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Prevenir el cáncer de cuello del útero es su mayor tarea
 

La advertencia del Papanicolau

Si Claudia no se hubiese practicado el examen de Papanicolau tal como lo hace cada año, no se habría enterado de la presencia del Virus Papiloma Humano en su cuerpo. La detección precoz impidió que todo acabara en un caso más de cáncer de cuello del útero, el mismo que mató en 2002 a 632 mujeres en Chile.
 
Carla González C.
 

Claudia es una joven que acaba de cumplir treinta años. Es profesional, no tiene hijos y viene saliendo de una relación amorosa que duró ocho meses, quizás una de las más breves que ha tenido en su vida y con alguien que al parecer, apenas conocía.

Como todos los años, la joven llamó al centro médico donde la atiende su ginecólogo y dejó registrados sus datos para realizarse el examen que desde el colegio le vienen mencionando y que luego su madre se encargó de recordarle constantemente. “Acuérdate que después de tu primera vez debes hacerlo todos los años”, le decía.

Llegado el día, Claudia acudió puntual a la cita con el médico y sólo le bastaron algunos minutos para quedar desocupada y a la espera de los resultados, los que lamentablemente no fueron los que ella esperaba. “El estudio arrojó algo anormal, por lo que debemos indagar un poco más para saber qué es lo que pasa”, mencionó el especialista.

El examen al que se sometió esta joven se llama Papanicolau (PAP) y básicamente se trata de una “técnica de visualización de las células del cuello del útero”, esto según menciona la matrona y coordinadora de estudios clínicos del Instituto Chileno de Medicina Reproductiva (ICMER), Verónica Reyes Vidal.

La profesional cuenta que este estudio tiene como objetivo pesquisar alteraciones celulares – que puedan conducir al cáncer en el cuello del útero - y otras anomalías como infecciones, irritaciones o inflamaciones que puedan intervenir en el buen estado de salud de la mujer.

En cuanto al proceso propiamente tal, Verónica cuenta que en el cuello del útero de toda mujer “hay dos tipos de células, unas ubicadas en la superficie del cuello y otras que están en el endocérvix, especie de tubo que conduce al útero”, ambas zonas desde donde deben tomarse muestras.

La matrona del ICMER afirma que “el 95% de los cánceres ocurren por alteración viral (Virus Papiloma Humano) de las células del cuello del útero. El 5% restante, es de origen poco claro, pero donde igualmente existe mutación en las células”.

¡Fuera mitos!

“Sabes que me dan mucho miedo esos exámenes, ni siquiera imagino el dolor que se siente según me han contado. Además, no tengo tiempo para estar todo el día sobre una camilla”, le comentó su mejor amiga a Claudia, mientras ella intentaba convencerla de lo contrario. “No duele y además es súper breve, no te demorarás nada en hacerlo”, insistía.

Estas aseveraciones y muchas más sirven de excusa para una gran mayoría de mujeres quienes huyen de este tipo de estudios. Ello ha contribuido al nacimiento de mitos que sólo alejan a las pacientes de los centros médicos y más aún de la posibilidad de prevenir que su organismo enferme de cáncer.

“Hay que tratar de derribar estos mitos, porque siempre nos dicen que el parto duele muchísimo, que este examen y este otro duelen, que los métodos de anticoncepción duelen. Al final, no se debe creer todo lo que se dice; deben experimentar por sí mismas lo que significa”, manifiesta.

Asimismo, la matrona comenta que a pesar de que hoy hay mucho más información y que efectivamente son más las mujeres que se someten regularmente al PAP, aún existen ideas preconcebidas con respecto al examen. “Se trata de una técnica barata, donde es fácil detectar las alteraciones celulares del cuello del útero. Además es muy poco invasiva”, asegura.

En esta misma línea, dice que “el Papanicolau es un examen que debiera ser una rutina en todas las mujeres a partir de los tres años después de que se expuso por primera vez a una relación sexual y también en aquellas adultas que no han tenido nunca relaciones. No olvidemos que un 5% de los PAP resultan alterados por otras causas”, advierte.

Por otro lado y con respecto a la periodicidad con que se debiera repetir, la matrona afirma que a pesar de que lo ideal es que se haga cada año, la frecuencia mínima es cada tres y que en cuanto a indicaciones antes del PAP, dice que sólo se pide a las mujeres “no hacerse lavados vaginales ni tener relaciones sexuales durante los dos días previos al examen”.

El procedimiento

Otro de los aspectos a saber para poder tener así una opinión lo más objetiva posible con respecto al PAP, está relacionado con la manera de proceder durante el examen. ¿Qué es lo que se le “hace” a la mujer durante el estudio?, sin duda es una interrogante esencial para muchas.

Para explicarlo, la profesional del ICMER cuenta que hay pacientes que piensan que “les van a sacar un trocito”, tal como en una biopsia, pero no es así, pues de lo que se trata es de visualizar el cuello del útero a través de un espéculo (el que expande la vagina para una mejor visión), para luego arrastrar dos paletas diferentes por los bordes e introducir un cepillo muy suave y pequeño por el cuello para tomar algunas células como muestra, las que luego se colocan sobre una placa que será analizada en el laboratorio.

En Chile, el cáncer del cuello del útero es la cuarta causa de muerte por cáncer en las mujeres chilenas. El de mama ocupa el tercer lugar.

 

¿Y qué pasa cuando – como en el caso de Claudia – el examen sale alterado? Verónica cuenta que existe una clasificación llamada Bethesda, que posee grados en los cuales se deja claro el tratamiento a utilizar, dependiendo de lo que indique el PAP. Aquí se ve si se debe repetir la toma de muestras o si se debe indagar más en profundidad.

Para la matrona, aún cuando en estos días existe mucho más interés por parte de las mujeres jóvenes en practicarse este examen en forma regular, siente que todavía hace falta – sobre todo en personas de bajos recursos – más información y campañas que creen conciencia con respecto a la importancia en la prevención de este cáncer.

 

Al respecto menciona que la detección prematura también será importante en la fuerza que tome el tratamiento, pues “mientras más precoz sea la lesión que tiene en el cuello, el tratamiento será menos invasivo”, asegura. Esto entonces puede ir desde la extirpación de un área muy pequeña, hasta la extracción de todo el útero.

Esto es justamente lo que le ocurrió a la joven protagonista de esta nota. Lo favorable para ella es que haberse realizado el Papanicolau a tiempo le permitió someterse a una pequeña intervención quirúrgica, en la que pudieron extirpar sólo la zona que se había visto infectada con el Virus Papiloma Humano. Eso sin duda, le permitió sentirse aliviada y al mismo tiempo más alerta de sus siguientes relaciones amorosas.

Punto Vital Mayo 2010 ©

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