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Pensar en la soledad y en la dependencia como algo negativo lleva a algunos a no poder vivir sin estar con una pareja.
 
Un constante (auto) engaño
De todas las personas que hoy se encuentran en pareja, muchos seguramente lo están solamente para no convivir con ellos mismos y la soledad. De esta manera pueden pasar de una relación a otra, muchas veces anulándose para no generar problemas y por ende, quedarse sin compañero.
 
Carla González C.
 

Muchas relaciones de pareja no se viven en plenitud, simplemente porque uno de sus integrantes no ama a su compañero, sino más bien está con él o ella por miedo a no estar solo.

Así, estas personas son capaces de amoldarse a las situaciones, a anularse y a hacerse a un lado frente a las dificultades, esto para no crear problemas y así no cortar el lazo con el otro a quien finalmente no se le está entregando sentimientos acordes a una relación de pareja.

Y como para todo tipo de cosas y también de conductas hay una calificación, se dice que estas personas podrían padecer de anuptofobia o miedo a la soltería, padecimiento que al parecer afecta a cada vez más personas, esto a pesar de que hoy son muchos quienes optan por no casarse o formalizar de alguna manera sus relaciones de pareja.

El psicólogo de Psiquesalud (www.psiquesalud.cl), Luis Díaz Cosmelli, comentó para el portal Sólo Mujer que algunos de los síntomas de la anuptofobia – o miedo a la soltería – son “temor, ansiedad, angustia a quedarse solo (a) o sin pareja estable, dificultad para establecer relaciones de intimidad con el sexo opuesto, inhibición, temor a enfrentar al otro por miedo al ridículo y baja autoestima”.

Al respecto, la psicóloga humanista, terapeuta de pareja y de algunas terapias complementarias, Paulina Reischel Silva, menciona que a pesar de que siempre va a haber un grado de necesidad y dependencia emocional, “el tema es que las personas tienden a no creer en las dualidades, siendo que éstas siempre están presentes, es decir, yo puedo ser muy independiente y dependiente a la vez”, indica.

Es entonces el tema de la dualidad el que para la especialista tiene real validez no sólo en el tema del miedo a no estar en pareja, sino a cualquier ámbito que rodea al ser humano. Para ella, lo dual nos lleva al equilibrio y por lo tanto no a los extremos o polaridades. Según sus palabras, “cargarse” hacia cualquiera de ellos y no comprender que ambos son parte del ser humano, es el verdadero problema.

En este mismo contexto, Paulina Reischel menciona que “el problema de estas personas es que no ven la otra cara de la moneda”, convenciéndose de la necesidad de tener a otro a su lado. Esto, dice “viene desde la infancia, el entorno familiar y la cultura”, factores que están estrechamente relacionados con la construcción del “yo” y por lo tanto también con el desarrollo del individuo.

Estos patrones serán entonces primordiales, pues tal como añade “si la persona se crió en un ambiente en donde el patrón familiar era de dependencia hacia uno u otro género, será un patrón natural y normal para ese individuo y por lo tanto no lo verá como un problema, aún cuando otro se lo plantee así”, afirma.

Entonces, dice que “para esa persona no será un problema depender o que hagan y deshagan con ella porque simplemente no lo ve así”. Por lo tanto, prosigue, “al momento de intervenir profesionalmente siempre se debe saber cuáles son sus patrones para luego hacerle entender que estas dualidades existen y que no porque haya estado parado en uno de los polos, no exista el otro”.

Un problema occidental

Para la terapeuta de parejas, el tema de la dependencia y en el fondo de entender la soledad como algo negativo es una conducta netamente occidental. Según sus palabras, “la cultura de occidente nos ha enseñado que las dualidades no existen simultáneamente. Aquí es una cosa o la otra; eres independiente o dependiente y por lo tanto siempre estamos en falta”, sostiene.

En ese sentido, Paulina Reischel ejemplifica diciendo que “si una persona dice estar enamorada, pero ese sentimiento no tiene que ver con depender o necesitar, se está auto engañando, porque de cierta forma siempre va a tener un grado de necesidad y de dependencia. El tema es no anularse”, asegura.

 
 
“Si reconozco que dependo de otro, pero también que dependo de mí, no me será problema ese grado de dependencia porque sigo haciendo mi vida y no lo veré como un problema. La necesidad y la dependencia no son un problema; si lo serán cuando los llevamos al extremo”, afirma Paulina Reischel.

La idea entonces, dice, es saber si la conducta de estas personas que no pueden vivir solas es un problema o algo que se “problematiza”. En ese sentido, menciona que también es necesario saber “cuánto se están anulando” esas personas por estar con otras, principalmente teniendo en cuenta aquello de entregarse por entero al otro, lo que claramente puede incidir en estos casos.

Para la psicóloga ahí también hay un error, pues “entregarse por entero, en estricto rigor, es primero entregarte por entero a ti mismo para poder luego entregarte al otro. Todo es circular y de hecho aquellas mujeres que se dicen independientes y que no les interesa tener hijos, están manifestando síntomas de una carencia. No me cabe duda que en unos años más volveremos a un nuevo concepto de familia”, asegura.          

En palabras de la especialista, pensar en la soledad como algo negativo, haber perdido la confianza en uno mismo y en los demás y pensar que necesitar a otro es un problema es sinónimo de que tenemos los conceptos trastocados. “Cuando los simplificamos, nos damos cuenta de que si no estamos en ninguno de los dos extremos y estamos más en el centro, no debiese por qué ser todo esto un problema”, manifiesta.

No sabemos estar solos

Para Paulina Reischel, el hecho de no saber convivir con uno mismo tiene relación con el concepto de la impermanencia, que a su vez tiene que ver con que “todo está siempre en un continuo flujo de movimiento, aunque tendamos a pensar que todo sigue igual y que por eso no mantenemos en algo permanente.

Entonces, continúa, “cuando entendemos que seguimos fluyendo, nos comenzamos a simplificar, pero como no lo entendemos – y las cosas siguen su curso – la necesidad que tenemos dentro cuando se está anulado comenzará a exteriorizarse igual, entonces por eso esa persona siempre estará angustiada y carente de algo”, sentencia.

 
 
“Tendemos a amoldarnos para evitar problemas y ahí nos vamos quedando en la permanencia que nosotros mismos nos inventamos que existe, pero como realmente no existe, obviamente nos comienza a provocar ruido”, comenta la especialista.

“Mientras la persona no acepte que le cuesta estar solo, va a repetir el mismo patrón con cualquier pareja que tenga”, advierte Paulina quien además menciona que “tendemos a engañarnos constantemente. El problema es uno – no el resto - y la parte que más cuesta es darse cuenta que uno es el responsable de escribir su propia historia” y por lo tanto para generar el cambio, una de las cosas más importantes es tomar conciencia.

Por otro lado, dice que en general tenemos un mal concepto de la soledad y por ende, estar solo sería sinónimo directo de ser “un amargado, entonces le damos una connotación negativa y problematizamos algo que realmente no es un problema y cuando nos damos cuenta de eso, es cuando comenzamos a compartir con el otro”, dice.

“La gente piensa que pierde libertad al juntarse con el otro y es al contrario, uno con ello gana más libertad. ¿Por qué no nos gusta estar con nosotros mismos? Porque ahí surge lo que tiene que surgir y ahí muchas veces hay cosas que no nos gustan y por eso nos llenamos de los otros, para no vernos a nosotros mismos”, asegura.

Punto Vital Noviembre 2009 ©
 
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