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La violencia en el pololeo es la antesala de la agresión intrafamiliar
 
¿Dónde quedó el amor?
El pololeo es quizás la etapa más linda en la vida de un adolescente. Salir a caminar tomados de la mano, dar el primer beso y experimentar la vida en pareja es sin duda, un proceso que vale la pena vivir. Pero, ¿qué sucede cuando las agresiones se colocan en medio de la relación?
 
Carla González C.
 

La violencia en la pareja es inaceptable en cualquier etapa de la vida, pero durante el pololeo es aún más impensado, después de todo, andar “de novios” es una experiencia que debería ser hermosa por donde se le mire.

Andar de la mano, besarse mirando el atardecer y mirarse a los ojos por horas sin descanso son algunas de las postales características del pololeo, etapa que puede darse a cualquier edad, siendo los adolescentes y los jóvenes quienes más incursionan en él, después de todo se dice que éste es algo así como un ensayo prematrimonial.

A pesar de todo lo hermoso que puede ser estar junto a un pololo o polola, existen relaciones que no son para nada sanas y donde las agresiones físicas y psicológicas – e incluso sexuales - invaden a ambos miembros de la pareja, enlodando la relación a niveles que pueden resultar muy perjudiciales.

Es así como los celos extremos, la manipulación, las reiteradas llamadas por teléfono, la desconfianza y la presión por elegir entre la relación y otras cosas como los amigos, los estudios y el tiempo con la familia, serán algunas de las típicas señales a las que hay que poner atención en los pololeos de adolescentes.

Al respecto, algunos datos preliminares señalan que el 51% de los casos de violencia en la pareja han comenzado durante el primer año de relación y si bien no existen estudios acerca de la agresión en el pololeo en adolescentes (sí los hay en jóvenes universitarios), lo cierto es que saber cómo sobrellevar este tipo de problema es fundamental para no caer en el peligroso círculo vicioso de la violencia.

En 2008, La Tercera publicó un estudio realizado en conjunto con el Centro de Estudios de Opinión Ciudadana de la Universidad de Talca. Allí encontraron que “el 57,8% de los jóvenes de entre 15 y 18 años ha sido víctima o victimario en alguna forma de agresión”.

En relación a este tema, el matrón, magíster en sexualidad y profesional de la Corporación Municipal de Rancagua, Mauricio López González, menciona que “el fenómeno de la violencia en la pareja es caracterizado por los desacuerdos entre ambos, los que originan peleas violentas”, donde pueden haber golpes, arañazos, empujones cachetadas, entre otros.

En esta misma línea, afirma que estas conductas negativas durante el pololeo también incluyen la descalificación y en general la violencia psicológica, en la que si bien no hay golpes, sí “existe un fenómeno de agresión verbal que se da mucho más frecuente de lo que se piensa”, asegura.

Con respecto a los motivos por los cuales una pareja de pololos puede llegar a la violencia – física o emocional – como acción recurrente dentro de la relación amorosa, el matrón menciona que “el dilema pasa por el hecho de cómo se expresan las emociones”, pues según sus palabras, “hombres y mujeres las expresan de manera diferente”.

En este contexto manifiesta que “la cultura tiene mucho que ver, ya que en el caso de los varones se les enseña a expresar las emociones en ciertos espacios como con los amigos, a través del juego o los deportes; cosa que es positiva, pero al mismo tiempo no se enseña a prestar atención a las emociones que se producen en otros lugares como en el interior del hogar y con las personas con las cuales convivimos”.

Para Mauricio López, el entorno es también un agente con mucha incidencia en el surgimiento de la violencia a nivel de pareja (en cualquiera de sus etapas), pues según sus palabras, “nos topamos con una sociedad que no da espacios para esta expresión, sino que al contrario, los restringe enormemente”, donde reconocerse en el otro pareciera ser una de las cosas más difíciles en una relación.

¿Ves lo mismo que tu pololo (a)?

Pelearse con la pareja es algo sumamente normal, las desavenencias pueden producirse por muchos motivos y es totalmente sano el poder resolver esas diferencias a través del diálogo y la capacidad de ponerse en el lugar del otro, respetando en todo momento las opiniones de la pareja y la perspectiva con la cual mira la vida.

Pese a esto, y en casos en donde la violencia arremete en contra de jóvenes que recién comienzan a conocer lo que es comprometerse con una persona a quien se ama, el magíster en sexualidad dice que la agresión en el pololeo – tal como en toda relación de pareja – “tiene que ver con el hecho de que ambos ven de manera distinta la realidad, lo que necesariamente implica un severo problema de comunicación”, sostiene.

 
     

Para explicar su aseveración anterior, el especialista cita al biólogo y co fundador de la escuela matríztica, Humberto Maturana, quien dice que “estos problemas humanos ocurren en el dominio de las relaciones como conflictos de emociones, en el entrecruce de deseos, propósitos, aspiraciones, miedos y rechazos contradictorios”, siendo este tipo de conflictos “resueltos desde las emociones y no desde algún ámbito racional”.

Mauricio López dice que la violencia más frecuente es la psicológica (16%), seguida de una combinación entre ésta y la agresión física (13%) y luego, la violencia sexual (1,2%). Todo lo anterior se agrava cuando todas las manifestaciones anteriores se dan juntas; en ese caso existe un 12% de los adolescentes que afirman haber sido víctimas.

Con todo lo anterior, se puede desprender que con el paso del tiempo, el uso de la PAE ha ido ganando cada vez más espacio en la sociedad chilena y a pesar de que aún existen detractores que la consideran abortiva, los estudios científicos recientes hechos en nuestro país confirman la hipótesis contraria y por lo tanto, entregan una opción a las mujeres de elegir la manera de cuidarse y planificar su familia.

¿Existe el “nunca más”?

Una de las típicas excusas que tiene el agresor al momento de someter a su pareja a algún tipo de violencia es prometer que el episodio nunca más se va a volver a repetir. Esto permite que exista un periodo de “luna de miel”, en donde ambos se vuelven a encantar con la idea del pololeo e intentan continuar como si no hubiese pasado nada. Esto, antes de que vuelva a desatarse otro incidente.

Por esta razón se hace tan necesario poner un límite a la situación y no permitir que continúen este tipo de conflictos. Por eso, el profesional de la Corporación Municipal de Rancagua expresa que lo básico es que el o la adolescente que se encuentre enfrentado a este problema, se lo cuente a sus padres o a algún adulto de su confianza, quienes deben manifestarse atentos ante estos hechos.

“Si no se hace nada – asegura López - el hecho se volverá a repetir igual como si fuera un ciclo, donde el agresor o agresora se compromete ante la pareja de no volver a repetir el hecho”, cosa que la mayoría de las veces no se cumple.

Otra de las cosas que aconseja el especialista es trabajar con el autoestima, precisamente lo que se encuentra más dañado en aquellos jóvenes que son afectados por las agresiones de su pololo (a). Desarrollar un mejor amor por sí mismo permite que “cualquier persona que se vea enfrentada a este tipo de hechos, tenga la libertad de dejar a esa respectiva pareja”, asegura.

Mauricio López entrega algunos ejemplos a través de los cuales los padres pueden identificar que su hijo o hija está sufriendo de violencia durante la etapa del pololeo:

- Control excesivo del tiempo por parte de la pareja.

- Que la pareja ignore las opiniones del otro.

- Que la pareja provoque celos constantemente.

- Que la pareja la/lo humille públicamente o en privado.

- Manipulación por parte de la pareja.

- Pareja le dé “pequeños golpecitos” para hacerlo/a entender.

- Chantaje en todas sus formas.

- Relaciones sexuales sin el consentimiento de la pareja.

Punto Vital Julio 2010 ©

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