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La represión es quizás el gran obstáculo
 
Religión y sexualidad. ¿Hay relación?

Aunque parezca que entre religión y sexualidad no hay relación alguna, lo cierto es que nuestras creencias – y la manera en que las vivimos – pueden ejercer cierta influencia en cómo nos relacionamos sexualmente.

Carla González C.

En junio pasado, la prensa internacional informó acerca del caso de la monja estadounidense Margaret A. Farley, quien fue criticada por el Vaticano por expresar en su libro “Simplemente amor” (“Just Love. A framework for Christian sexual ethics”) su opinión con respecto a temas como la masturbación, la homosexualidad y el divorcio.

Según Radio Cooperativa, la congregación que examinó el texto “aseguró que el libro en cuestión contenía proposiciones erróneas cuya divulgación podía causar grave daño a los fieles”, conminando a la autora a “corregir las tesis inaceptables” contenidas en la publicación.

Pero, ¿cuáles eran aquellas tesis, que dicho sea de paso, fueron celebradas días después por un grupo de religiosas norteamericanas? Básicamente, Margaret Farley opina entre otras cosas que “la masturbación no implica ningún problema de carácter moral”, que los actos homosexuales “pueden ser justificados de acuerdo a la misma ética sexual” de los heterosexuales y que el divorcio es válido, cosa que para la iglesia católica iría en contradicción con su doctrina, la que fija al matrimonio como indisoluble.

Este hecho – ocurrido en 2012 – se suma a tantos otros que han sucedido a lo largo de la historia y que colocan a la religión católica y también a otros credos, casi en contraposición con lo que se entiende como “sexualidad saludable”, es decir, a experimentar de manera libre, responsable y consensuada el encuentro con el otro y también consigo mismo.

Lamentablemente, hay quienes viviendo intensamente la fe se ven afectados quizás de manera inconsciente en cuanto a su sexualidad se refiere, viviendo relaciones sexuales reprimidas, muchas veces con culpa y de manera muy limitada, algo que según los especialistas puede llegar a convertirse en una patología.

El tema no es nuevo e incluso existen estudios que intentan revelar cuán importante es la religión en la sexualidad de las personas. Uno de ellos fue realizado por la Universidad de Nottingham (Inglaterra), donde por dos años se le consultó a casi 700 jóvenes entre los 18 y los 25 años que cultivaban el budismo, cristianismo, hinduismo, islam, la religión india del sijismo y a algunos sin un credo definido acerca de cómo sus creencias afectaban (o no) en sus experiencias sexuales.

Los resultados arrojaron que si bien “la fe religiosa y la sexualidad asumen diferentes significados para los participantes”, la mayoría de los encuestados sigue “su propio camino” en lo sexual, intentando guiar su vida a través de ella, pero a su vez retroalimentándose de otras fuentes como la cultura, los amigos, los medios de comunicación, etcétera, pues “la mayoría cree que la religión no conoce suficiente sobre sexualidad”.

“Un tema que no es tema”

El Doctor en Psicología de la Meridian University (c) (California, USA), Vladimir Huber (www.vladhuber.cl) menciona que en el caso de países como Chile – a su juicio una nación cada vez menos católica, pero no por eso menos religiosa – éste “es un gran tema y por lo mismo no es tema”, esto pues “se ha hecho un tabú de la sexualidad justamente por lo que se interpreta del judeo-cristianismo, el que básicamente considera al cuerpo como dos cosas: algo sucio y pecaminoso y todo esto por culpa de la mujer”.

Acerca de esto, afirma que según los planteamientos de esta religión, fue la mujer – Eva – “quien le ofreció la manzana a Adán, lo engatusó y por eso perdimos el paraíso”. Entonces, agrega, “si analizamos esto desde una visión antropológica es un enfoque bien misógino, donde la mujer es la mala y por ende pierde todos los privilegios. Es una forma bastante rebuscada, pero a la vez efectiva que ha funcionado por dos mil años, para mantener el patriarcado”.
 
     
“Supuestamente y bajo ciertas consideraciones religiosas, el sexo no es para gozarlo porque eso es pecaminoso, sino que es exclusivamente para la reproducción. De allí vienen ideas como considerar la masturbación como un pecado”, menciona Vladimir Huber.

Lo bueno, comenta el psicólogo, es que con la nueva ley antidiscriminación de alguna u otra manera se está cambiando la cara a temas también relacionados con la religión, como la homosexualidad y la homofobia, esta última menciona el terapeuta, “estaría según algunos investigadores, relacionada con una homosexualidad reprimida. Es interesante porque a veces los más machos son los que más hablan en contra de la homosexualidad y como hemos visto, son quienes tienen una vida homosexual escondida. Algunos la practican y otras, la reprimen completamente”, asegura.

Tener ideas como las de llegar virgen al matrimonio y presentarse como un conservador en una relación sexual son para Vladimir Huber, sinónimos de represión, algo muy común en algunas religiones. “Todo lo que es represión, generalmente, va en contra de ciertas leyes naturales como el deseo sexual. Uno puede reprimir y sublimar, pero como resultado se puede entrar en patologías muy serias que incluso pueden tener consecuencias orgánicas negativas, comúnmente llamadas enfermedades”.

En esta misma línea, asegura que “la represión es eficiente al comienzo y puede dar buenos resultados, pero es muy peligrosa y eso en Chile se relaciona mucho con la metáfora del uso de la corbata, o sea, con este señor sólo se hablará del cuello para arriba, no va a haber nada relacionado con las emociones o sentimientos (las que se anidan en el cuerpo). Todo será racional, o sea algo limpio, inmaculado”.

Con respecto a lo anterior, afirma que “como los chilenos somos reprimidos – muchos necesitan alcoholizarse para expresar sus emociones – y, por así decirlo, siempre andamos bien peinados, caminando en fila y bien ordenaditos como soldaditos de plomo, eso repercute sin duda en nuestra forma de ser, y desde allí, en la sexualidad”.

Pese a esto, el psicólogo comenta que para las generaciones actuales es mucho menos problemático experimentar y vivir la sexualidad de manera libre. “Para los jóvenes ya no es tan complicado estar con un sexo o el otro. No tienen esa culpabilidad de los mayores  de estar transgrediendo las reglas de lo establecido. Ellos tienen sus vidas, son más abiertos y se castigan mucho menos que las generaciones anteriores”, afirma.

A diferencia de otras religiones, el hinduismo se basa en el tantra y éste “usa la sexualidad como un desarrollo espiritual. Para ellos el cuerpo es divino (ni sucio ni pecaminoso) y el sexo, una verdadera ceremonia espiritual que promueve el tránsito de la energía kundalini”, cuenta Vladimir Huber.
 
“La religión ha perdido importancia”

La psicóloga y directora del centro psicológico Psicología Global (www.psicologiaglobal.cl), Jessika Krohne, menciona que existe una clara relación entre religión y sexualidad, pero aclara que con el pasar de los años, los credos “han perdido la importancia dentro de una relación de pareja”.

En este contexto, cuenta que en caso de haber conflictos, estos se generan cuando sólo uno de los dos es creyente o bien, tiene una formación un poco más conservadora y estricta con respecto a la que tuvo el otro.

Para la terapeuta, el tema es aún más difícil para muchas mujeres creyentes, quienes según dice “entienden a la divinidad como alguien castigador y omnipotente”. Todo esto, agrega, irá muy a la par de la educación que se haya recibido. “Obviamente, si la crianza fue muy estricta (y esto lo vemos más en generaciones anteriores), más problemática será la relación con la sexualidad”, asegura.
 

Toda esta relación para muchos poco sana, genera en palabras de Jessika, evidentes problemas sexuales, tanto en la pareja como en la vida personal de cada individuo. En el caso de las parejas dice que es claro que “la sexualidad no fluye bien, ambas partes no congenian y por lo tanto evitan estos encuentros, lo que produce una clara disminución en la frecuencia sexual”.

Para la especialista, hay que poner énfasis en que una sexualidad sana es la que deja afuera la represión, la vergüenza y la culpa. ¿Cómo lograrlo?, “teniendo una muy buena comunicación con la pareja e inculcar a los niños desde pequeños que lo sexual es algo natural. Sólo así podremos tener luego a adultos que sean capaces de enfrentarse de buena manera a su propia sexualidad”, asegura.
 
Punto Vital Julio 2012 ©
 
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