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Nuevas prioridades retrasan hoy la decisión de ser madre

Los hijos, para más tarde

 
Carla González C.

Disfrutar con la pareja, trabajar y establecer nuevas relaciones son algunas de las prioridades que hoy están tomando las mujeres en vez de decidir ser madres. En Chile, la edad en que se da a luz actualmente promedia los treinta años, disminuyendo de paso la tasa de natalidad infantil y permitiendo así el envejecimiento de la población.


Conseguir un título profesional, ser independiente y la única responsable de sus actos; salir de vacaciones y pasar momentos agradables con los amigos son algunas de las razones por las cuales las mujeres en la actualidad postergan ser madres.

El concepto de ‘súper mujer’ se instauró también dentro de nuestro país y lograr ejercer actividades antes sólo reservadas para los hombres es una tarea que muchas representantes del sexo femenino se están tomando muy en serio.

Hace algunos años, ser madre, casarse y formar una familia a los veintitantos era lo común entre las mujeres. El acceso a mayores posiciones dentro de la sociedad permitió que la escala de prioridades cambiara para dar paso a otro tipo de procesos los que sin duda, han atraído a muchas féminas que en la actualidad dejaron atrás el concepto de ‘mujer – madre’, para llevar por un momento más extenso su rol como profesionales.

Para el psicólogo clínico y académico universitario, Juan José Soca Guarnieri, este fenómeno no es tan nuevo como parece y su origen tiene que ver con los avances que han ido construyendo las mujeres que – en el caso de Chile – comenzaron junto con el derecho a sufragio: “esto explicaría un poco la manifestación de la mujer hacia otras  prioridades e intereses que ya no son exclusivamente de la maternidad”, manifiesta.

El psicólogo dice que si pensamos en nuestras abuelas, podremos darnos cuenta que en  esta especie de sinónimo que se estableció entre mujer y madre, “todo se centraba en función de la casa y de cómo llevar a los niños”, argumenta y explica que esta concepción a su vez “traía sufrimiento porque hay una especie de renuncia a otras cosas que no tenían relación con la maternidad”, completa.

Luego de esta suerte de apertura en la visión femenina, donde las mujeres se dan cuenta de que hay otras actividades más allá de las que existen en el hogar, ocurre un cambio cultural, donde toda la sociedad fue protagonista de la puesta en marcha de una libertad codiciada por años por aquellas que ansiaban caminar por otras vías que les permitieran ganar nuevas competencias, habilidades, conocimientos, etcétera.

Para el especialista, además del cambio cultural, las nuevas tecnologías son también agentes que aportan a llevar una mejor existencia, aumentando con esto las expectativas de vida y las formas en cómo una pareja decida llevar su sexualidad y el proyecto de familia. “La sociedad hoy dispone de mecanismos de protección, amparo y desarrollo”, afirma.

A pesar de la clara disminución en la natalidad infantil que posee Chile en la actualidad, el retraso en concebir hijos es una decisión que atañe a cierto grupo de mujeres, cuya mayoría se encuentra en la categoría de aquellas que poseen estudios universitarios. En esta línea, Juan José Soca apoya diciendo que “el bajo interés por la maternidad todavía no ha alcanzado a todas las capas sociales. En ese sentido, este tema abarca a las mujeres profesionales o que están estudiando una carrera, con cierto nivel cultural y que manifiestan otros intereses, prefiriendo postergar la maternidad en pro de satisfacer otras necesidades y deseos”.

La fuerza del entorno

Los cambios culturales a los que se refiere el profesional también abarcan los espacios psicológicos, donde la mujer además de abrirse paso a la sociedad, lo hace sin sentir culpa. “Antes, si una mujer no se casaba antes de los treinta y no era madre joven, se sentía muy culpable”, menciona y argumenta explicando que la fuerza que ofrecen estímulos como las oportunidades para crecer y desarrollarse, hacen que las mujeres se sientan con derecho de poder acceder a éstas de manera normal y a la par con sus compañeros.

En contraste con lo anteriormente dicho, aún vivimos en una sociedad machista y además paternalista, donde tener una familia a quien proteger sigue siendo una de las prioridades que muchos no tranzan. Así, es común observar las reacciones del entorno frente a una persona que no desea ser madre aún: ¿por qué?, ¿qué estás esperando?, ¿tienen problemas con tu pareja?, son algunas de las preguntas más recurrentes.

En ese sentido, Soca Guarnieri afirma que dependerá de cada mujer el cómo se enfrentará a este tipo de cuestionamientos. “La presión del medio sin duda que agobia y quizás haya casos en que finalmente terminen renunciando a algo que le gusta, donde se siente bien”, sentencia y además cuenta que esa renuncia, ese sentimiento de pérdida puede canalizarse en otros síntomas como la depresión, crisis de pánico e incluso la anestesia sexual, “una anorgasmia como por venganza”, subraya el profesional.

La relación de pareja también puede verse afectada y en este plano se recomienda sostener una buena comunicación entre ambas partes, colocando sobre la mesa (y desde un principio) cuáles son las prioridades que maneja cada uno, “la responsabilidad es mutua”, sentencia el especialista y afirma que la existencia de conflictos es real donde las exigencias de hombre y mujer quieran ser las que sobresalgan por sobre el otro, sin escuchar las necesidades de su compañero. “Si quieren seguir juntos, ambos tienen que renunciar a algo”, puntualiza.

Madre profesional

No hay que dejar de lado a aquellas mujeres que sí optaron por la maternidad siendo aún muy jóvenes y que al mismo tiempo han sabido sobrellevar una familia en conjunto con sus intereses personales y profesionales. Para el psicólogo clínico, éste es también un tema interesante de plantear, pues aquí aparece el tema de la culpa, pero esta vez no por una cuestión individual, sino que tiene que ver con plantearse ¿qué tan buena madre soy?

Carecer del tiempo suficiente para dedicar a los niños, no estar presente en algunas de sus experiencias de vida y dejarlos con las nanas durante la extensa jornada laboral, también es parte de esta problemática. “Si bien es bueno que la mujer haya salido del circuito ‘mujer – madre’, también está trayendo otro tipo de malestares como el sentimiento de no estar cumpliendo un buen rol”, sostiene Juan José Soca.

Desde la psicología, el especialista resalta que mucha presencia de los padres, no asegura una buena salud mental para los niños, “al contrario, un exceso de presencia puede ahogar a la cría”, sentencia Soca complementado con la idea de que no es malo soportar la ausencia de esta madre por momentos, pues “eso posibilita que los hijos pueda crear mentalmente a esa mamá”.


Punto Vital Agosto 2008©

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