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El matrimonio no tiene por qué ser sinónimo de una vida sexual pobre
 
Démonos tiempo para disfrutar
La idea de que el matrimonio echa a perder la vida sexual de las parejas resuena fuerte en quienes aún no se comprometen. Para quienes ya están casados, el tema parece ser real y muchos terminan con la alianza por “llevarse mal en la cama”. El tema cultural aquí es fuerte y la honestidad con uno mismo y con el otro, lo primordial.
 
Carla González C.
 

¿Cuán importante es la vida sexual en un matrimonio? La respuesta parece obvia, pero lo cierto es que a pesar de lo que muchos piensan, existe una gran cantidad de parejas que por múltiples factores, dejan de lado sus encuentros íntimos de tal forma que terminan por convertirse en amigos que comparten una cama.

Y es que ni el paso del tiempo o la mayor difusión con respecto a temas sexuales ha podido acabar con la falta de deseo que afecta a muchos matrimonios, quienes a causa del estrés, los hijos y cuánto problema haya – real o inventado –  terminan reaccionando negativamente frente a una crisis que es totalmente superable. El énfasis (como siempre) debe ponerse en la honestidad y la comunicación.

La idea según los expertos, es no dormirse en los laureles pensando en que como se está viviendo en matrimonio, no es necesario ningún esfuerzo por complacer y compartir con el otro. Tampoco se aconseja el silencio con respecto a nuestros deseos y necesidades.

El tema es por qué seguimos considerando a la sexualidad como un deber y no como una necesidad, algo que para hombres y mujeres debería a estas alturas ser algo natural y que quizás a causa de las convenciones sociales, los valores religiosos, el miedo y el silencio queda recluido en un segundo, tercer o cuarto lugar, algo así como el ítem “otros”, aquel que sólo se considera en ocasiones especiales.
 
Mantener una sexualidad activa, entretenida y satisfactoria no es difícil. Basta con que la pareja hable con sinceridad de sus deseos y necesidades. Cuando esto no sucede, la energía queda bloqueada y lo más probable es que busque una salida de cualquier manera, la mayoría de las veces a través de las peleas.

Para la psicóloga humanista y terapeuta de parejas, Paulina Reischel Silva, el por qué de este cambio, es decir, que durante el pololeo o noviazgo se goce de una vida sexual activa para después ser más bien pasivos durante el matrimonio, al parecer tiene que ver con la formalidad que significa el estar casado.

Lo anterior, lo explica diciendo que esta desavenencia no ocurre tanto si la pareja sólo convive y por eso quizás se instala la interrogante acerca de qué es lo que cambia la relación al momento de firmar en el registro civil o entrar a una iglesia. “Posiblemente por eso la gente le está teniendo tanto miedo y respeto a decir sí, acepto y formalizar. Éste finalmente es un tema netamente mental”, asegura.

Es por eso que menciona que como “firmar un papel no conlleva a nada”, todo esto se trataría de un tema cultural, que lamentablemente para algunos se vuelve tan fuerte que repercute de manera profunda en sus vidas, sobre todo – para la psicóloga – a la generación de personas cerca y en la generación de los 30 años, quienes llevan detrás padres y abuelos con firmes convicciones valóricas, la mayoría religiosas; “una generación súper castradora”, define Paulina.

Cuando se toma la decisión de casarse, dice, son muchos los que caen en la cuenta de que se trata de un paso serio que se da en la vida. Y como la seriedad no va de la mano con el disfrute, entonces comienzan los problemas.

“Como lo serio no va con el disfrute, pero igual se debe sostener esta empresa y mantenerla en el tiempo, ¿cómo lo hacen? Con toda esa discusión, muchos terminan tan estresados que no les quedan energías y no se dan cuenta de que para tenerlas, primero hay que botar la que está bloqueada y la mejor forma de hacerlo es a través de la sexualidad”, dice.
 
La mujer: gran responsable

A 2011, Chile sigue siendo reconocido como un país machista y retrógrado y eso, querámoslo o no, perjudica la forma en cómo se relacionan hombres y mujeres. Al respecto, la psicóloga dice que además “aquí hay un matriarcado muy fuerte y es aquel que ha provocado el machismo, lo que en el fondo habla de una crianza a través del sostener, cosa que no se relaciona con el disfrutar”.

Entonces, añade, “si una persona está dentro de una familia donde tiene que cumplir, se tiene que casar a tal edad, tener hijos, etcétera, va bloqueando cosas y por lo tanto evita disfrutar, porque eso sería conectarse con el presente – el aquí y el ahora – y con lo que se quiere. ¿Y cómo decirle a la familia es que yo no quiero?”.

 
Por eso es que quizás se habla de una mayor libertad cuando se convive (para algunos “ir a probar”) que cuando se toma la decisión de casarse (de allí imágenes que evocan a la pérdida de libertad), y tal como menciona Paulina, “es porque la persona se pone en un plano psíquico en el cual no hay mayores cambios. El problema se sitúa cuando decide casarse y aunque algunos digan que es lo mismo, no lo es, porque para la psiquis, la persona se programó”, explica.
 
Cuando una pareja se casa, la palabra responsabilidad pareciera ser uno de los grandes detonantes de una vida sexual decadente. Cuidar a los hijos, pagar las cuentas, trabajar y verse ante el mundo como un matrimonio serio son los objetivos principales. “(Tener una vida sexual plena) no hace que las parejas sean perversas ni irresponsables. Muchos toman a la sexualidad como un juego y al momento del matrimonio, hombres y mujeres ya no son niños y por lo tanto no están para esas cosas. ¿Y por qué no?”, manifiesta Paulina Reischel.

En este contexto, la terapeuta se atreve con la tesis que habla de que “el que la sexualidad no funcione en una pareja es casi gran responsabilidad de la mujer y ahí sufrimos todas porque nos estamos dando cuenta de que quién creó el machismo y prácticamente todas las limitancias con respecto a este tema fuimos nosotras mismas”.

Y mientras sucede todo eso en el mundo femenino, en el masculino, el acostumbramiento se apodera de los varones, quienes muchas veces por amor, se quedan al lado de esa mujer para no perderla, entonces según la especialista “empieza a bloquear su deseo sexual y por eso no busca, anda fome y como necesita botar la energía por algún lado, hay algunos que empiezan a salir más con los amigos o se exceden con la copa de vino, la infidelidad es tema, etcétera. Además, al hombre le dicen dos veces que no y no intenta mucho más”, sostiene.

Para Paulina, “la mujer cuando se casa, se anula y deja de ser mujer para pasar a ser esposa, madre y dueña de casa, roles que no tenía cuando estaba pololeando. Además, cuando se va a vivir con su pareja se toma todo muy a pecho y obviamente si llega otra persona que les mueva el piso, se les remueve todo y son infieles. Recordemos que el porcentaje de estos engaños en las mujeres es casi igual que en los hombres”, dice.

El miedo a la conexión

“Tenemos mucho miedo de que al conectarnos con el otro, nos perdamos”, señala la terapeuta quien afirma que todos estamos tan inmersos en el futuro o el pasado, que muy pocas veces podemos lograr una conexión real con lo que estamos viviendo en el presente. De allí que muchas parejas no logren un vínculo real en lo sexual, pues problemas en el trabajo, la casa o con los hijos se anteponen.

En ese momento, la psicóloga llama a relajarse y no a mostrarse por encima de la pareja. “Nadie es mejor o peor que el otro, cada uno tiene su rol dentro de la relación”, dice y agrega que “muy pocos saben que la sexualidad es una energía así como lo es la ira o la pena y hay que saber canalizarla. Además el cuerpo, biológicamente, siente lo quieras o no; es una necesidad”, menciona.
 
La comunicación y la honestidad son primordiales no sólo para solucionar una crisis, sino que también para prevenirla.

Para romper con esto en el caso de las parejas que lo están viviendo y al mismo tiempo para prevenir el problema, Paulina Reischel dice que lo primero que hombres y mujeres deben hacer es “dejar de preocuparse por el qué dirán y concentrarse en qué es lo que desean y qué es lo que los hace felices”.

Por otro lado menciona que tener una vida sexual activa y plena permite a las personas, entre otras cosas, regular el sistema inmunológico, aminorar el estrés, terminar con padecimientos como la depresión, mejorar la salud de la piel y el cabello, etcétera. “Además es el momento en que tú puedes ser uno con tu pareja y recordar por qué quisiste que esa persona estuviera en tu vida”, menciona.
 
Punto Vital Mayo 2011 ©
 
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