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Algunas relaciones de pareja pueden viajar constantemente entre el amor y el odio
Cuando el amor se pone al servicio de la agresión
Compartir la vida con una persona a quien se ama tiene de dulce y agraz. No obstante, cuando los límites se traspasan y se cruza constantemente del amor a la agresión – y no se hace nada al respecto – puede causar un grave daño a la pareja y su entorno más cercano.
 
Carla González C.
 

Matías y Alejandra se conocieron gracias a unos amigos en común y luego de un par de citas, comenzaron un pololeo que no tardó mucho en convertirse en un feliz matrimonio. Ambos se amaban y aunque compartían juntos poco tiempo, el iniciar una vida como pareja les permitió conocerse aún más y poder pavimentar una relación sólida y segura.

Ella era una joven recién titulada de la carrera de enfermería y él – un par de años mayor - un ingeniero con estudios en el extranjero y con mucho futuro por delante. Ambos procuraban dejar los fines de semana para pasarlos juntos, salir a pasear o ir de visita donde sus amigos, personas que al verlos, podían dar fe de este intenso romance.

Con el paso del tiempo, la pareja pareció dejar de lado las adulaciones y lo perfecta que parecía ser su convivencia, para abrir paso a algunas descalificaciones que sólo podían ser presenciadas por las cuatro paredes que cobijaban al matrimonio.


Luego de un tiempo de casados, Matías sintió que su esposa ya no llenaba sus expectativas; Alejandra en cambio, seguía sintiendo amor por él, admirándolo además por sus triunfos profesionales.

Frente a las constantes descalificaciones que Matías le decía, Alejandra sólo atinaba a callar e intentar concentrarse en otras cosas. “Aún lo amo, pero al mismo tiempo me duele lo que me dice. No para de enrostrarme en la cara sus progresos académicos y antes no era así. Tengo miedo de odiarlo”, le comentó una vez a una amiga, quien le respondió, “es normal que las parejas peleen, ya pasará”.

Sin embargo, la soberbia del joven ingeniero y la baja autoestima de su esposa, parecían coludirse para que este matrimonio – que en un principio parecía ser perfecto – ahora se transformara en una relación donde sus integrantes se sentían frustrados, insatisfechos y claramente rechazados el uno por el otro.

¿Qué pasó con esta pareja? La psicóloga clínica del consultorio Cardenal Raúl Silva Henríquez de Peñalolén, Valentina Hernández Zamora dice que en primer lugar hay que tener en cuenta que todas las relaciones son ambivalentes, es decir, se mueven entre componentes positivos y negativos.

La idea, sentencia, es poder sostener un equilibrio donde ambos componentes se integren, dando énfasis en lo sano por sobre sentimientos como el odio o la ira. “En la mayoría de las relaciones es así, pero hay que saber que la ambivalencia siempre está presente”, añade.

En el caso de Matías y Alejandra era claro que la armonía se había roto, pues lo negativo estaba cobrando tal fuerza, que los sentimientos de amor y cariño quedaron ahora en segundo plano y sólo disponibles en contadas ocasiones.

¿Nunca te habías dado cuenta de que tu esposo era un poco altanero? Le preguntaron un día a la joven enfermera quien negó con la cabeza a esta interrogante. “Siempre lo vi como mi hombre ideal, aquel que no tenía ningún defecto”, decía con cierto dejo de melancolía.

Y claro, frente a esta actitud, la especialista dice que – aunque cueste – no hay que idealizar a la pareja, sino más bien “tener una imagen completa del otro, donde no sólo se vean sus características positivas, ni tampoco las negativas”, volviendo así a la idea del equilibrio ya antes comentada.

 
Para Valentina Hernández, las parejas que caen en este tipo de relaciones son personas que tienden a idealizar o devaluar al otro. “Todas las personas utilizamos estos mecanismos, pero la idea es que se haga en forma madura”, sostiene.

“Hay personas que en un principio tienden a idealizar exageradamente a su pareja. Para ellas, la segunda parte será la de la devaluación, también exagerada”, comenta la psicóloga, quien incluso hace un espacio para otra etapa, la identificación, proceso que se manifiesta en relaciones consideradas como normales.

“Uno empieza a ver los deseos, proyectos y características del otro y estos empiezan a tener un significado personal e incluso pasan a ser parte tuyo”, afirma y complementa diciendo que cuando se idealiza en forma exagerada, no se da paso a la identificación. “Se pasa de algo muy perfecto a otra cosa que contempla elementos como los defectos de la pareja. Como no hay proceso de identificación, lo negativo molesta aún más”, asegura.
 

¿Entonces por qué siguen juntos?

“Hay personas que en un principio tienden a idealizar exageradamente a su pareja. Para ellas, la segunda parte será la de la devaluación, también exagerada”, comenta la psicóloga, quien incluso hace un espacio para otra etapa, la identificación, proceso que se manifiesta en relaciones consideradas como normales.

“Uno empieza a ver los deseos, proyectos y características del otro y estos empiezan a tener un significado personal e incluso pasan a ser parte tuyo”, afirma y complementa diciendo que cuando se idealiza en forma exagerada, no se da paso a la identificación. “Se pasa de algo muy perfecto a otra cosa que contempla elementos como los defectos de la pareja. Como no hay proceso de identificación, lo negativo molesta aún más”, asegura.
 
 
En casos de parejas que recurren a la violencia física durante su relación – y específicamente a aquellas mujeres que aún siendo golpeadas siguen “enamoradas” de sus maridos (o viceversa), Valentina Hernández dice que “esa es una postura un tanto masoquista, donde predomina la sumisión por temor a perder a quien se ama”.

Como una explicación a este tipo de conducta, la psicóloga menciona que teóricamente existen las relaciones llamadas objetales, las que describe como “la interacción que uno tiene con un otro y que son determinadas por las primeras relaciones, las más tempranas que tiene el ser humano”. Por lo tanto, la forma de relacionarse con la familia, específicamente con los padres es fundamental.

“Son muy determinantes para formar la estructura interna de una persona y si un individuo tuvo relaciones muy frustrantes en un principio con quienes ama, por ejemplo, con padres poco preocupados o con una madre que no siempre estuvo disponible, luego tenderá a no integrar lo positivo con lo negativo y eso será porque es la única forma que tiene de relacionarse”, explica.

Otro aspecto a considerar a modo de buscar un por qué a las relaciones de amor y odio, tienen que ver con la personalidad de quienes conforman la pareja y así como uno de los individuos puede manifestarse dominante frente a las situaciones, el otro será más bien tímido, sometido y de baja autoestima.

 

Ambos son responsables

Aquí claramente no hay un solo culpable, pues a pesar de que Matías podría verse como el único que debiera tomar conciencia de su actitud – al dañar con sus palabras – Alejandra también tiene una cuota de responsabilidad, ya que con su silencio acepta todo lo que su marido dice y aún peor, sigue viviendo en la idealización de su persona.

Según la psicóloga, el hecho de jugar en el papel de víctima es de igual compromiso que la que tiene aquel que lastima, por lo tanto, ambas personas deben trabajar por reconstruir la relación que llevan en el presente, esto por supuesto si ambos están de acuerdo en hacerlo.

“La idea es no caer en idealizaciones excesivas y estar consciente de que el otro también tiene aspectos negativos y que no va a ser ese príncipe azul que uno está buscando”, afirma Hernández.

 
De igual modo, menciona que otro de los factores que debemos considerar es la autonomía de la relación, en donde ambas personas aunque tengan el deseo de compenetrarse, deben respetar la identidad del otro.
 
En las relaciones normales – menciona Valentina Hernández – “la agresividad se pone al servicio del amor, no así en circunstancias dañinas donde ocurre lo contrario, es decir, el amor se pone al servicio de la agresividad, pues ésta es la que prima”.

De esta manera, Matías y Alejandra deben tomar una decisión que les permita solucionar su problema. Para ellos existen algunas alternativas como la terapia de pareja, la que según la especialista es una muy buena manera de empezar un tratamiento, pues a través de sesiones guiadas por un especialista podrán conciliar los polos negativos y positivos de una relación.

¿Y si este joven matrimonio no hace nada por remediar la situación y pasan años de la misma forma? Al respecto la profesional es enfática al decir que efectivamente hay parejas que mantienen por un largo periodo la misma dinámica. “Se puede sostener en el tiempo, pero el costo es alto”, advierte.
 

Punto Vital Junio 2009 ©

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