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En los jóvenes, el uso del Viagra puede relacionarse con el reemplazo de ciertas carencias
 
Consumidores de ilusión
La avalancha diaria de información, ciertos trastornos mentales o la simple curiosidad, llevan a muchos jóvenes a experimentar las sensaciones que ofrece el Viagra para así complementar e incluso ‘mejorar’ la performance sexual frente a su pareja.
 
Carla González C.
 

El uso del Sildenafil, más conocido como Viagra, es recomendado para personas mayores de 40 años y con algún diagnóstico médico específico que indique que este fármaco ayudará a mejorar la disfunción eréctil y en ningún caso para beneficiar el rendimiento sexual, como aún se piensa.

Y es que a pesar de llevar diez años en el mercado, la palabra ‘Viagra’ todavía se presta para confusiones e incluso chistes que jueguen con falsas creencias con respecto a este medicamento, el que fue rotulado en un comienzo con las frases de ‘píldora mágica’ o ‘la pastilla de la felicidad’, siendo que su objetivo es serio y netamente médico.

Luego de abrirse a la libre demanda en las farmacias, los jóvenes se convirtieron en clientes pasando a ser unos consumidores más de la gragea, utilizándola en forma errónea para trastornos como la eyaculación precoz o para experimentar nuevas sensaciones durante sus relaciones de pareja.

El psicólogo clínico y profesor universitario, Juan José Soca Guarnieri, define al Viagra como la “hija de estos tiempos” y es a través de la visión moderna de la subjetividad, que se toma como un objeto más que se presenta para resolver problemas, en este caso, pertenecientes al terreno sexual.

Para el psicólogo, el consumo de este fármaco por parte de los jóvenes tiene que ver con la concepción errónea de la ‘pastillita mágica’ que viene a salvarlos de conflictos que deben ser resueltos por el propio individuo. “Hoy existen muchos objetos al alcance de la mano y que no siempre son beneficiosos en una relación sexual”, enfatiza.

Según Soca Guarnieri, este objeto “viene a dar respuestas y quizás a suplir o a tapar y ocultar algo” y a partir de una posición crítica proveniente desde la teoría psicoanalítica, menciona que la sexualidad humana es diferente a la animal e instintiva. Agrega: “si bien la sexualidad humana se apoya en lo biológico, va más allá de lo puramente instintivo”.

De esta forma, el psicólogo clínico explica que los animales “no se equivocan fácilmente de pareja”, al contrario del ser humano en quien intervienen factores culturales o sociales, donde “la sexualidad no se presenta como una garantía de felicidad y de satisfacción plena” y es por esto que dentro de las relaciones interpersonales ocurren desencuentros e incluso tragedias como los abusos infantiles o los celotipos, ‘perversiones’ que no están presentes en los animales.

Vínculos quebradizos

Juan José Soca destaca que el rápido ritmo de vida y el acceso a información proveniente desde cualquier medio – a veces demasiado informal – trae consigo a una juventud, que al contrario de otras generaciones, basa sus relaciones en procesos a corto plazo. Para el profesional, “hoy, los vínculos humanos se arman y se desarman con una facilidad asombrosa. Hay una falta de consistencia particular, especialmente en el terreno de lo sexual”.Con respecto al uso del Viagra, el docente reconoce un rol psicológico importante en este medicamento y dice que muchas veces actúa como un placebo, es decir, ayuda a mejorar el actuar sexual en forma ‘falsa’, no recuperando a la persona de estados como la eyaculación precoz, y menos mejorando su relación sexual. “En el fondo es un objeto más para que el sujeto sea mucho más adicto de lo que es”, sentencia.

 
     
Para el profesor, el Viagra también podría constituir una adicción que finalmente se transforme en una falsa dependencia a algo que el cuerpo de una persona de 20 ó 30 años no necesita para mantener una relación íntima y que sólo respondería a un reconocimiento ante los pares, o según Soca, a “alardes de machismo o por los comentarios que se generan en torno a este tema”.

La comunicación: solución natural

No hay que generalizar mencionando que todos o la mayoría de los jóvenes toman esta píldora. Si bien todos podemos estar proclives a esta experiencia, para Soca Guarnieri existen trastornos de la personalidad y ciertos perfiles más propensos al consumo de Viagra.

Pacientes con trastornos fronterizos, personas con perturbaciones psicóticas o de personalidad retraída y de baja autoestima, pueden ser algunos de los consumidores asiduos a la ‘pastilla azul’. Según la experiencia de Soca, estas personas son frágiles y se aferran rápidamente a objetos externos que los hagan sentir seguros e integrados.

En síntesis, Juan José Soca recomienda que el mejor remedio para llevar una buena vida sexual es la comunicación. Para el psicólogo, las personas actualmente hablan de todo con sus compañeros, menos de lo que pasa en sus relaciones de pareja, lo que limita la interacción debido a problemas no zanjados.

“Hoy, el ser humano está mucho más dependiente de cosas externas y esto ha sido estimulado por los medios de comunicación y su impacto en la sociedad” afirma y reconoce que en estos tiempos “ya no se le cree mucho al otro, no se le escucha. Puede ser desconfianza, pero lo que se oye casi siempre es desde nuestro propio punto de vista”, dice.

Por esta razón, invita a apelar a la autoconfianza y en el caso de las relaciones sexuales, dejar los objetos externos de lado, reconociendo las debilidades propias y trabajarlas junto a la pareja en forma sana y en constante comunicación.

Punto Vital Abril 2008 ©

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