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Según especialistas la frecuencia sexual es más alta en la etapa del enamoramiento
 
¿Mientras más sexo, más feliz?
¿Cuántos encuentros amatorios tiene usted con su pareja? ¿Todos los días?, ¿dos o tres veces a la semana?, ¿una vez al mes? Cual sea su respuesta, la frecuencia en que dos personas se relacionan sexualmente no implica la felicidad que se tenga en la convivencia diaria. Todo depende de los individuos, sus intereses y la relación que sostengan con el otro.
 
Carla González C.
 

“Mientras más, mejor” suelen decir algunas personas cuando se les pregunta por la importancia que tienen las relaciones sexuales dentro de una convivencia de pareja. Y es que encontrarse íntimamente con el otro pareciera ser un acto humano necesario que muchas veces se ve empañado por factores como la rutina, el estrés y la monotonía.

Se piensa que el amor y la genitalización deben ir siempre de la mano y que por lo tanto, la interacción entre dos personas siempre debe terminar en la penetración para finalizar – tal como si fuera una lógica aristotélica – en el coito.

¿Será un signo de felicidad en una convivencia el hecho de tener relaciones sexuales en forma continua? Para responder esta pregunta, la psicóloga y especialista en sexualidad de pareja - Mirentxu Busto - menciona que primero habría que saber qué entendemos por felicidad en una pareja.

A pesar de lo anterior sentencia que “si una pareja que tiene frecuentes o infrecuentes relaciones sexuales, lo pasan bien y están relajados, eso obviamente se relacionará a estar feliz o por lo menos al disfrute”, pero lamentablemente en occidente vivimos algo así como una ‘cultura del enamoramiento’, proceso que no sería perdurable en la vida y que por esa razón no todos pueden decir que gozan de esta felicidad sexual durante toda la etapa que vive junto al otro.
 
En cuanto a la cultura del enamoramiento, la psicóloga afirma que se da sobre todo en las mujeres. “Hay una diferencia de género”, menciona y agrega que aún cuando la actualidad haga de las féminas personas más independientes y aguerridas, “todavía nos educan con la idea de que no tenemos una sexualidad propia, nuestra, sino que alguna vez llegará el príncipe azul que nos va a despertar aquel goce”.

La psicóloga afirma que estudios revelan que en la mujer existe una suerte de arrebato de la sexualidad por parte de la cultura para después colocarla en el hombre. “Conocemos muy poco nuestra sexualidad”, manifiesta la especialista.

Durante el enamoramiento – periodo maravilloso en palabras de Mirentxu – la mujer encaja perfectamente, de hecho, mucho mejor que el hombre. “La mujer es sexuada cuando está enamorada, lo que no es lo mismo que vivir un amor de larga data. En el enamoramiento nos tocan un dedo y todo es como en las películas”, comenta y por eso podría asociarse esta etapa a la mayor cantidad de encuentros sexuales que se sostienen.

En esta misma línea, la especialista en sexualidad afirma que el enamoramiento “es un estado maniaco donde realmente el humor está muy exaltado y por ahí podríamos verle algún defecto”, ya que a las mujeres – sentencia – nos relacionan directamente con esto, a pesar de que ambos géneros (independiente de la edad) calzan perfectamente.

“No se trata entonces de la sexualidad a los sentidos reales y al cuerpo, sino que directamente al enamoramiento y por esa razón se menciona que al contrario de los hombres, donde se les inculca desde niños el concepto de la sexualidad genitalizada, las damas tienen  - según lo que se dice - “una sexualidad más integrada porque agregamos al amor y los sentimientos”.

“En este periodo – prosigue Mirentxu Busto – uno ve los defectos, pero no los siente, entonces cuando pasa el tiempo baja la curva del enamoramiento y las mujeres que en su mayoría no conocen su cuerpo, ya no sienten como antes a este príncipe azul”.

Así sentencia que la frase que se repetirá será la del “como ya no siento como antes, ya no lo quiero como antes”, una aberración según la psicóloga quien continúa mencionando que “amar y tener sexo no tienen nada que ver, o sea, qué rico que se den juntos, pero se aprenden por canales distintos”.

La frecuencia sí importa

Mirentxu Busto cuenta que no hay ningún estudio que dicte parámetros con respecto a la frecuencia ideal para las relaciones sexuales en una pareja. De esta manera, expone que quienes sostienen encuentros íntimos todos los días, tanto como aquellos que sólo hacen el amor una vez al mes pueden estar en lo correcto. “Si ambas personas están bien y en común acuerdo, no hay por qué intervenir, porque la idea es que tengan la sexualidad que más o menos deje a los dos satisfechos”, señala.

Para la especialista en sexualidad, la respuesta a la pregunta ¿mientras más, mejor?, es “de todas maneras” y argumenta su aseveración diciendo que si miramos el sexo en el amplio sentido de la palabra, es decir, donde no sólo se manifiesta la penetración y el coito sino que también las caricias, las miradas, la sensualidad, entre otros, es mucho más satisfactorio.

 

Para Mirentxu Busto, el distanciamiento en la frecuencia de las relaciones sexuales con el paso de los años de alguna forma es real. “Cuando se es más joven corres más, tienes más energía, sales en la noche y el sexo también es más fuerte. En la pareja mayor en tanto, hay mayores dificultades de lograr la erección y lubricación, es más lento, pero no por eso no existe”, aclara.

“La sensualidad produce endorfinas, es como la gimnasia”, manifiesta y añade que además relaja y muestra la presencia de un cuerpo vivo, por lo que uno podría perfectamente señalar que “mientras más, mejor”. No obstante, indica que “lo anterior no necesariamente se lleva a la práctica porque si estás angustiado, estresado o tiendes a tener una sexualidad muy automatizada y muy genital, igual quedará pendiente el deseo”.

Asimismo, la especialista sentencia que el sexo – entre otras cosas – “es sano, alivia, se disfruta, etcétera. Es una amplia gama que tiene que ver con la estimulación de los cinco sentidos” y por lo tanto el hecho de que en ocasiones se siga considerando como algo

automático, que se “debe hacer” y donde al juego previo le siguen la penetración y el coito para finalizar ambos a la vez, es algo equivocado en nuestra cultura.

La psicóloga dice tajante que esto último “es una aberración de pies a cabeza” y complementa exponiendo que las necesidades fisiológicas de hombres y mujeres son muy diferentes, por lo tanto lo más sano según sus palabras es “el orgasmo variado, además es sólo una parte de la sexualidad y no todo”, define.

Para Mirentxu Busto el problema en la pérdida de la frecuencia en las relaciones íntimas es la idea que se tiene culturalmente de que “lo único que debe ser espontáneo es la sexualidad, pero resulta que es como todo en la vida” y por ende con el paso del tiempo, los individuos deben trabajar y esforzarse más por conseguir sus objetivos.

El cansancio es mayor

Uno de los problemas más frecuente en una pareja y que por ende incide en sus relaciones afectivas y sexuales es el estrés. Así, la excusa que hablaba del ‘no quiero, me duele la cabeza’, puede que sea cierta y tanto hombres como mujeres lo único que esperan actualmente al momento de regresar al hogar no es estar junto a los suyos, sino poder colocar la cabeza en la almohada y dormir.

La psicóloga sentencia que últimamente se ha vuelto frecuente la consulta de hombres quienes se manifiestan preocupados ante la disminución del deseo sexual. “Hay una baja fuerte del deseo sexual masculino y la gran mayoría de las veces tiene que ver con las exigencias que nos impone la sociedad”, explica.

 

Para Mirentxu Busto la familia chilena “es lo más desexualizada del planeta”. Para explicarlo menciona que “con la llegada de los hijos, se acabaron los besos apasionados, los agarrones, los sonidos; como si eso les fuera a hacer mal a los niños. Así, nos entrenamos para una sexualidad fuera del hogar, como si éste fuera una especie de templo”, manifiesta.

“La sexualidad es algo que se comparte con el otro, es algo natural. Lo malo es que nuestra cultura ha hecho de ella algo equivocado, que tiene que ser siempre perfecto y en un orden determinado”, admite.

En ese sentido, si pensamos en que hacer el amor tiene que ser un acto que resulte espontáneo, tal como ocurría en la etapa del enamoramiento, por supuesto que otras obligaciones para las cuales sí se tiene tiempo como el trabajo, las labores de la casa y el cuidado de los hijos, la desplazarán a otro plano del cual finalmente se puede prescindir.

En síntesis, la especialista en sexualidad reconoce que saber cuál es la frecuencia indicada para sostener relaciones de pareja, es muy difícil y que en el fondo dependerá de las personas y de sus intereses. El problema está cuando cada integrante tiene diferentes necesidades, porque como la acción se lleva a cabo entre dos, empiezan los problemas con la periodicidad de los encuentros.

Punto Vital Febrero 2009 ©

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