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Conversar de nuestros dolores y aprender a escuchar (se) son pautas para sentirnos en armonía
 
Para conversar desde el amor
Nos cuesta escucharnos y escuchar al resto. Mantenemos guardados nuestros dolores y por miedo no nos expresamos y por lo tanto no nos liberamos. Si lo natural es sentirse bien, ¿por qué entonces nos sumimos en sentimientos como la tristeza, la rabia, la agresividad y la violencia? y peor aún, ¿por qué nos cuesta tanto salir de ellos?
 
Carla González C.
 

Las relaciones interpersonales se desarrollan en torno al diálogo, siendo éste el modo que tenemos de ser humanos y es por eso que se hace necesario tener en cuenta – más bien tomar conciencia – que vivimos inmersos en redes de conversación, las que en nuestra cultura se manifiestan cerradas, pues a través de ellas “se conserva, realiza y genera un modo de vida”.

De este modo, dentro de las redes cerradas no hay espacios, por ejemplo, para la expresión y es por eso que constantemente estamos en búsqueda del bienestar y de la liberación de ciertas emociones que muchas veces coartan nuestra autonomía.

La orientadora en relaciones humanas y familia y cofundadora junto a Humberto Maturana del Instituto Matríztico, Ximena Dávila Yáñez, afirma en relación a las redes cerradas de conversaciones que éstas “están centradas en la conservación de la unidad psíquica y corporal de la competencia, el control, la dominación, la búsqueda del éxito, etcétera”.

En esta misma línea, la especialista destaca que los niños que se han visto formados dentro de este tipo de cultura (que por cierto nos atañe a todos en la actualidad) viven “en el desamor”, pues al no tener espacios de expresión dentro de sus familias, existirá en ellos un dejo de ausencia, de “no ser vistos” y por lo tanto con el pasar de los años, se convertirán en adolescentes que irán en búsqueda de ese bienestar en otros espacios que sí les brinden esa sensación de presencia.

 
Para la cofundadora del Instituto Matríztico, la búsqueda constante en los seres vivos y en particular del ser humano es la del bienestar, de sentirse bien y es por eso que los estados de tristeza, dolor o rabia deben ser dejados de lado lo más rápido posible para poder lograr esa tan anhelada armonía.
 
El conversar liberador
 

A través del Instituto Matríztico, Ximena Dávila instauró el año 2000 un concepto llamado “conversar liberador” (antes llamado conversaciones matrízticas), cuyo tema en palabras de su creadora es “estar en entendimiento de los fundamentos biológicos y culturales del ser humano” y donde su apreciación se realiza a través del inconsciente y no frente a nuestros ojos.

Para que este conversar tenga presencia y sea contenedor existen algunas condiciones que si bien no son impuestas como si de reglas se tratara, sí es necesario que sean aprehendidas para poder lograr un entendimiento y por supuesto, un resultado beneficioso.

Al respecto, Ximena menciona que para que se dé un buen conversar, al individuo que se someta a esta acción tienen que importarle todas las personas, sin prejuicios ni discriminaciones y además, el espacio donde se realice debe ser de completa confianza, “de poder decirlo todo y de sentirse libre” y a pesar de no tener una metodología, define que “existe un trasfondo de entendimiento que pertenece a la biología cultural”.

     
Estamos acostumbrados a vivir en el dolor y es por eso que nos cegamos a otras posibilidades de vida. “Todo está en nosotros si uno tiene ganas”, asegura Ximena Dávila y añade que para encontrar respuestas “o me quedo pegado en mi historia o sigo mi camino desde el presente y mi autonomía reflexiva y de acción” y es por eso que cabe preguntarse, “¿qué quiero yo para mí?”
 

De esta manera, el trasfondo ya mencionado viene de la mano de una pregunta que sin duda puede ayudar a saber cómo está la persona, qué es lo que le sucede y de esa forma poder invitarla a conversar y escuchar. Así la pregunta es “¿dónde le duele la vida?” y según la orientadora, las respuestas con las que más se encuentra no son “ninguna sorpresa”, pues “la mayoría de los dolores del alma son los que provienen del no sentirse vistos y de sentirse que han vivido en el desamor”, comenta.

Una de las cosas importantes que resalta Ximena Dávila es que quien hace este conversar liberador, es decir quien de alguna u otra manera inicia la acción, “debe entender que no ayuda a nadie y por eso esto no es una terapia”, explica. Al respecto agrega que “no hay una intención de ayudar porque desde los planteamientos de la biología cultural, sabemos que lo que hacemos es gatillar en el otro las reflexiones, preguntas y respuestas para que así la persona encuentre el bienestar desde lo que escucha”, define.
 
Aprender a escuchar
 

Con lo anterior, se puede desprender que a través del conversar liberador ocurre una suerte de autosanación, donde es a través de la conversación en donde la persona se va dando cuenta – se va escuchando a sí misma – hasta encontrar respuestas a sus interrogantes.

El problema surge al momento de darnos cuenta de que no sabemos escuchar y para complementar la idea, la fundadora del Instituto Matríztico dice que “uno en esta cultura escucha esperando que el otro valide lo que uno dice” porque, después de todo, “uno siempre tiene la razón y la verdad”. Además, sentencia que al momento en que uno escucha esperando que el otro coincida con lo que yo digo, en realidad no está oyendo y además hace que (la imagen del) otro desaparezca.
 
     
Es por eso que lo relevante de oír al resto está en comprender desde dónde la otra persona está hablando, pues en palabras de Ximena, “siempre el otro habla desde un dominio que es legítimo, ya que todo lo que uno vive, lo experimenta como válido al momento de vivirlo. El error es posterior a la experiencia”, comenta.
     
Ximena Dávila afirma que las conversaciones liberadoras no son terapéuticas, sino que más bien “tienen consecuencias terapéuticas” y que es la persona la que trae todos los elementos que consigue a través del ejercicio de la reflexión, la que es para la orientadora, “un acto en la emoción”.
 

Una de las cosas que Ximena Dávila resalta como interesantes es que las conversaciones liberadoras ocurren en el presente, ya que según sus palabras “el pasado es un modo de estar hoy y el futuro no existe” y asimismo manifiesta que la mayoría de las personas viven en el mañana y específicamente “en la exigencia de un futuro que sea de determinada manera, logrando que nos sintamos mal y que vivamos negando el aquí y el ahora porque estamos preocupados de lo que va a pasar mañana o en un año más”, recalca.

En síntesis, la orientadora dice que escuchar es tan importante como el mismo conversar y que lo fundamental son las ganas que tenga la persona en realizar ambas acciones, pues si no existe la intención de hacerlo, será muy difícil lograr algo, por lo tanto “la primera invitación es a conversar, luego el espacio de confianza se irá dando solo”, asegura.
 
 
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