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Dominados por la ansiedad

 
Por Beatriz Gurdiel R.

Cada vez son más los chilenos que viven en un constante estado de preocupación y miedo irracional que les impide funcionar correctamente. Más conocido como ansiedad, si no se controla a tiempo puede generar estrés, y el estrés muy prolongado puede desencadenar una depresión. Actuar a tiempo es fundamental.


Vivir en una gran ciudad como Santiago, casarse, tener un hijo, recorrer largas trayectorias para ir a trabajar, jornadas laborales exhaustivas, un divorcio o cambiarse de casa son situaciones puntuales que en ciertas personas pueden generar ansiedad. Cuando esa ansiedad –definida como una sensación general y constante de preocupación o miedo- domina al individuo y le evita funcionar correctamente es necesario actuar.

Según Katherine Julio Ramírez*, psicóloga clínica, “hay personas que son más propensas que otras a sufrir ansiedad. De hecho, hay estudios recientes que apuntan a la posible existencia de un componente genético”. Sin embargo, y según palabras de la experta, la ansiedad no siempre es mala.


Si la persona lo percibe como algo que le ayuda, es decir, aunque se nota preocupado o más atento de lo normal eso le permite poder cumplir mejor con sus desafíos diarios, se trata de una ansiedad buena, productiva. Pero “cuando la ansiedad comienza a dominar al individuo, cuando el estado de hiperalerta se le escapa de las manos, no puede conciliar el sueño, quiere ver la televisión tranquilo y no puede dejar de pensar en lo que le preocupa. O si comienza a tener síntomas físicos, como una jaqueca (producto de estar permanentemente pendiente de lo que le preocupa), o dolores de espalda, tiene un poco de taquicardia, respira más agitadamente, no puede estar quieto… es cuando la preocupación comienza a dominar a la persona y no al revés. En ese momento debe buscar ayuda”, dijo Julio Ramírez a Punto Vital.

Señales de alerta

Para saber si se sufre de ansiedad (que nos paraliza e impide funcionar) es importante que la persona se pare a pensar cómo percibe esa preocupación o esa inquietud.

En opinión de la experta, hay ciertas señales de alerta que pueden ayudarnos a identificar cuando esa ansiedad ha pasado a convertirse en un verdadero problema:

  • Insomnio, la persona no puede conciliar el sueño, o se despierta más temprano que de costumbre
  • Tener un sueño interrumpido o comenzar a soñar con situaciones catastróficas
  • Síntomas musculares como dolores lumbares o jaquecas
  • Problemas digestivos y respiratorios, “ya que el aparato digestivo está muy vinculado al sistema nervioso y también al cardiovascular. Por ejemplo, un aumento en la frecuencia cardiaca te hace respirar más agitadamente, o alteraciones en la digestión, que aparezca diarrea frecuente, etc”.
  • Experimentar la preocupación como un dolor psíquico, la persona no puede escapar de esa sensación de que algo malo va a pasar y no sabe qué es…

Si la persona lo percibe como algo que le ayuda, es decir, aunque se nota preocupado o más atento de lo normal eso le permite poder cumplir mejor con sus desafíos diarios, se trata de una ansiedad buena, productiva. Pero cuando la ansiedad comienza a dominar al individuo es necesario buscar ayuda.


 

 
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