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En sociedades como la nuestra, decisiones como ésta deben ser tomadas con valentía
 
Mi vida sin hijos

Por cuestiones económicas, individuales y hasta por ser unos críticos de las convenciones sociales. Éstas y muchas otras son las razones por las cuales cada vez más personas optan – a conciencia – por no tener hijos y vivir el concepto de familia desde otro lugar, uno al que aún la mayoría no está acostumbrada.

Carla González C.
 

Estamos inmersos en una sociedad donde la familia - concepto pensado como un grupo conformado por papá, mamá e hijos y donde todavía hay quienes aseguran que el no apegarse a esa estructura es estar negando la única constitución natural – es quizás la institución más importante para el ser humano.

Y tal es su relevancia, que desde la infancia es uno de los modelos que más influyen en nuestro desarrollo como personas. Después de todo, es desde la cuna donde recibimos en menor o mayor medida, el amor, los valores y las enseñanzas básicas que luego – se dice – son la base de nuestro ser en la adultez.

A pesar de todo aquello, hoy un número no despreciable de personas está rompiendo con ese paradigma para pasar a formar un grupo de hombres y mujeres que por diversos motivos ha decidido no reproducirse y continuar con su vida desde la vereda de los proyectos personales y la autorrealización.

Se trata del llamado “fenómeno DINK”, palabra que proviene del inglés “double income/no kids” (doble ingreso, sin hijos) y que congrega a los adultos, con o sin pareja, que deciden no tener hijos y privilegiar otros intereses como el trabajo, los viajes y la independencia que según dicen, se pierde un poco al transformarse en padres.

Con esto no queremos decir que quienes tienen hijos no tienen planes ni sean personas con otro tipo de desarrollo, sino que hablamos de una decisión que no involucra la presencia de niños y por ende, quienes optan por ella, tienen claro que acompañados o no de una pareja, la vida de desarrollará sin descendencia. A ellos eso les agrada y no temen decirlo.
 
En países como el nuestro – y en general de Latinoamérica – la decisión de no ser padres aún es vista como algo extraño. ¿Pero por qué no quieres tener hijos?, ¿qué esperas para tenerlos? Son algunas de las preguntas que comienzan a surgir a eso de los “veintitantos” y la mayor parte de las veces proviene de los padres que ansían ser abuelos.

“275 mil chilenas declaran que no quieren ser madres, nunca”, informó la revista Paula en su edición de noviembre de 2010 añadiendo además que el “47% de las mujeres en edad fértil que no tienen hijos, declaran que no piensan tenerlos”. Por esta razón es que se vuelve interesante conocer de esta realidad, que en algunos países de Europa es una constante y visto como una tendencia en alza.

Algunas de esas miles de mujeres son conocidas en Chile. Dos de ellas son las actrices Paulina Urrutia y Amparo Noguera, quienes hace algunos años declararon acerca de la opción por renunciar a la maternidad y mientras la primera declaraba que éste es un tema que “no he resuelto en mi mente. El por qué mi capacidad creativa se vuelca siempre a otras cosas”, la segunda mencionaba a sus 40 años que “si no tengo uno (un hijo) ahora, no lo tendré más. No quise tenerlos. No me sentía preparada, pensaba que iba a dejar de lado mi trabajo” (La Nación).

Otras mujeres que desisten de la idea de convertirse en madres y que son conocidas a nivel internacional por su trabajo son la ex secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice y la animadora de televisión, Oprah Winfrey, esta última indicó en una entrevista para otra conocida – Bárbara Walters – que su decisión provino desde sus anhelos por “cumplir con sus demandas profesionales” y así no vivir la experiencia que viven muchos quienes tienen hijos que luego se quejan por el descuido de sus padres.

La decisión de no reproducirse

Daniela Vega Rojas tiene 27 años, es antropóloga, comunicadora social, terapeuta complementaria y hace ya unos años tomó la decisión de no ser mamá. Según cuenta, “nunca tuve la inquietud de casarme, por tanto creo que nunca me imaginé la familia”.

La profesional dice además que “una vez que decidí seguir el camino de la antropología y las terapias – y por decisión ecológica/económica y política – terminé por decidir no reproducirme”.

Para Daniela, rechazar la opción de la maternidad obedece conscientemente a que preponderó en ella su estilo de vida y sus deseos. “Elegí ser autónoma, trabajar en lo que me gusta y no prescindir del dinero. Además no creo en los sistemas educativos que sólo reproducen opresión; no me interesa mayormente la maternidad, la encuentro opresiva, sobre todo en un contexto tan neoliberalizado y precarizado. Prefiero volcarme hacia el crecimiento de redes sociales y colectivas que reproducir un núcleo familiar”, cuenta.

Para Danitza Rojas Senoceaín – periodista, 39 años – la decisión de no ser madre “se va dando con el tiempo. Vas optando, definiendo y de acuerdo a tus proyectos de vida se va dando naturalmente”.

En su caso, reconoce que no se trató de una “renuncia”, sino de un proceso donde “son varios los factores que responsablemente debes analizar. Nunca estuve de acuerdo en que la realización de una mujer debiera sí o sí pasar por la maternidad. Además, está el nivel de egoísmo/generosidad que tengas para compartir tu vida, tus tiempos. Hay aún proyectos como estudios, viajes complementarios a estos sin concretar, por ejemplo”, menciona.
 
Para el historiador y escritor argentino – Pablo Hupert – “Tener un hijo no es un acto de altruismo sino de egoísmo, de un egoísmo militante. Uno quiere que el hijo reciba cosas porque de esa manera las recibe uno; uno quiere que el hijo crezca porque de esa manera crece uno… se tienen hijos para dejar de ser hijos (en general, pues conocemos bien que hay padres que siguen siendo hijitos)”.

En cuanto a su relación con la maternidad y la idea de que “todas las mujeres nacimos para ser madres”, Daniela Vega es enfática al señalar que a través de su “largo background post feminista, hablar de biologisismos me parece muy básico” porque “si explicáramos la maternidad en base a ellos, pensemos entonces en un sistema ecológico y sustentable si es el argumento que les interesa mantener”.

Para la antropóloga, “toda naturaleza es cultura, así es que siento que mi cuerpo escapa de los destinos biologicistas que dicen que una biomujer por el hecho de tener útero tiene que ser madre. Se puede escoger, sí, pero hay que tener en cuenta los accesos y los agenciamientos para decidir sobre tu cuerpo y tu vida. Una persona que estudió, que tiene acceso a ciertas colectividades o pensamientos críticos tiene mayores posibilidades de elegir que una mujer que no los tiene”, reflexiona.
 
La presión de ser madres

Tanto Daniela como Danitza confiesan que no se han sentido nunca presionadas por ser madres, típico problema que deben enfrentar (también los hombres) por parte del entorno, donde familiares y amigos preguntan – a veces insistentemente – bueno ¿y ustedes cuándo?

En ese contexto, mientras Daniela afirma que “hace tiempo que vivo por mí y no por mi familia”, Danitza comenta que a pesar de que su mamá de manera amable comenta a veces que “le gustaría tener niños en casa”, nunca ha sentido presión por parte de su entorno. “Definitivamente creo que mis amigos no me imaginan como madre, aunque muchas veces me han dicho que no se sabe la capacidad que se tiene hasta cuándo tienes un hijo. Lo que sí puedo decir es que soy una buena madrina”, asegura.
 

Otro conflicto ocurre con la pareja, donde si no existe comunicación y una conversación seria acerca del tema (y mejor si ocurre antes del matrimonio u otro compromiso) puede traducirse en un quiebre que al parecer va más allá del sentimiento y el respeto que se tiene por el otro.

Al respecto, Daniela Vega dice que “a los hombres les cuenta entender la decisión sobre todo si son pareja. En mi caso, me muevo en un entorno donde las mujeres decidimos sobre nuestros cuerpos, las personas que me conocen saben el rollo, así es que a estas alturas creo que no es problema mío, sino de los hombres a quienes les incomoda la decisión”.

Para Danitza en tanto, todo pasa por “una conversación de pareja” donde “ambas partes deben respetar sus sueños y proyectos. Lo sano está en saber qué hacer. Tengo amigos que han optado también por esa alternativa (la de no ser padres) y es válido, como lo es también aquella donde se quiere ser padres a toda costa”, comenta.
 
¿Y cómo es para los hombres?

Bernhard Yanes Schmelzer (24), estudiante de negocios de la Universidad Tecnológica de Chile, es director de DINK Chile, grupo formado en Facebook que congrega a todos aquellos que optaron vivir “no desafiando, sino soltando simplemente, la obligación de ser padres”.

A pesar de ser aún joven, Bernhard afirma que su decisión es consciente y tiene que ver con que “nunca he tenido el interés por ser padre, pues existe en mí una serie de interrogantes que no son precisamente las que rodean el tema de la paternidad”, concepto con el cual simplemente no se relaciona.

“Creo que reducir a una persona al solo hecho de procrear es básico y animal. Además siento que hay cierto egoísmo al respeto, pues la mayoría de las personas que son padres jamás se han planteado adoptar por el solo hecho de querer que el hijo tenga sus ojos, pelo o piel. Eso es lamentable cuando hay millones de niños sin familias o en riesgo social”, comenta.

“Las personas cuando deciden (las que lo hacen) tener un hijo, no se preguntan si tienen una situación, ya sea económica, social o ambiental para que dicha criatura se desarrolle. Hay muchas cosas de las cuales hay que preocuparse antes de seguir poblando este planeta”, dice Bernhard.

Para el estudiante – que tal como las otras entrevistadas dice no haber sentido presión por parte de su entorno – su relación con la paternidad es simple y dice al respecto que se trata “de tan solo una estructura social en un periodo de tiempo. Está demostrado que los países del primer mundo tienen una tasa decreciente de natalidad y es porque saben que deben solucionar muchas cosas antes de seguir multiplicándose”.

Según cuenta, problemas económicos, ecológicos y sociales deben ser resueltos antes de seguir procreando de manera inconsciente. “No creo que las personas nazcan para crear vida, pensarlo me parece primitivo. Creo en la libertad del hombre, en la diversidad y en que cada persona puede escoger qué hacer con su vida. Ya es hora de que dejemos de preocuparnos por el vecino y comencemos a hacernos responsables de nuestras propias vidas”, manifiesta.

Frente a su opción comenta que a pesar de su juventud ya la ha manifestado de manera consciente y que en su mayoría, quienes lo rodean se lo han tomado bien. “Depende cómo lo plantees. Recuerdo que una amiga me trató de inhumano, pero le expliqué que más inhumano era seguir pariendo cuando no has resuelto tu vida”, cuenta.
 
Quienes tienen hijos tienen más valor moral que los que no los tienen

En entrevista con Punto Vital, la actriz Amparo Noguera menciona que si bien la familia es muy importante y personalmente para ella un grupo que quiere y necesita en demasía, el valor moral que se le entrega a este sistema – pensándolo nuevamente en uno integrado por padres e hijos – es característico de un país tercermundista. “No logro comprenderlo”, dice.

Para la actriz, quienes tienen hijos “tienen mucho más beneficio moral que quienes no los tienen”, existiendo a veces un trato cruel hacia aquellas mujeres que no tienen hijos por decisión propia. Por lo tanto, afirma, el tema de la maternidad es “un tema muy sobrevalorado en Chile”.
 

Bernhard Yanes, coincide con las aseveraciones de Amparo Noguera y manifiesta al respecto que “lamentablemente, Chile tiene una sociedad muy conservadora y castigadora. Sin embargo, creo que hay un cambio al respecto, pues todos los días se rompen paradigmas”, opina, añadiendo que no se ha sentido nunca mirado con extrañeza. “Más aparte se sienten las personas que son padres, ya que deben dejar de hacer muchas cosas para comenzar a hacer otras y en ese proceso pierden amistades y trabajos”, dice.

En este mismo contexto, Daniela Vega cuenta que en su caso y gracias a su trabajo en temas como el parto humanizado y la lactancia materna (donde ha compartido con madres), “siento que aporto a esas discusiones desde la experiencia. Puedo apoyar mucho la maternidad porque no es un tema ajeno a mí, al contrario. Además, soy de una política en la que nunca me situaría como mujer discriminada o de segunda clase, sino más bien al margen y singular. Y a las personas les cuesta ser singulares”, asevera.

Para Danitza, el tema tampoco ha terminado en situaciones desagradables. Frente a esto cuenta que “alguna vez leí que las actitudes leales generan relaciones leales, por lo que al ser sincero con uno mismo y los demás, nos lleva a rodearnos de gente igual. Para mí la única gran diferencia son los temas de conversación; no me acomoda hablar del disfraz de princesita, el pediatra o el mejor pañal”, dice sincera.
 
Punto Vital Octubre 2011 ©
 
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