entrena”, sentencia.

También nombra a las mujeres que se la pasan en el gimnasio muchas horas – a veces todo el día - ejercitándose para mantenerse en forma. Para el profesional es en estos casos donde la vigorexia se relaciona aún más con los trastornos alimenticios y en ese sentido, comenta que el tratamiento se hace aún más dificultoso, esto por requerir de un equipo multidisciplinario que se haga cargo del (ahora) paciente.

 
     

Por último, afirma que la vigorexia podría incluso considerarse como un arma de doble filo, ya que por un lado permite a la persona el hacer ejercicio en forma constante, y por ende estar saludable, pero por otro auto exigirse quizás más de la cuenta y con ello poder estar predispuesto a lesiones u otro tipo de inconvenientes.

“(Los vigoréxicos) pierden la noción de algo importante que tiene que ver con las conductas y la manera obsesiva de hacer deporte, por lo tanto si bien en ellos habrá un beneficio a nivel de salud, en términos conductuales empezarán a presentarse una serie de problemas”, asegura.

 
Punto Vital Agosto 2010 ©
 
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