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Ninfomanía en las mujeres y andromanía en los hombres. La adicción al sexo es una enfermedad
 
Sexo sin amor
Tal como con las drogas, la adicción al sexo puede resultar perjudicial si no se pone un freno a tiempo, principalmente, cuando el placer se deja de lado a cambio de calmar la tensión y la terrible ansiedad de una “excitación desesperante”.
 
Carla González C.
 

La sexualidad en el ser humano difiere de la de los animales, estos últimos, movidos sólo por el instinto y la reproducción. En el hombre y la mujer el tema es diferente, ya que es a través de las relaciones interpersonales donde muchas veces se ponen en juego los sentimientos y los proyectos de vida que poseen cada una de las partes.

Un erróneo acercamiento a la sexualidad, caracterizado por un exceso en la concretización de acciones y la imposibilidad de detener ‘las ganas’, que cruzan incluso la frontera entre lo individual y lo social, hace que las personas que padezcan de este trastorno hayan llamado la atención de agrupaciones como la Sociedad Americana de Psiquiatría y la Organización Mundial de la Salud, entidades que pretenden incluir esta condición en sus catálogos de patologías mentales, las que verían la luz en el año 2011 y 2014, respectivamente.

Hasta ahora, la dependencia sexual se trata en forma liviana y hasta en tono de broma, pero la posibilidad de acceder a un tratamiento médico es de suma importancia, pues como en toda adicción, los pacientes – que en este caso sólo buscan la autogratificación - pueden llegar inclusive a la autodestrucción o a la pérdida de sus trabajos, familias y entorno más cercano.

El licenciado en psicología con especialidad en psicología clínica, Patricio Araya Arenas, comenta que este trastorno lleva siempre a un exceso, “a una forma enferma y poco adaptada de la sexualidad, la que no es puesta al servicio del placer, sino que de la patología”, afirma.

Con respecto a la adquisición de esta dependencia, el profesional recalca que no debiera manifestarse en personas que, por ejemplo, hayan sufrido algún trastorno relacionado con la violencia sexual, “en ellos debiera despertarse una fobia, un trauma”, explica. Sin embargo, sí tendría que ver con la parte educativa y de formación: “el recurrente contacto con adultos o educadores demasiado sexualizados, podría provocar que el menor se forme una idea del sexo como una actividad que no tiene mucho que ver con el intercambio en una relación, sino como algo compulsivo”, manifiesta.

El sexo lo es todo

Son muchas las personas – hombres y mujeres – que recurren en ocasiones a la motivación sexual mediante imágenes de orden pornográfico, la autoestimulación, los denominados encuentros casuales con otros individuos o a la concreción de relaciones estables con sus parejas.

El problema será catalogado de patológico cuando esta búsqueda sea frecuente, compulsiva e incontrolable. Los especialistas mencionan que los individuos que padecen de adicción al sexo adquieren una dependencia psicológica y hasta física donde la obsesión por obtener saciedad se transformará en el único objetivo, el que puede llevar a sostener un gran número de encuentros sexuales, incluso mediante experiencias poco convencionales y con personas con las cuales jamás tendrían este tipo de acercamiento.

 

“Como no sabemos relacionarnos con los demás, mantenemos relaciones sexuales y/o nos vinculamos afectivamente sin conocer a las personas”, dice uno de los puntos demarcados por los Adictos al Sexo y al Amor Anónimos (SLAA), fraternidad fundada en Boston, Estados Unidos, en el año 1976 y que hoy cuenta con sedes repartidas en algunas ciudades en el mundo.

Para Araya, esta característica puede llevar al adicto al sexo a sostener una doble vida, en donde por un lado, sea capaz de establecer vínculos con otras personas en forma normal, pero que además, se gatille en él “una emergencia intensa e inevitable, derivada  por la emergencia del deseo sexual”, una especie de ‘clic’ que lo haga pasar de un estado a otro.

En palabras del psicólogo, el objeto sexual en estas personas será distinto al de su pareja y nunca será colmado por ninguna de sus preferencias. De esta forma, fijarán su atención en el entorno que lo rodea buscando incansablemente – y en forma arbitraria - a quien satisfaga sus necesidades. “Es como un cazador. Debido a su insatisfacción, siempre va a tener que venir otra, otra y otra pareja”, comenta.

Patricio Araya sostiene que los conductistas tienden a tratar estos casos mediante procesos de condicionamiento clásico, donde a través de imágenes se intenta asociar la conducta actual con algo desagradable. “De esta forma, lo que era agradable, ya no lo será más”, advierte el psicólogo y recalca que ésta es sólo una forma de tratar esta patología y no se cierra a otras posibilidades que puedan existir.

En el caso de la SLAA, los pacientes que allí se congregan utilizan los 12 pasos fundados por los alcohólicos anónimos. A través de postulados como “admitimos que éramos impotentes ante la adicción al sexo y el amor y que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables”, se reúnen en sesiones donde comparten sus experiencias de vida, en busca de la anhelada rehabilitación.

Algunas de las características que posee un adicto al sexo son:

- Utilizar el sexo compulsivo como droga: lo hacen para escaparse de sensaciones de ansiedad, soledad, enojo y odio a sí mismo, así como también para sentir alegría.
- Se inmovilizan por obsesiones románticas, durante el lapso en el que se vuelven adictos al sexo y al amor, al punto de descuidar sus vidas.
- Intentan traer intensidad y entusiasmo a sus vidas: lo que no pueden obtener con normalidad lo intentan a través del sexo, pero a la vez se sienten cada vez más vacíos.
- Cuando consiguen el amor nunca les parece bastante: cuando tienen la atracción y el amor de otra persona, no es suficiente para ellos, pues siguen teniendo adicción por otras personas.

Fuente: Cambio 21

Punto Vital Mayo 2008 ©

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