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Menos frecuente que la eyaculación precoz, pero más consultada cuando sucede
 
Una eyaculación que tarda
Acostumbrados a escuchar que la eyaculación precoz es una de las disfunciones sexuales masculinas más frecuentes, olvidamos que existen otras que también complican la vida de muchos hombres. Una de ellas es la eyaculación retardada, alteración que produce mucho estrés en las parejas.
 
Carla González C.
 

Hablar más de sexo, de lo que les ocurre a hombres y mujeres y manifestar preocupación por los cambios, disfunciones y conductas que tienen las personas a nivel sexual es muy importante para un buen entendimiento del tema y para tomar medidas en caso de algún problema en esa área.

Debido a esta mayor comunicación, hoy los hombres se atreven a consultar mucho más que en tiempos anteriores, años en que callaban su problema por vergüenza o por desconocimiento, siendo la mayor parte de las veces sus mujeres quienes los llevaban al médico para pedir ayuda.

Uno de estos problemas son las disfunciones sexuales, donde la eyaculación precoz es quizás la más frecuente, con un 30% de los varones que se presentan como pacientes de esta alteración.

La disfunción eréctil y la eyaculación precoz son las disfunciones sexuales más frecuentes en los hombres. Todas pueden tener causas orgánicas o psicológicas, además de ser potenciadas por ciertas enfermedades y el consumo de algunos fármacos.

Sin embargo, hay otra disfunción que aunque menos conocida, es también un problema que produce ansiedad, estrés y cansancio, tanto en los hombres como en sus compañeras. Se trata de la eyaculación retardada, una alteración que impide al varón eyacular en un tiempo normal (pese a que hay deseo y estimulación) cosa que perjudicará su desempeño sexual y el goce junto a su pareja.

Al respecto, el médico andrólogo doctor Marcelo Marconi Toro dice que para entender esta disfunción, primero hay que tener en cuenta qué es la eyaculación y para eso explica que se trata de “un reflejo que se diferencia de otros que pueden considerarse básicos” como estornudar o cerrar los ojos frente al contacto con algún objeto extraño.

En ese sentido, dice que la eyaculación “se trata de algo más elaborado, ya que no sólo conecta el tema de los genitales internos y externos con todo lo que significa la emisión de semen y su expulsión, sino que también está muy modulado por nuestro sistema nervioso central y eso evidentemente involucra al tema de las emociones, el estrés, los estados de ánimo, las hormonas, etcétera”.

Sabiendo lo anterior, el andrólogo menciona siempre ha habido problemas para establecer qué es una eyaculación “normal” en cuanto al tiempo en que debe manifestarse. No obstante, afirma que “todos estamos de acuerdo en que habitualmente el acto sexual - para el hombre – termina en la eyaculación que generalmente también coincide con el orgasmo (siendo que eyaculación y orgasmo son cosas diferentes)”. Teniendo esto claro, ¿cómo hace entonces aquel varón que “demora demasiado en terminar”?

 
El problema está después de los 30 minutos

Para establecer cuál sería el rango en que una eyaculación podría considerarse retardada, el doctor Marconi cuenta que se realizan estudios en donde literalmente se toma el tiempo desde que ocurre la penetración (acto que se considera como el parámetro de inicio).

Ese tiempo se indica con las siglas IELT, que en inglés se refieren a la Intravaginal Eyaculation Latency Time, o sea, “el tiempo de latencia intravaginal hasta que se produce la eyaculación”.

De esta manera, el especialista dice que se considerará a un hombre con una eyaculación retardada a aquel que tarde más de treinta minutos en lograr la expulsión de su semen. Para el médico es difícil objetivar los tiempos – y considerarlos normales o no – manejándose así el periodo de retraso entre la media hora y los 45 minutos.

El andrólogo dice que los tiempos en que puede producirse la eyaculación pueden variar dependiendo de cómo la pareja viva sus encuentros íntimos. Así para algunos puede resultar todo muy rápido y para otros algo más pausado. La idea es que ambos estén cómodos y disfruten de la relación.

A diferencia del eyaculador precoz, este paciente sí consulta. Se trata de alrededor de un 2 a 3% y al respecto el médico precisa que a diferencia de lo que pudiera pensarse, es decir que se trataría de un hombre con una excelente performance sexual, tarde o temprano este retardo le provocará problemas en su vida. “El tema puede llegar a tanto que se puede desarrollar una aneyaculación y la consulta será entonces por infertilidad”, advierte.

Según el andrólogo, existen algunas claves que le permiten al varón darse cuenta de que está padeciendo de episodios de eyaculación retardada a causa de algo que puede ser de tipo orgánico o psicológico. Para el profesional “la típica es cuando el paciente menciona que cuando tiene relaciones sexuales puede estar 30 ó 40 minutos y aún así no logra eyacular. Al lograrlo normalmente con la masturbación, sería indicio de una respuesta a una causa psicológica”, dice.

Por otro lado, dentro de las causas orgánicas – que provocarán que el hombre demore en eyacular con cualquier tipo de estimulación – el médico menciona que hay que comenzar a descartar, entre otras cosas, “el uso de medicamentos como los antidepresivos inhibidores de la recaptación de serotonina, el consumo de alcohol y drogas, grandes cirugías en la zona, enfermedades neurológicas, etcétera”.

Las causas psicológicas en tanto - más evidentes en los hombres jóvenes – tienen relación con algunos tipos de personalidad o con algún tipo de trastorno o trauma arrastrado desde la infancia.

Para el doctor Marconi, este paciente no es ansioso (como podría serlo el eyaculador precoz), sino una persona con algún grado de frustración que llega “entregado a una relación, casi por cumplir con su señora sabiendo que él casi no va a poder llegar al orgasmo”, sostiene.

“En terreno de nadie”

Como la eyaculación retardada es una disfunción que no se da en muchos casos, no se conoce un tratamiento específico que pueda ayudar a estos pacientes. De hecho el doctor Marconi sentencia que éste es “un terreno de nadie”, donde no hay medicamentos que se conozcan y que precipiten la eyaculación (aunque sí hay fármacos que la retrasan).

Por lo tanto, dice, “el manejo de estos pacientes – y si no se encuentra ninguna causa orgánica – la mayoría de las veces termina en terapias sexuales con un psicólogo que desarrolla distintas técnicas que apoyan el tratamiento para superar este tema”, manifiesta.

 

Punto Vital Agosto 2010 ©

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