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Una disciplina que contribuye a generar conciencia del cuerpo
 
Eutonía: hacia una tensión muscular armoniosa
Convivimos todos los días con nuestro cuerpo y a pesar de eso no lo conocemos, no sabemos cómo se mueve en el espacio y tenemos poca conciencia de su composición y las emociones y experiencias impresas en él. La disciplina de la Eutonía puede ayudar a corregir esta situación y con ello, mejorar la vida cotidiana de quien la practique.
 
Carla González C.
 

Todo ser humano tiene un cuerpo, eso está claro, pero al parecer muy pocos tienen una verdadera relación con él, pues como lo “llevamos puesto” nos olvidamos de que existe y por eso no lo cuidamos y pasamos por alto todo aquello que puede ayudarlo a estar saludable y en armonía.

Nuestros movimientos, postura y forma de desenvolvernos en el mundo carecen de total conciencia y eso, según los especialistas, contribuye de mala forma ocasionando enfermedades tanto físicas como psicológicas y emocionales. Todo por no saber cosas – para algunas tan obvias – como las habilidades de nuestra estructura, la tensión muscular que presentamos, cómo están dispuestos nuestros huesos, piel, etcétera.

Es por eso que adentrarnos en el conocimiento de nosotros mismos también es importante para estar en forma, lo que no sólo significa tener músculos desarrollados ni una figura esbelta, sino también aceptar lo que tenemos, cuidarlo y potenciarlo sanamente.

Una manera quizás poco conocida de estar en forma es la Eutonía, “disciplina de conciencia corporal que nos permite ir acrecentando paulatinamente la conciencia de nuestro cuerpo y a lo largo del proceso, también la conciencia de la totalidad de nuestro ser”.
 
Según menciona la Escuela Argentina de Eutonía, esta disciplina “surge a partir de la experiencia personal e iniciativa de Gerda Alexander y de su reflexión crítica sobre las distintas corrientes teóricas de la filosofía, psicología, sociología, salud y educación del siglo XX”. Representa, entre otras cosas, “una manera de entender al ser humano integrando los aspectos psicosomáticos, las emociones, las experiencias, el movimiento, la expresión y la conciencia”.

Para Ester Manzanal Bonanata, eutonista graduada en la primera escuela latinoamericana de Eutonía y actual docente de esta disciplina en la Universidad Arcis y en la Escuela Moderna de Música, más que hablar de errores al momento de evaluar la relación que tenemos con nuestro cuerpo, prefiere decir que “la mayor dificultad es no escucharlo y en base a eso saber qué se puede hacer con él”.

Según sus palabras, nos “hace falta ser más intuitivos y dejar de tratar de resolver las cosas de una manera mecánica y eso no significa que haya que sentarse o pararse de determinada manera. Hay cosas que son generales, pero lo cierto es que cada persona necesita cosas distintas según cómo es y las experiencias que ha vivido”, asegura.
Para la instructora, solemos maltratar nuestro cuerpo de diversas maneras, entre ellas, “haciendo ejercicio como locos, cansándose excesivamente y al final corriendo el peligro de lesionarse” y en ese sentido comenta que la Eutonía a través de sus diversas experiencias puede trabajar para no caer en estos problemas y además para prevenir la aparición de enfermedades físicas y psicológicas.

En esta misma línea, cuenta que hay buenos resultados en temas como “la escoliosis, el lograr un mejor dormir, sentirse más relajado, tener mejor equilibrio y flexibilidad, un mejor ritmo intestinal, disminución de dolores de cabeza, aumento de la autoconfianza, eliminación del estrés, etcétera”.

Por otro lado cuenta que esta disciplina también actúa sobre problemas más específicos como en aquellas afecciones del “sistema músculo-esquelético: contracturas constantes, artrosis, artritis, discopatías, lumbalgias, cervicalgias, entre otros”.

Con esto asegura que “el practicante en el aquí y el ahora toma en cuenta lo que le está sucediendo y al estar presente con toda su atención, refuerza el grado de conciencia de la experiencia que se está viviendo”.

“Uno no conoce al 100% su cuerpo, sino sólo la imagen externa de él. La mente crea un espejo, una foto o los dolores y es sólo ahí – cuando el cuerpo tiene dificultades – cuando se le atiende”, menciona.

Conciencia de huesos, piel, tensión y volumen

Ester Manzanal afirma que muchas de las experiencias que vivimos en nuestra infancia inciden en la manera en cómo luego, durante la juventud y adultez, nos desenvolvemos en nuestro entorno.

En este contexto comenta que dentro del cotidiano existen diversos ejemplos en donde se puede constatar que nos hace falta educación con respecto a cómo movernos. Uno de ellos, cuenta, es la típica manera que tienen algunos padres de llevar a sus hijos chicos; lo hacen sosteniéndolos de la mano, pero alzando a veces exageradamente el brazo de los pequeños. “Ese niño es un candidato a tener escoliosis más adelante”, asegura.

De allí que la Eutonía, cuenta, sirve de gran ayuda para poder encontrar esa conciencia que la mayoría no posee de su propio cuerpo y lo hace a través de ejercicios y experiencias que no deben partir sino después de que cada individuo se percate de cuál es su imagen que tiene y proyecta de él.
 
     
“Generalmente el sujeto que tiene un conocimiento puramente intelectual del cuerpo y una escasa o casi nula conciencia corporal, tiene sólo una representación de él. Una imagen no integrada, no vivida”, enuncia Ester Manzanal.

Para Ester, el tema de la conciencia corporal es “un estado que va variando, no es una cosa fija” y en ese sentido dice que “lo fundamental para que esto se dé, es decir, para lograr un camino hacia la conciencia, es la atención, aprendiendo a llevarla a determinadas partes del cuerpo”.

Es así como los eutonistas trabajan, con estructuras como los huesos (conciencia ósea), la piel (tacto consciente), el volumen (espacio interno), tono muscular (no excederlo ni limitarlo), contacto consciente, los hábitos corporales y la imagen del cuerpo y de sí mismo, como una forma de lograr entre otras cosas, “el equilibrio de las tensiones que coexisten en el cuerpo de acuerdo con las necesidades de cada momento”.

En relación a la forma en cómo se trabaja, Ester Manzanal cuenta que “hay de todo”, es decir, existen ejercicios que se realizan tanto en el suelo (aquí la gravedad es de suma importancia, pues permite actuar sobre todo el cuerpo en forma simultánea) como también solicitando que la persona permanezca sentada o de pie.

Para ejecutar los movimientos – todos muy lentos - la eutonista cuenta que estos “no se muestran”, sino que sólo se indican. De esta manera, afirma que es la persona la que según sus habilidades y posibilidades es quien manejará la experiencia sin tener ningún modelo a quien imitar. “Todo lo que la persona entienda estará bien; nada está mal”, sostiene.

Ayudan para esta experiencia (aunque no son imprescindibles) las pelotas de tenis, las cañas de bambú, las castañas de la india (no comestibles), telas, periódicos, almohadas de espuma de goma, entre otros.

Ester Manzanal asegura que esta disciplina da muchos y muy buenos resultados, pero hay que tener en cuenta – dice – que se trata de un proceso largo que no sólo se restringe a lo que una persona pueda hacer en una clase o un taller, sino que se debe seguir ejercitando. “La idea es continuarlo no como una experiencia, porque no lo es, sino que como un estilo de vida”, manifiesta.

 
Algunos ejercicios de Eutonía

 
Punto Vital Abril 2012 ©
 
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