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Rutina, crisis o la mera curiosidad podrían llevar a una pareja a practicar un swinger
 
Compartir la pareja puede terminar mal
El intercambio de parejas – swinger – es una práctica que aunque antigua, se comenzó a popularizar en nuestro país de tal forma que hoy incluso existen bares especialmente dedicados a este tipo de experiencias, las que son ejercidas tanto por hombres como por mujeres, ambos en una situación de pareja estable, con hijos y de todas las edades.
 
Carla González C.
 

Todo dependerá de la pareja, sus inquietudes e incluso problemas por los que estén pasando. Y es que tomar la decisión de experimentar un swinger – intercambio de parejas – es algo que si bien no es popular, sí se está haciendo un cotidiano entre algunas personas, las que incluso asisten a lugares especiales para este tipo de actividades.

Según el portal web placertabu.cl, entre las actividades a las cuales pueden optar las parejas que practiquen swinger están “el observar a otros cómo se relacionan sexualmente; tener sexo con tu pareja mientras eres observado; besar, acariciar o tener sexo oral con una tercera o cuarta persona (llamado soft swing) y tener penetración sexual con algún otro además de tu pareja (llamado full swap)”.

De esta manera, quienes se sientan con ganas de experimentar algo nuevo junto a sus parejas o simplemente hacer realidad alguna fantasía, lo puede hacer hoy en distintos espacios dedicados a recibir a ‘los swinger’, los cuales pueden ser ubicados a través de Internet en algo así como una guía de avisos clasificados, donde cada pareja saca a relucir sus atributos en busca de quienes quieran compartir un agradable momento.

Para la psicóloga Carolina Hasbún Charad, las razones por las cuales una pareja pueda interesarse en hacer un swinger son muy diversas, pero admite que en general “cuando se llega a una rutina, al hastío o aburrimiento y no hay nada atractivo y motivador dentro de la relación sexual, se buscan estas otras opciones. Puede resultar como una especie de salvavidas de la relación”, manifiesta.

“Típicamente las actividades de intercambio ocurren cuando una pareja casada – hastiada de la rutina sexual – o de otra forma comprometida, se involucra con una pareja similar o un individuo soltero (…). El fenómeno (o al menos su discusión) puede ser visto como arte de una revolución sexual de las décadas recientes” (placertabu.cl).

Según la psicóloga, “esto tiene que ver con el desarrollo sexual que tenga la pareja” y explica que aquellos hombres y mujeres que tienen una relación con un mayor nivel de desarrollo en esta área “cuidan más su intimidad y por lo tanto no se van a exponer a hacer estos intercambios o experiencias que tengan que ver con este tipo de acciones”, declara.

Por otro lado sostiene que aquellas parejas que no tengan un desarrollo sexual tan avanzado, se quedan enredadas en una etapa en donde este tipo de prácticas les parecerán atractivas. Ideas como “mostrarse y probar para ver qué es lo que el otro sabe”, serán llamativas para ellos, afirma.

El que este desarrollo sexual no sea evolucionado no tiene precisamente que ver para Carolina Hasbún con una inmadurez en esta área. “La sexualidad tiene diferentes niveles de desarrollo y cuando uno se queda pegado en uno de esos niveles es donde pueden aparecer este tipo de manifestaciones sexuales”, explica y por lo tanto aclara que “no es ni malo ni bueno” y que por lo tanto no caben aquí los juicios de valor que podrían brotar a partir en este tema.

¿Qué puede surgir de un swinger?

Sin duda, sería válido preguntarse cómo es la personalidad (o si existe una “persona tipo”) de quienes deciden someterse a este tipo de experiencias sexuales, porque después de todo es difícil imaginar a alguien retraído o más bien poco atrevido llevando a cabo un intercambio de parejas en un bar.

Para Carolina Hasbún esto de la personalidad es relativo y dependerá del área y el contexto en el que se esté desarrollando el individuo, pues podría darse un caso de una persona tímida para hablar frente a público, pero que se comporte de manera extrovertida al incursionar en un swinger.

No obstante a lo anterior, asevera que si hablamos de rasgos en común, podríamos definir a estas personas como “exhibicionistas, voyeristas, más agresivas sexualmente, con algún grado de dificultad en la relación sexual con la pareja” o que trate de suplir algún problema con este tipo de acciones, entre otros.

 

“Más que madurez, hay que tener claro lo que se está haciendo. Si yo sé a lo que voy, estoy de acuerdo y quiero hacerlo, no deberían producirse sentimientos como los celos, la desconfianza, la ira o las agresiones”, dice Carolina Hasbún quien además pone énfasis en el concepto de lo “sano” que debe estar inserto en este tipo de experiencias, es decir, las acciones a realizar estarán bien en la medida en que no se provoque daño ni a la pareja, ni a uno mismo ni a los demás.

Por otro lado, el tema del swinger para la psicóloga puede iniciarse a partir de una fantasía sexual que nazca en pareja o a través de uno de sus miembros. “Si ambos están de acuerdo y se llegara al momento de decir oye, intercambiemos parejas para ver qué nos pasa, se corre el riesgo de gatillar conflictos, porque si yo valoro a mi pareja no me va a gustar verla teniendo relaciones con otro”, afirma.

Para ella “hay otras formas que son mucho más contribuidoras para la sexualidad y la vida en pareja que recurrir a hacer intercambio abiertamente como si el otro no te pudiera dar lo que alguien de un swinger te está dando”, sentencia.

A partir de esto, asegura que se produce una suerte de contradicción al momento de buscar en otra persona lo que se debiera obtener de la propia pareja. “¿Por qué además me atrae buscar en otro?, ¿qué pasa con la relación que estoy teniendo?”, pregunta la especialista al momento de encontrar alguna respuesta al por qué de estas manifestaciones.

A modo de síntesis, la psicóloga dice que “los seres humanos siempre necesitaremos de espacios donde cada uno pueda manifestar sus distintas instancias psíquicas, diferentes maneras de ver y entender las cosas. Es necesario que haya estos espacios, pero obviamente con respeto y sin agredir a nadie, incluyéndose a uno mismo”, concluye.
 

¿Sexo recreativo? No, gracias
Como en todo tema relacionado con la sexualidad – por lo menos en nuestro país – las opiniones son tan abiertas como conservadoras, lo que hace aún más entretenido conocer qué es lo que piensan (y también cómo se comportan) las personas frente a este tipo de experiencias.

Es así como mientras en un portal de Internet se afirma que “los swinger, tanto solteros como casados son aventureros, emocionalmente maduros y llevan una excelente relación con su pareja y amigos”, en otros sitios hay largas listas de parejas que se muestran muy interesadas en compartir esta experiencia, pero al momento de ser consultadas por el tema, aseguran que estas acciones no les llaman la atención.

Es el caso de Andrea y Fabián, matrimonio que publicó un anuncio donde comentan: “queremos experimentar sensaciones nuevas, explorando nuestra sexualidad con otras parejas similares a nosotros. Nos gusta ver y ser vistos…”. Al consultarles acerca de este aviso afirman que este tipo de prácticas “no nos llaman la atención. Nunca haríamos un swinger, eso es compartir la pareja y eso no va con nosotros”, anuncian.

Punto Vital Mayo 2009 ©

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