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En los matrimonios, también hay hombres que son invisibles frente a su pareja
 
Maridos apocados
Nuestra cultura – y la de la gran mayoría de Latinoamérica – indica que los hombres son los que llevan la batuta en el hogar y quienes toman las decisiones más importantes. Sin embargo, todo parece indicar que son las mujeres las que golpean la mesa. Lo negativo es cuando esta conducta deja a los varones muy por debajo de sus compañeras.
 
Carla González C.
 

Vivimos en una sociedad machista, una región que comprende a la gran mayoría – quizás todos – los países latinoamericanos en donde las mujeres ganan menos que los hombres, no pueden acceder libremente a los mismos puestos de trabajo que ellos, son las que se ven obligas a llamarse a sí mismas “multimujeres” y siguen siendo miradas como objetos sexuales y hasta de consumo.

Lo paradójico es que al parecer son ellas las que “mandan” dentro del hogar y las que ríen al último, tomando decisiones que supuestamente son tarea de los hombres, pero que por siglos han tenido tintes femeninos, en una especie de secreto a voces que muchos no quieren reconocer.

Todo esto puede ser celebrado sobre todo por las feministas, pero ¿qué sucede cuando los límites se exceden y ahora son las esposas las que apocan a sus maridos, los humillan en público y los relegan a un segundo plano para ellas tomar el poderío en la casa y a veces también fuera de ella?

Al respecto, la psicóloga especialista en psicoterapia de parejas y sexualidad y directora del Centro EIRA (www.eira.cl), Viviana de la Cruz, menciona que “lo primero es pensar que culturalmente el hombre ha tenido el privilegio de tomar decisiones especialmente fuera de la casa, pero por otro lado y dentro del hogar es la mujer la que desde hace mucho tiempo manda más”.
 
Según la psicóloga de EIRA por años, las mujeres son las que han mandado dentro del hogar. Lo malo, subraya, es cuando el marido pasa a un segundo o tercer plano y se convierte en un actor pasivo dentro del núcleo familiar. Para la especialista este tipo de relaciones son complementarias y aquí los roles no se comparten sino que es uno de los actores el que toma el poder de resolución de problemas.
 
Un tema de poder

“Este es un tema de poder, de influencias y no algo que tenga que ver sólo con la comunicación, con el amor o con la forma de resolver los problemas”, dice Viviana y por eso explica que en este caso, cuando la mujer es quien toma las riendas del hogar, el marido es precisamente el que queda relegado.

Es así como surgen testimonios de hombres que expresan su malestar con respecto al trato que reciben de parte de sus parejas. Mujeres emprendedoras, con salarios mayores al de sus maridos y con personalidad fuerte, conjunto de elementos que puede ocasionar en ellos una baja de su autoestima, inseguridad y la sensación permanente de ser “poca cosa”.

Este enfrentamiento de personalidades se da constantemente en este tipo de relación y con respecto a eso, la psicóloga comenta que para que un hombre sea apocado por su esposa, las formas de ser de ambos deben ser disímiles y darse al mismo tiempo, es decir, mientras un varón es inseguro y dependiente, la mujer es quien “tiene la posibilidad de resolver en forma más activa los problemas”.

Con esto, Viviana de la Cruz sostiene que ambas personalidades son las que conformarán este tipo de relación, pues según sus palabras “no puede haber una mujer que mande sin que haya un hombre que en ese momento se ponga en una posición de inferioridad”.

Para la especialista este tipo de actitud – tanto la de opacar como la de someterse – va más allá del temperamento que tenga la mujer o el hombre; se trata también del aprendizaje y de las experiencias que el individuo ha tenido durante su vida.

En ese sentido afirma que “en general, si un hombre es inseguro y dependiente, va a tomar menos decisiones y como la vida diaria requiere soluciones, la mujer será la que va cumpliendo con ese rol dentro de la casa y finalmente se convertirá en la ‘solucionadora’, porque después de todo, no le queda otra”.

 
La psicóloga cuenta que hay parejas que inician su relación de una manera muy simétrica, “pero a lo largo del tiempo y con la experiencia vivida, se van poniendo complementarios porque finalmente es la mujer la que asume el papel del ‘solucionador’ dentro del hogar”.

Para Viviana, “una forma de conseguir que un hombre sea inseguro es criarlo apegado a la mamá”, por lo que ser un niño que no tenga la posibilidad de tomar sus propias decisiones, “no tendrá la práctica” y por lo tanto se podrán observar repercusiones no sólo a nivel de pareja, sino que también con el entorno en el cual se desarrolle.

Con su pareja específicamente se dará algo que a pesar de parecer extraño, es muy común y habla de la búsqueda de mujeres que los contengan y que le siga solucionando los problemas. “Esto no es intencional, o sea el hombre no va a buscar conscientemente a una segunda mamá, pero con una mujer segura se sentirá bien, mal entendiendo quizás esta conducta con preocupación y cariño”.
 
“Los dos sufren en este tipo de relación”

Tener una esposa mandona, que se ría de las opiniones del marido, que hable por él y que lo ridiculice frente a sus amigos no debe ser nada agradable, sobre todo para quien intenta por todos los medios de conservar algo de su ego, cosa que resulta imposible frente a este escenario.

¿Es sólo el marido el que lo pasa mal?, a primeras luces pareciera que sí, pero según la terapeuta la esposa tampoco goza haciendo el papel de tirana y por lo tanto no se trataría de conductas en las cuales una persona podría acostumbrarse. “Ninguna de las dos posiciones es cómoda y los dos sufren sobre todo si ambos están conscientes de la situación”, menciona.

En ese sentido, afirma que por un lado el marido la pasará mal sintiéndose disminuido y la esposa por su parte terminará cansada de siempre ser la que debe estar pendiente de los problemas dentro del núcleo familiar.
 

Para la psicoterapeuta este tipo de relaciones puede corregirse siempre y cuando no haya violencia física de por medio. “Cuando existe maltrato, el daño es muy profundo y las intervenciones se hacen incluso para ayudar a separar a la pareja”, cuenta.

Pero si son parejas que viven el día a día en una postura complementaria, menciona que es posible crear nuevas normas de funcionamiento, quizás más simétricas donde se compartan las decisiones y se intercalen el poder de solucionar conflictos, etcétera. “Se puede volver a la simetría teniendo como base una buena comunicación, escuchando al otro y conociendo cuáles son sus expectativas y su proyecto de pareja”, concluye.
 
Punto Vital Enero 2011 ©
 
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