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Cuando la comida se convierte en un enemigo
Para algunas personas comer es un acto de supervivencia; para otra es un verdadero placer, una satisfacción y, para otras, comer es un suplicio, una angustia, un sacrificio, una verdadera obsesión. Hoy en día, son muchas las personas para quienes la comida se ha convertido en un auténtico enemigo. Aunque la bulimia y la anorexia son los trastornos alimenticios más conocidos, no son los únicos ni los más comunes.
 
Beatriz Gurdiel Robles
 

Más de 350.000 personas (en su gran mayoría mujeres jóvenes) sufren bulimia en nuestro país, y más de 70.000 son anoréxicas. Sin embargo, y pese que estos son los dos trastornos alimenticios más conocidos, no son los más comunes. Según la psicóloga Cecile Rausch, autora del capítulo “Trastornos de alimentación en Hispanoamérica” (incluido en el libro “Terapia familiar y de pareja”, publicado recientemente por la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile) el 70% de los casos de este tipo corresponde a lo que se denomina TANE (trastornos alimentarios no específicos). Se trata de conductas patológicas que no alcanzan las complicaciones médicas asociadas a la anorexia o la bulimia, pero que pueden ser la antesala de éstas. Es el caso de los comedores compulsivos o quienes se vuelven adictos a las dietas.

Punto Vital, en colaboración con la Dr. Lilian Urrutia, psiquiatra y experta en trastornos alimenticios del Instituto Neuropsiquiátrico de Chile, ha querido ahondar un poco más en los orígenes, evolución y tratamiento de estas enfermedades.

 
Las conductas aislantes, el culto al cuerpo, la influencia de las amigas y familiares, la presión social o los estereotipos de belleza son factores que influyen en el desarrollo de trastornos alimenticios.
 
¿Por qué se llega a ese punto?
 

Cuando se habla de trastornos alimenticios enseguida se nos viene a la mente la imagen de una joven delgada, insegura, superficial y demasiado obsesionada con su figura. A menudo culpamos a la publicidad, las amistades o, incluso, la falta de una buena educación por parte de sus padres, sin embargo, la realidad va mucho más allá. Según Urrutia, son muchos los factores que convergen para que una persona llegue a desarrollar un trastorno de este tipo.

  • Factores biológicos: sin duda, según Urrutia, existe una cierta predisposición biológica “que hace a ciertas personas ligeramente susceptibles a padecer un trastorno alimenticio”. La explicación la encontramos en los estudios que afirman que existen ciertos niveles anormales de químicos en el cerebro que predisponen a determinados individuos a sufrir de ansiedad o perfeccionismo o a actuar de una manera más compulsiva, rasgos presentes en muchos de quienes sufren estos trastornos.
 
     
  • Factores psicológicos: quienes sufren trastornos alimenticios suelen tener en común ciertos rasgos de personalidad. Son inseguros, tienen poca confianza en sí mismos creen no poder llevar el control de su vida y en ocasiones se enfocan en el aspecto físico para intentar tomar las riendas. En palabras de Urrutia, “los anoréxicos suelen ser personas más obsesivas, rígidas y estructuradas, con más dificultades para tolerar fracasos. Por su parte, los bulímicos tienen más problemas para controlar sus impulsos y les cuesta estructurarse”.
  • Factores ambientales y/o sociales: el mensaje que se trasmite a través de la publicidad y los medios de comunicación entorno al ideal de belleza es un factor de sobra conocido y discutido por muchos. Sin embargo, no es el único actor social que influye en el desarrollo de los trastornos alimenticios. “Las conductas aislantes, el culto al cuerpo, la influencia de las amigas y familiares, la presión social o los estereotipos de belleza” son, según Urrutia, factores que influyen para desarrollar estos trastornos.

“Cuando esos tres factores se juntan”, asegura la psiquiatra, “en muchos casos el factor determinante, el que desencadena la enfermedad, es una dieta”. Es decir, “una persona con una predisposición genética, en un contexto social determinado y con un tipo de personalidad muy obsesiva, que se pone a dieta puede llegar a caer en un trastorno alimenticio.

 
Los trastornos alimenticios pueden prevenirse
 

En los últimos años los medios de comunicación, la publicidad y el mundo de la moda parecen haber tomado conciencia de su responsabilidad social en el tema de los trastornos alimenticios. Modelos que luchan abiertamente contra la anorexia, desfiles que excluyen a mujeres esqueléticas, y un menor culto al cuerpo en boga de un cuerpo saludable son algunas de las medidas que se han tomado con el objetivo de disminuir el caso de personas con trastornos alimenticios. No obstante, para prevenir enfermedades como la bulimia o la anorexia hace falta mucho más.

Según Urrutia, “los trastornos alimenticios se pueden prevenir” y en ello los padres juegan un papel fundamental. “La mayoría de quienes sufren anorexia y bulimia en Chile son adolescentes mujeres, por lo que la responsabilidad de los padres para prevenir o detectar la enfermedad a tiempo es fundamental”.

 
     

Inculcarles desde niños valores alimenticios saludables y equilibrados, no dar excesivo culto al cuerpo y potenciar otros aspectos de su personalidad, enseñarles a que no se salten ninguna comida o establecer horarios puede ser fundamental para la prevención.

Además, según la experta, si los padres comienzan a darse cuenta de que su hijo o hija presenta cierta preocupación por su peso, “el acompañamiento de la familia puede ser muy preventivo”. Es decir, “si ve que su hija no está conforme con su físico, cree tener sobrepeso y se muestra muy interesada en adelgazar, lo mejor es que los padres la ayuden y no la dejen enfrentar sola su problema, sin información”. Para Urrutia, lo más adecuado es acompañar a la joven a un nutricionista que pueda ayudarla a establecer pautas de alimentación más saludables.

 
A veces, una visita a tiempo a un nutricionista puede evitar que aparezca un trastorno alimenticio
 

Estos son algunos de los aspectos que juegan un papel fundamental en la prevención de los trastornos alimenticios:

  • Mantener una alimentación relativamente sana y equilibrada. Es decir, ayudar a que su hijo/a tenga una pauta de alimentación balanceada, que incluya los distintos nutrientes.
  • Ayudar a que los jóvenes consigan tener una buena autoestima y no fijarse tanto en el aspecto estético, evitando así transmitir la falsa idea de que quien no es guapo y delgado es un fracasado.
  • Ayudar a mantener un cierto peso dentro de un rango de flexibilidad, sustentado en una alimentación sana y la práctica de algún deporte.
  • Evitar utilizar la comida como un premio o un castigo.
 
 
¿Cómo detectarlo a tiempo?
 

En torno a este tema, una de las mayores preocupaciones de los padres es saber cómo detectar a tiempo que su hijo/a tiene algún tipo de trastorno alimenticio. Según la Dra. Urrutia, existen ciertas señales de alerta que pueden indicar a padres y amigos que algo anda mal. “En ese caso lo mejor es buscar ayuda y no dejarlo pasar pensando que será pasajero. Lo más probable es que no pase sólo, al contrario, tiende a agravarse”.

Estas son algunas de esas señales de alerta:

  • Cuando la apariencia comienza a ser un tema de preocupación y una causa de sufrimiento.
  • Si el joven se muestra muy preocupado y empieza a dejar de hacer cosas, a salir con los amigos o ir a fiestas porque no le gusta cómo se ve, o cómo le quedan las cosas.
 
     
  • Comenzar a vestirse siempre igual, sin variar su ropa, usando cosas sueltas, sin forma.
  • Saltarse los horarios de comida y buscar excusas para hacerlo.
  • Cuando de una alimentación en la que se seleccionaban ciertos alimentos se pasa a una rigidez absoluta y resulta difícil hacer que el joven coma otra cosa.
 
Dentro del tratamiento de los trastornos alimenticios es fundamental que se enseñe a la persona a alimentarse de forma saludable ya que la anorexia o la bulimia son algo así como la adicción a la nicotina, uno nunca llega a deshacerse de ella aunque sí puede controlarla.
 

Si una madre, un padre, o un amigo percibe alguno de estos síntomas lo más sensato es buscar ayuda. “Hay una gran variedad de alternativas”, dice Urrutia, “lo importante es no dejarlo pasar y creer que es algo propio de la adolescencia. Pueden llevarlo a una consulta con un nutricionista, un especialista o al mismo pediatra”, afirma. “Atacarlo a tiempo puede hacer que un joven aprenda a controlar su peso y su nutrición sin necesidad de caer en un cuadro alimentario”.

 
¿Hay solución para estos trastornos?
 

Pese a que, según los expertos, en una persona que ha sido anoréxica o bulímica se mantiene una predisposición en el tiempo y ella misma es consciente de que puede haber una recaída, se puede llegar a una recuperación muy alta, aunque también se puede fracasar por completo.

“Aunque la persona no siempre está dispuesta a aceptar un tratamiento, porque lo ve como un impedimento para lograr su objetivo, que es verse bien”, afirma Urrutia, “es importante lograr que tenga un juicio de realidad de lo que está pasando” y acepte esa ayuda, es parte del proceso.

Según la experta, el tratamiento para cualquier trastorno alimenticio es una mezcla de un trabajo en la parte psicológica, nutricional y farmacológica. “Las tres deben ir juntas”. Sólo en un 20% de los casos es necesario que la persona sea internada.

 
Trastornos alimenticios más comunes
 

Bulimia

¿Qué es?

Más común que la anorexia, se trata de un trastorno que impide a la persona controlar lo que come. Consume grandes cantidades de alimentos en periodos muy cortos de tiempo, lo que después les provoca un gran sentimiento de culpa. “Buscan entonces la forma de eliminar lo que ingirieron, por lo que vomitan o utilizan algún laxante”, afirma Urrutia. “Lo más significativo es que la persona no se puede controlar y lo vive todo con mucha angustia y culpa”.

¿Cómo detectarla?

Un papá o una mamá puede sospechar que su hijo/a sufre anorexia si de repente se da cuenta de que “hay ciertos alimentos que desaparecen misteriosamente, o nota que la joven en periodos muy pequeños de tiempo come mucho más que sus compañeros o hermanos; si va frecuentemente al baño después de comer o si ya aparecen trastornos físicos asociados, como problemas dentales, pérdida del esmalte, reflujo, problemas digestivos, etc.”, dice la experta.

 
 

Anorexia

¿Qué es?

Dificultad de la persona para mantener un peso adecuado para su estatura. Normalmente se mantienen en niveles mucho más bajos. Suelen tener mucho temor a subir de peso, lo que intentan controlar no comiendo, para lo que van disminuyendo progresivamente la ingesta. “En algunos casos puede tener síntomas purgativos, se trata entonces de una anorexia purgativa”.

En la mayoría de los casos los anoréxicos tienen un grado de distorsión de su imagen, es decir, se miran pero no logran tener un juicio certero de lo que ven. Siempre se encuentran más gordos.

 
     

¿Cómo detectarla?

“Si una mamá se da cuenta de que su hija tiene un peso mucho más bajo, la ve más apagada o con más fatiga; si hay una interrupción de la menstruación, o se detiene el crecimiento” debería buscar ayuda. Otro factor de alerta podría ser observar que su hija está delgada y aun así presenta preocupación por querer bajar de peso.

En cuanto a los trastornos alimenticios no específicos (TANE), menos conocidos pero más comunes, los síntomas de alerta mezclan los de la anorexia y la bulimia. Estos son algunos de los más frecuentes, según Rausch, autora de “Trastornos Alimentarios en Hispanoamérica”.

Atracón-dieta-atracón

Personas que se atracan de comida de una manera irregular (contrario a la bulimia, que más frecuente) y después se enfrascan en dietas muy restrictivas lo que les hace volver a comer nuevamente en exceso. El principal riesgo de este desorden es que resulta muy sencillo caer en la bulimia, especialmente si se tiene una personalidad obsesiva.

Comedor compulsivo

Representa el 3% de los trastornos alimenticios en general y hace referencia a aquellas personas que comen durante todo el día o que, frecuentemente, se pegan atracones, sin que necesariamente tengan que vomitar después para eliminar lo ingerido. El aumento de peso es inevitable y puede llegar a ser peligroso para la salud. Normalmente, quienes sufren de este trastorno entran en el círculo vicioso de la obesidad, es decir: comen mucho, engordan y luego comen más porque se ven gordos, se angustian y piensan que ya no hay nada que hacer.

Adicción a las dietas

Persona que se pasa la vida siguiendo alguna dieta. Las ha probado todas; la de la sopa, la de Atkins, las hipocalóricas, aquellas en las sólo se come fruta, o sólo pollo, etc. Según Rausch, cuando esta conducta se mantiene el cuerpo suele reaccionar con fatiga, calambres, caída del pelo, dolores abdominales y hasta insuficiencia cardiaca grave. Los adolescentes pueden resultar los más perjudicados ya que pueden dejar de fabricar tejidos, músculos y huesos y alterar su crecimiento.

 
Punto Vital Abril 2007 ©
 
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