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El concepto de la virginidad muchas veces es confundido con el de la abstinencia
 
Hasta sentirse preparada (o)
En ocasiones, algunos jóvenes que sienten la necesidad de conservar su virginidad hasta cuando llegue el matrimonio, caen en la contradicción de realizar otro tipo de prácticas sexuales que si bien no comprometen la penetración vaginal, sí incorporan otras modalidades como el sexo anal y el oral. Ellos, ¿siguen siendo vírgenes?
 
Carla González C.
 

A pesar del avance de los tiempos, la virginidad sigue siendo tema importante en algunos hombres y mujeres, donde muchos de ellos sienten la necesidad de postergar el inicio sexual hasta llegado el momento del matrimonio, etapa que por lo demás esperan dure toda la vida.

Otros en cambio, si bien no tienen la convicción de que la llegada al altar sea el momento para perder esta pureza que en nuestra cultura está estrechamente ligada a la iglesia Católica, sí prefieren esperar hasta que “la persona indicada” llegue a sus vidas y así sentir que “la primera vez” fue algo especial y digno de recordar.

Como sea, la virginidad y su pérdida son concebidas por muchos bajo ciertos errores y también rodeada de algunos mitos que valen la pena dilucidar para así entender claramente en la posición que cada uno está y quiere tener. Después de todo, el significado social también está inserto en este tema y ‘el qué dirán’ muchas veces es más fuerte que la decisión que cada uno puede tomar como individuo.

La psicóloga, terapeuta sexual y de pareja, Renata Ortega, dice que “para la psicología, la virginidad es un concepto valórico (y no sexual) de la iglesia católica” y es por eso que pone énfasis en que lo primero que hay que tener claro es la diferencia entre esta definición y la de la abstinencia, palabra que sí tiene que ver con el ámbito de la sexualidad.

Al respecto, dice que “la virginidad habla de la pureza que debiera conservar una mujer en términos de su corporalidad hasta el momento de mantener una relación estable conyugal” y por otro lado, la abstinencia “es un concepto de orden sexológico que habla de la decisión de mantenerse sin práctica sexual alguna hasta el momento que se decida tenerla”.

La psicóloga sentencia que “en condiciones favorables uno esperaría que todas las personas se mantuvieran abstinentes hasta el momento de sentirse preparados para tener un acto íntimo”.

Lo principal para Renata Ortega es tener muy claro que cada persona – independiente de sus creencias, raza, estado civil, género o edad – tiene el derecho “de decidir el momento en que desean comenzar una práctica sexual” y por lo tanto, asegura que es totalmente válido que un individuo que no profese la religión, en este caso la católica, “defienda mantenerse abstinente porque considera que no está preparado para tener un acto íntimo”.

Este derecho de decisión es catalogado por la sexología como “un derecho sexual” y en ese sentido la psicóloga reitera que “lo óptimo es que una persona decida el momento en que desea compartir su intimidad corporal con otra persona”.

La negociación sexual

Según la terapeuta, uno de los mayores riesgos en los que puede caer una persona al momento de decidir qué camino seguir con respecto a su inicio sexual es “confundir la abstinencia con la virginidad”.

Para ejemplificar su aseveración menciona que existen estudios que revelan que hay muchas jóvenes que conservan un punto de vista religioso, pero que mantienen prácticas sexuales no penetrativas “como una forma de conservar el himen como el icono de la virginidad”.

Esta conducta es vista por la psicóloga como una “decisión que no es tal, es decir, hay una persona que está rigiéndose por un criterio externo, pero en definitiva está optando por una decisión que se aleja de eso, pues está manteniendo prácticas sexuales. En ese sentido, la abstinencia es diferente porque tiene graduaciones”, menciona.

 

En esta misma línea, la especialista dice que si bien la abstinencia significa contenerse en este caso de la actividad sexual, es una práctica donde puede haber variaciones que tengan que ver con, por ejemplo, sostener encuentros íntimos privándose de toda práctica penetrativa, “y por lo tanto realizar maniobras alternativas al coito, pero tener vida sexual activa ya sea con tocamientos, masturbación mutua, autoerotismo, sexo oral”, entre otras.

Teóricamente, la psicóloga manifiesta que debiera haber una ascensión en el tema de las relaciones sexuales. De esta manera dice que “las personas debiéramos ir recorriendo un camino, de tal manera de entrar progresivamente en campos de intimidad de mayor profundidad”.

Una de las consecuencias que puede ocurrir en ciertos casos a partir de la confusión de los conceptos de virginidad y abstinencia es relatada por Renata Ortega, quien menciona que hay quienes se inician sexualmente mucho más temprano de lo que debieran, pero reconociendo una decisión de por medio (aunque con sentimiento de culpa) y otros que inician su vida sexual por una clara presión social.

Otra creencia errada que se presenta cuando se habla del tema de la pérdida de la virginidad es la que se refiere al himen y la importancia de su conservación, la que incluso aún es considerada en otras culturas como una muestra infalible de virginidad.

Al respecto, la psicóloga menciona que “incluso una mujer teniendo una práctica sexual activa y dependiendo de las características de su himen, puede conservarlo”, sentencia y por lo tanto dice que el hecho de que una mujer sangre o no o que tenga su himen intacto o haya perdido su estructura inicial, “no tienen que ver ni es una señal de que sea virgen”, advierte.

Una confusión de conceptos

Otro tema relevante es saber qué sucede en casos donde uno de los miembros de la pareja es virgen (o prefiere mantenerse abstinente) y el otro no. ¿Cómo llegar a un acuerdo sin que ninguno se vea perjudicado?
Frente a esta interrogante, la terapeuta sostiene que más que hablar de una buena comunicación, prefiere referirse a la “negociación sexual” como el término técnico más adecuado. Para explicar este concepto, dice que “uno esperaría que todas las personas estuvieran habilitadas para negociar sexualmente, cosa que nunca ha estado presente dentro de los temas educativos de este país”, subraya.

Asimismo, afirma que la idea de la negociación tiene que ver con “cómo una persona se empodera para ir ejecutando aquello que le brinda placer sin dañar al prójimo” y además recalca que esta acción debe estar presente no sólo en la pérdida de la virginidad o la decisión de terminar con la abstinencia, sino que también a lo largo de todas las prácticas sexuales de mujeres y hombres.
 
     

Renata Ortega menciona que los jóvenes en la actualidad tienen un mayor proceso de decisión que los adultos, es decir, viven un proceso y que eso tiene mucho que ver con la diferencia entre la virginidad y la abstinencia. “Saben que es un derecho tener prácticas sexuales cuando ellos lo deciden y en ese sentido, no se sienten impedidos a guardarse sexualmente, sino que van caminando paso a paso conforme van avanzando”, manifiesta.

“En las negociaciones ambos deben ceder. Los dos ganan, pero también pierden”, sentencia la psicóloga y agrega que la conversación en torno al tema no debe ser culpando al otro por lo que ha o no ha hecho, sino que más bien “debe haber ausencia de daño”, dice.

Por último, la terapeuta manifiesta que el tema de la abstinencia – al contrario del de la virginidad – corresponde al ámbito privado de los individuos. “La virginidad aparece como un valor impuesto por un grupo social determinado hacia la población completa, como una intromisión en el ámbito privado”, sentencia.

“Mi decisión tiene que depender de mi ética, de mi rayado de cancha y de lo que considero apropiado para mí, teniendo en cuenta también que no puedo pasar a llevar los límites del otro”, concluye.

Punto Vital Abril 2009 ©

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