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Especialistas aseguran que muy pocas mujeres conocen su cuerpo
 
Mujeres llamadas a explorar su sexualidad
Las mujeres han ido ganando terreno en un sinnúmero de áreas. Pese a eso, una gran cantidad de ellas todavía no es capaz de reconocer su cuerpo en el ámbito sexual y muchas incluso ni siquiera saben cuáles son sus zonas erógenas.
Carla González C.

Partes de una sociedad machista y en un país que todavía se considera a sí mismo como religioso (y castrador) y con una cultura muy pobre en lo que a educación sexual se refiere. Ese es el escenario en el que se mueven hoy las mujeres chilenas y pese a que los tiempos han avanzado, parece que la sexualidad sigue siendo una de las piedras de tope fundamentales para lograr la libertad personal.

Sin importar el nivel de educación, edad, profesión y condición socio económica, el desconocimiento del cuerpo en el plano sexual se da en todo tipo de mujeres, quienes no saben desde cómo es su vagina hasta qué es lo que les provoca placer. De mirar su cuerpo ni hablar y al parecer, el trabajo de descubrir y hacerlas sentir es exclusivamente de su compañero, el que tampoco parece ser muy avezado en estos temas.

Desconocer la propia sexualidad implica una serie de consecuencias, las que pueden derivar en disfunciones sexuales tales como la anorgasmia, problema que actualmente padecen muchas mujeres quienes no tienen relaciones sexuales placenteras y dicen no sentir absolutamente nada al momento de intimar con sus parejas.

“La ausencia de deseo es la disfunción sexual que más afecta a la mujeres de todo el mundo. En Chile se estima que más de un 50% de la población femenina entre 35 y 45 años sufre una disminución importante de su deseo sexual” (Punto Vital).

Para la psicóloga y terapeuta sexual de Cesch, Michelle Thomas Vial, si bien hay mujeres que han hecho un trabajo de exploración de su cuerpo, lamentablemente asegura que se trata “de las menos”, siendo el caso más común “la mujer que es ignorante de su cuerpo, sus  necesidades, de cómo satisfacerse y que siempre está esperando que otro se haga cargo de eso”.

Con respecto a esto último, la especialista dice que nos movemos en ese sentido en un sistema un tanto paternalista y en este caso en particular eso se refleja en que “si el otro es bueno (sexualmente hablando), debería saber exactamente lo que yo necesito”.

Todo esto obedece a un conjunto de factores entre los cuales Michelle está de acuerdo con que algunos de ellos son el machismo imperante en nuestra sociedad y lo difícil que aún es hablar de sexualidad, tema tabú en muchas familias.

Para ella, la sexualidad “se aprende en el hogar y no fuera de él y claro, esto se rige generalmente por las culturas en las cuales están insertas las personas, pero uno se da cuenta que las mujeres que sí han hecho un proceso de autoconocimiento han tenido otro nivel de crianza basada en el respeto por el cuerpo, donde se entrega conocimiento a medida que se va creciendo y donde los padres hablan libremente del tema y también de sus propios cuerpos de manera natural”.

Al pan, pan, y al vino, vino

Uno de los defectos que sin duda es reconocido por los especialistas es darle nombres diferentes a las partes del cuerpo – órganos reproductivos por ejemplo – de tal forma que suene al menos fonéticamente distinto; más “suave”, “tierno” e incluso “asexuado”.

“La vagina existe y se llama vagina y sirve para diferentes cosas y los pechos son un lugar femenino y hay que cuidarlos. No podemos no nombrarlos a los hijos y en la medida en que los padres los nombran, cuidan y entregan significado a las partes del cuerpo, los niños también se hacen cargo de eso”, asegura.

Según cuenta la psicóloga, la mayor parte de las mujeres al momento de ser consultadas por la relación con su intimidad dicen “que no es necesario tenerla y de hecho hay muchas pacientes anorgásmicas y ellas son las primeras que preguntan si realmente es necesario masturbarse para… o sea, sí, es condición para tener un orgasmo estimular el clítoris” explica.

 

Dentro de las cosas que Michelle Thomas asegura que son desconocidas por las mujeres están las zonas erógenas, las que recalca, “no son sólo los genitales”. En ese sentido comenta que un buen ejercicio para saber qué partes del cuerpo son más sensibles por ejemplo, a las caricias es “meterse en la tina y con el jabón recorrer el cuerpo sintiendo qué lugares son más placenteros que otros; para algunas será la espalda, para otras los muslos y para otras los pies”, indica.

¿Qué saben los hombres?

La terapeuta sexual de CESCH es enfática al señalar que los hombres en Chile tampoco son grandes conocedores de la sexualidad y por eso el hecho de que la mujer le deje todo el trabajo a él no es para nada una buena idea.

Con respecto a este tema, dice que “en general los chilenos no son tan buenos en la cama; buscan mucho más la autosatisfacción que buscar satisfacer a la pareja y las mujeres tienen eso de preguntarse por qué deben masturbarse si eso no es natural. Lo que no es natural es esperar que el otro lo haga y así tener un orgasmo a través del otro”, menciona.

Para la psicóloga el explorar el cuerpo trae como consecuencia que la mujer “sea capaz de tocarse, saber llegar al orgasmo y conocer cuál es el ritmo y la intensidad que necesita”, eso si, recalca que estos datos no son aplicables a todas las mujeres, ya que cada una tiene necesidades particulares.

r que un hombre sepa de cada una de ellas y esperar que las complazca a todas sería absurdo”, afirma.

Empoderamiento sexual femenino

A diferencia de las mujeres que nunca han explorado su cuerpo y que no saben qué es lo que les gusta durante una relación sexual, las que sí han hecho el ejercicio de autoconocimiento sin duda disfrutan mucho más del sexo y también de su vida cotidiana.
Así lo afirma Michelle Thomas quien asegura que todas ellas “se relacionan de manera diferente con su cuerpo y sexualidad y eso puede verse en el modo cómo caminan. Una mujer que se relaciona más con su cuerpo va libremente por la vida, menos tapada, tiene menos prejuicios acerca de su cuerpo, sea éste bonito o no, son más seguras, tienen un vaivén distinto al caminar y son mujeres empoderadas con su sexualidad”.

En esta misma línea menciona que “cuando una mujer es segura y eso está trabajado, se muestra fácilmente porque la sexualidad tienen que ver con la relación con los otros, entonces si soy capaz de conocerme y saber lo que quiero, eso se transmitirá en acciones diarias y en todo ámbito de cosas”.

 

Por último, advierte que si bien el empoderamiento femenino antes descrito ha permitido que la mujer se sitúe en el mundo desde otra perspectiva, en lo sexual esto también está trayendo consecuencias y entre las más evidentes están las disfunciones sexuales masculinas.

Es así como explica que “con el empoderamiento, las mujeres han ido adquiriendo más conciencia acerca de lo que quieren, pero también han perdido su lado empático y pasivo. Ahora, si el hombre no tiene ganas, ella puede que piense que ya no le sirve, ya que necesita a alguien que quiera tener relaciones con ella”, actitud que vuelve a generar un desequilibrio en las relaciones de pareja y que lleva a desencuentros y quiebres amorosos.

Punto Vital Mayo 2013 ©
 
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