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La sexualidad – lo más propio que tenemos – también podría ser un buen negocio
 
El lucro nos ha hecho perder el control

El aumento significativo de las cesáreas, el largo peregrinar de parejas que pagan lo que sea por tener un hijo, las altas sumas de dinero que muchos gastan en píldoras para mejorar su performance sexual, entre otros son signos de cómo el mercado también se ha tomado la sexualidad de las personas.

 
Carla González C.
 

De todas las áreas que forman parte del ser humano, la sexualidad es quizás una de las que más nos concierne y por eso pensar que ésta también es un buen negocio podría parecer a simple vista una ridiculez, pero lamentablemente es tan real y a estas alturas casi inherente a todos nosotros.

¿Pero cómo la sexualidad – dejando de lado claro, al comercio sexual – puede generar buenos dividendos si se trata de algo que es tan propio de las personas; algo personal, privado y por ende alejado de lo económico o del mundo de las transacciones? Al parecer tiene mucha más relación de la que pensamos.

En esta oportunidad, expondremos dos ejemplos donde el lucro se hace evidente. Hablamos del “negocio” de las cesáreas y el de la infertilidad, instancias donde actualmente se genera mucho dinero a costa de las personas quienes acuden en este caso, en busca de un tratamiento o atención y donde claramente se les entrega de vuelta una mala calidad de vida.

Si bien no podemos generalizar al decir que todos los casos de cesáreas y de parejas infértiles caen en medio de este lucro, sí debemos convenir en que la gran mayoría de estos procedimientos se realizan de manera innecesaria (en el caso de las cesáreas) y bajo falsas promesas de éxito (en el caso de quienes buscan concebir hijos).
 
Cesáreas: la cantidad sobre la calidad

La revista Hospital Clínico de la Universidad de Chile (HCUCh) publicó en 2006 un informe llamado “Estado de la cesárea en Chile. Riesgos y beneficios asociados a esta intervención”. En él, dicen que la Organización Mundial de la Salud (OMS) menciona que “no existe justificación para una tasa de cesárea superior a un 10-15%”.

Pese a esto, el mismo informe certifica que “en los últimos 30 años la tasa de cesáreas ha tenido un aumento progresivo a nivel mundial”, donde Chile no es la excepción pues se trata de uno “de los países con una tasa de cesárea más alta, alcanzando cifras que se acercan al 40%”, claramente superior al 15% que expone la OMS.

En este contexto, la matrona Alejandra Becerra afirma que en cuanto al costo económico de las cesáreas, éstas tienen el mismo valor que el parto normal y de hecho, dice, “hay algunas isapres (igualmente Fonasa y PAD) que como una manera de incentivar a los equipos tratantes, pagan mejor un parto natural que una cesárea”.

Lo que sucede, agrega, es que “desde el punto de vista de la comodidad y poder organizar sus tiempos y distintos trabajos, los médicos y matronas generalmente incentivan la opción de la cesárea, privilegiando así la cantidad y no la calidad”.
 
Según el informe publicado en la revista HCUCh, el número de cesáreas en Chile difiere según el sector socioeconómico. Así, las diferencias son marcadas “entre el sector público y el sector privado (30% y 60% respectivamente)”.

Para la estudiante de sociología y facilitadora de talleres de sexualidad y ginecología con uso de hierbas medicinales, Pabla Pérez San Martín, “la naturaleza brindó a las mujeres la posibilidad de poder parir a través de la vagina y gozar de un útero que abrigara a nuestros hijos durante nueves meses”.

Y por el contrario, agrega que actualmente “vemos que las cesáreas se llevan a la práctica cada vez más como si fuera natural nacer de esta forma”.

Pero lo cierto es que no tiene nada de natural y según dice, “las cesáreas son una intervención quirúrgica en la que se realiza una incisión en el abdomen y útero de la mujer para extraer de manera artificial al bebé, por lo cual debiera practicarse sólo en casos de riesgos vitales tanto para la madre como para su hijo. Es un acto que no forma parte de la naturaleza de nuestros cuerpos y que, reitero, sólo debiera realizarse en situaciones de peligro”, asegura.

Algunas de esas situaciones son nombradas por Alejandra Becerra quien dice que las cesáreas son necesarias “cuando hay patologías severas como la preeclampsia severa, diabetes gestacional descompensada o cuando en el transcurso del trabajo de parto se presenta alguna complicación como sufrimiento fetal agudo”.

Para la matrona, “es importante apelar a la honestidad del equipo tratante y lo mejor para evitar cesáreas innecesarias es dejar que el embarazo llegue a su fin o sea, no realizar inducciones mal indicadas para que el trabajo de parto se produzca en forma espontánea. De esta forma estaremos evitando un gran número de cesáreas”, sostiene.

Y es en el precio de estas intervenciones donde existe gran diferencia y donde a lo mejor se puede direccionar la mirada hacia un lucro evidente, pues a pesar de lo que menciona Alejandra con respecto a la similar cobertura por parte de los diferentes sistemas de previsión, Pabla dice que en el caso de la cesárea, “se requiere de una serie de aparatos y arsenales médicos que tienen un alto costo, por lo que las diferencias económicas llegan a ser de hasta un 100%”.

Así, cuenta que un estudio realizado en 2009 por el Fondo Nacional de Investigación y Desarrollo en Salud (FONIS), demostró que hay “grandes diferencias de gastos monetarios que implican la atención de los distintos tipos de nacimientos”.

De ello se informó que mientras un parto natural fluctúa entre los 2 mil 564 pesos, una cesárea bordea los 115 mil pesos, esto sólo tomando en cuenta los insumos y no el costo del personal ni días cama en un recinto hospitalario.
Con todos estos datos, Pabla Pérez afirma que “es lógico creer que existe un negocio con respecto a los nacimientos”. Además, dice que es necesario considerar que la recuperación de una cirugía “es mucho más lenta y como si fuera poco, tiene seis veces más riesgos de salud para la mujer”.

Algunos de estos riesgos son en palabras de Pabla, “el rechazo a la anestesia, reacciones adversas a los medicamentos, infecciones de vejiga y útero, histerectomía, hemorragias y lesiones al recién nacido”.

Al contrario de lo anterior, Alejandra Becerra opina que “es mejor un parto natural que una cesárea, ya que para empezar el apego se logra más precozmente y es de mejor calidad, la recuperación del parto es mucho más rápida y la lactancia en general también es mejor”.

“Por último, existen estadísticas que dicen que las mujeres que optan por la cesárea electiva tienen más riesgo de desarrollar depresión post parto que la que esperó que el nacimiento se produjera espontáneamente, esto debido al cóctel de hormonas naturales que se liberan durante el trabajo de parto, como la oxitocina natural (la hormona del amor) muy distinta a la artificial”, declara la matrona.

“Existen estudios que demuestran que la cesárea puede ser 6 a 7 veces más riesgosa que un parto vaginal, generando mayor probabilidad de muerte materna, coágulos en las piernas, test de Apgar bajo, incidencia de placenta previa, etcétera. Ahora ¿Por qué es mejor un parto natural?, porque simplemente así es el proceso natural de la vida”, manifiesta Pabla Pérez.

Para Alejandra Becerra es muy importante que como usuarios “nos informemos y exijamos nuestros derechos y al mismo tiempo, que el equipo médico realice su trabajo de la forma más profesional, empática y honesta posible. La forma en que nace un individuo lo marca para toda la vida, por lo tanto si queremos una sociedad mejor, traigamos al mundo seres humanos nacidos en ambientes cálidos, amorosos y personalizados”, manifiesta.

Tener hijos cueste lo que cueste

Hoy, muchas parejas buscan incesantemente engendrar hijos y conformar una familia de manera convencional. Sin embargo, pueden pasar años hasta que este proyecto se concrete y por eso es que buscan asistencia médica, para que puedan ayudarlos en éste, un problema que con el tiempo se ha vuelto muy común.

Y en pedir ayuda no hay ningún problema, lo negativo y lo que se cuestiona es que los tratamientos pro fertilidad son hasta el momento muy costosos y por lo tanto sólo unos pocos tienen acceso a ellos. Además, no son 100% efectivos, por lo que la ansiedad, el estrés y hasta la desesperación se suman en esta búsqueda que muchos dejan sólo a la ciencia, olvidando todo lo que pueden aportar en forma natural. La paciencia es un ejemplo.
 

Al respecto, Pabla Pérez dice que a pesar de que en Chile este tema no es tan masivo como en otros países, sí hemos tenido un aumento en lo que a uso de tecnología de la fertilidad artificial se refiere.
“Los tratamientos son muy costosos y de larga duración; muchos cumplen su objetivo (mientras algunos dicen que el 60% resulta positivo, otros simplemente aseguran que no son eficaces para aquellos que tienen más de un 30% de posibilidades de concebir de manera natural), pero no sabemos realmente si es porque así fue el proceso natural del cuerpo o porque la biotecnología lo logró”, afirma Pabla, quien además dice que son los mismos médicos quienes advierten “que estas técnicas no siempre son efectivas”.

“En problemas de fertilidad debiéramos ser pacientes, los hijos llegan cuando así debe ser. Creo que debemos intentar por métodos menos invasivos antes de empezar directamente con un método clínico que además costará mucho dinero y que, posiblemente, se tarde varios meses antes que suceda el embarazo. Recomiendo ser pacientes y buscar la raíz del problema, mejorar nuestros hábitos de vida, los que claramente inciden en nuestra salud”, asevera Pabla.

Con lo anterior se puede inferir que aquí la pareja que paga tiene derecho a cumplir con su deseo de ser padres y la que no, sólo debe soñar con la paternidad. Hoy en Chile – donde un 10% de las parejas en edad fértil tienen problemas para tener hijos – son pocos los que tienen la posibilidad de ser asistidos con estos costosos tratamientos.

Pero más allá del acceso, el tema del lucro desmedido al parecer está en lo poco eficientes que resultan estos procedimientos en relación a las altas sumas de dinero que se cobran por ellos (desde 300 mil hasta 6 millones de pesos por intento de embarazo, El Mostrador).

“Éste es un sector dominado por el marketing. Los médicos se dedican a vocear sus tasas de éxitos y su tecnología avanzada con el propósito de convencer a parejas infértiles, dispuestas a pagar grandes sumas de dinero con tal de tener un niño”, menciona el profesor de ética médica de la universidad australiana de Nueva Gales del Sur, Amin Abboud, al diario español El Mundo.

De aquello se puede deducir que los métodos que son promocionados para combatir la infertilidad no son la panacea, tal como se presentan hoy y por eso resulta absurdo el negocio que gira en torno a ellos, donde abundan las falsas promesas y la poca rigurosidad por parte de los médicos, quienes incluso en la actualidad realizan exámenes que no son concluyentes para saber la real causa del problema y aún así continúan con el procedimiento.

“Cuando el resultado es negativo, sucede algo curioso. Las clínicas que se supone cuentan con un equipo multidisciplinario que incluye un departamento de psicología especializado, reaccionan como si el paciente que tuvo un resultado negativo, no debiera cuestionarles (…) pareciera que una vez depositado el cheque inicial, el paciente es un cliente cautivo y debe soportar lo que sea” (sic). Extracto del blog En la fila de espera que cuenta la experiencia de una mujer en busca del embarazo, que si bien no es la generalidad, es un ejemplo de lo que algunos han vivido.

Pague para funcionar bien

El último de los temas donde queremos evidenciar el lucro es el de la sexualidad, específicamente en lo que respecta a la búsqueda de una mejor relación íntima con la pareja a base de píldoras que potencian la libido – el ya conocido Viagra por ejemplo - y otros como los de mejorar condiciones como la homosexualidad.

Frente a eso, es interesante darse cuenta cómo hombres y mujeres se aferran a cosas externas y pagan por ellas para así funcionar mejor y acorde a las expectativas de su entorno.

Al respecto, la estudiante de sociología dice que “si bien las empresas son las responsables de este montaje de productos que son muchas veces un engaño, por otra parte estamos los consumidores, quienes pagamos y exigimos estos medicamentos para que solucionen nuestra vida”.

 
“No me sorprende que dentro de este sistema existan médicos sin criterio alguno que creen que la homosexualidad es una enfermedad, así como hay algunos que eliminan la menstruación para siempre o extirpan el útero. Todo forma parte de un negocio, de una maratón de publicidad engañosa”, alerta.

En este contexto, comenta que puede apreciarse a simple vista “un desconocimiento total de nuestra sexualidad y una pobreza al respecto de la misma. ¿Por qué en vez de buscar potenciadores sexuales no exploramos nuestra sexualidad con creatividad y amor?”, cuestiona.

Por último, critica a este modelo y al respecto dice que “todo esto sucede porque vivimos inmersos en un estilo de vida que va de la mano con un sistema económico de mercado capitalista y patriarcal que nos ha hecho perder el control de nuestra sexualidad, relegándonos a subsistir meramente como máquinas bajo un control automático de nuestros cuerpos”, y es por eso que “como sociedad  y consumidores de enfermedad, tenemos el 50% de responsabilidad en todo esto porque no nos informamos, ni cuestionamos desde adentro”.

“Sólo responsabilizamos a los agentes externos de nuestra dolencias, pero no vemos más allá ni tomamos el control de nuestra salud a través de cambios tan básicos como mejorar nuestra alimentación, dormir las horas necesarias, respirar aire puro, hacer ejercicio, entre tantas otras cosas, tan mínimas, que podríamos considerar para empezar a cuidar nuestros cuerpos y no dejar que otros nos invadan y terminemos lamentándonos por no habernos informado antes”, concluye.

Tráiler del documental “The business of being  born” (2007) o “El negocio del nacimiento”, cinta que muestra cómo el nacimiento pasa de ser algo natural a convertirse en una máquina de hacer dinero. (En inglés).

Otro documental: Eggsploitation, que muestra el negocio de la infertilidad y de las posibles consecuencias que trae ser donante de óvulos (mujeres a las que se les llega a ofrecer 100 mil dólares por ellos). (En inglés).

 
 
Punto Vital Agosto 2011 ©
 
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