La inulina es un prebiótico (ayuda a mantener sana la flora intestinal) no digerible y natural, proveniente de la fructosa, libre de sabor y con un bajo contenido calórico. Se encuentra, en cantidades diferentes, en más de 36.000 plantas, aunque comúnmente se extrae del agave mexicano, de la cebolla, el ajo, el plátano, la raíz de la achicoria, o el puerro, entre otros. Además, por todos sus atributos, se ha clasificado como una fibra soluble y dietética.
La inulina se emplea en la preparación de varios alimentos para darles cuerpo, textura, consistencia, viscosidad y humedad. Debido a que en la boca proporciona una sensación similar a la grasa, se ha empleado con éxito para reemplazar la grasa en helados, rellenos y productos lácteos, así como para añadir fibra a ciertos productos alimenticios. Según Pedro Mandiola, director de Agrowest (empresa de comercialización de inulina, entre otros productos), “en Europa, desde el pasado 1 de enero, todos los productos alimenticios están obligados a incluir un porcentaje de inulina. Sin embargo, en Chile lo hacen un número insuficiente de productores de yogurt (como Next) y varios de leche cultivada”. Por ello, Mandiola recomienda que sea el propio consumidor el que incluya dentro de su dieta diaria la ingesta de inulina.
“Recomiendo que se tome una cucharada sopera (unos 15 grs.) al día junto con el café del desayuno, jugo, leche o agua. No tiene efectos secundarios” y sí muchos beneficios”.