Envejecer por otro lado es una condición del ser humano. A pesar de entender la senectud como un estado por el cual pasan las personas de cierta edad, ya avanzada según los cánones establecidos, hay ocasiones en que debido a estos problemas actuales de los cuales hablábamos anteriormente, los indicios de ancianidad son más evidentes e incluso patentes en individuos que aún no alcanzan estas edades “mayores”.
La meditación entonces se transforma en una disciplina que puede retardar la llegada del envejecimiento: adecuada respiración, mayor capacidad de concentración y una mente clara serían elementos para apartar dolencias físicas y por ende, tener un positivo bienestar y una mayor data de vida.
Pese a esto, los practicantes de meditación y que en su mayoría pertenecen a religiones orientales como el budismo, hinduismo o taoísmo, no contemplan el efecto antienvejecimiento como uno de sus fines, esto porque el objetivo es alcanzar un estado de equilibrio, algo que para ellos es mucho más trascendental que ver cómo su cuerpo (lo físico) se deteriora.
Al respecto, la maestra taiwanesa perteneciente al budismo humanitario, Miao Kuan, comenta que para conocer de la meditación “hay que probarla y así se verán los resultados a los que se puede llegar” y de esa forma, las personas que la internalicen como parte de sus vidas, podrán tener acceso a sus beneficios.
Lo anterior tiene que ver con las declaraciones de la maestra, quien señala que la meditación no es cosa de practicar por algunos días “como cualquier deporte o masaje”, sino que hay que ejercerla constantemente, lo que requeriría de un compromiso por parte del practicante si es que quiere obtener el resultado que busca.
De la misma forma, el maestro Krishna Gurudeva Atulananda, afirma que efectivamente la meditación trae efectos antienvejecimiento y coincide con Miao Kuan al decir que “este punto no es fundamental para nosotros”. No obstante, comenta que el envejecimiento se acelera por una alteración del sistema nervioso y que al mismo tiempo, nuestro cuerpo es el resultado de nuestro estado mental: “así el cuerpo refleja nuestro ánimo, si estamos felices o tristes, depresivos o no. Y sin duda alguna el estado mental influye al menos en un noventa por ciento en nuestra salud”, sentencia.
Gurudeva Atulananda reafirma su aseveración diciendo que “una meditación bien llevada amplía nuestra mentalidad porque nos permite entender que todo está bajo un control superior, por lo que uno logra una mayor amplitud y serenidad”.
Y como se trata de una exploración de conciencia, la meditación tiene que ver también con la parte física del ser humano, y en ese sentido, tendría cabida la gracia del antienvejecimiento, pero tratado no desde el lado estético, sino de la forma en cómo se lleva la vida. “La meditación siempre ayuda a mejorar la salud”, afirma Miao Kuan, beneficio que traería consigo una mayor longevidad.
En tanto, el maestro Krishna menciona que como espíritu y materia están íntimamente ligados, nuestras preocupaciones se reflejan en nuestro cuerpo y rostro. De esta manera “ya es de sabiduría popular la relación existente entre mente y cuerpo” y por lo tanto, la meditación más que estar preocupada de lograr una mayor longevidad física, “consiste en profundizar en nuestro espíritu hasta ver todo en relación con Dios. De ese modo uno despertará amor por todos y no hay nada más sano que este amor espiritual”, comenta.
Por su lado, la maestra taiwanesa dice que lo aconsejable es practicar la meditación – en un comienzo - todos los días, así la mente se va ejercitando y acostumbrando al nuevo estilo de vida. “En Taiwán se comienza desde pequeños. En los colegios se dedican todos los días 5 a 10 minutos de meditación para que los niños puedan comenzar el día concentrados”, cuenta.
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