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Quedar embarazada a los 40 años es todo un desafío
 
La importancia de estar consciente
El retraso en la maternidad ha dado pie para que algunas mujeres busquen en esta última etapa fértil la chance para traer un hijo al mundo. Sin embargo, y a pesar de que la tecnología médica ha avanzado a pasos gigantescos, sigue siendo riesgoso (no malo) ser madre durante la cuarta década.
 
Carla González C.
 

La maternidad es para algunas mujeres un sueño que se gesta desde la infancia. Para ellas, cargar una guagua entre sus brazos es la máxima expresión de amor y compromiso que la vida le pueda entregar a una persona y es por eso que este proyecto se mantiene fijo en sus mentes hasta la etapa en que pueden hacerlo realidad.

Con el paso del tiempo sin embargo, la idea de retrasar la llegada de los hijos ha ido ganando espacio en aquellas mujeres que mantienen además otros proyectos de vida, tales como el estudio, la realización profesional o simplemente el disfrute personal. Así, la tasa de natalidad ha ido disminuyendo en todos los grupos etarios (excepto el adolescente), retrasándose así la “llegada de la cigüeña” en ocasiones hasta el término de la tercera e incluso inicios de la cuarta década.

Lo fundamental aquí es saber que ser madre a los 40 no es ningún pecado, es más, sucede con frecuencia y no por eso hay que pensar en que la vida es un difícil y pedregoso camino. Al contrario, en muchas oportunidades esos niños son buscados en esta etapa de la vida, donde la mujer ya se siente con la confianza suficiente – ya sea por primera o más oportunidades – de iniciar un camino con ese pequeño ser.

El médico gineco – obstetra y jefe del servicio de ginecología y obstetricia del Hospital Barros Luco, doctor Pablo Lavín, afirma que ser madres a los 40 no es nuevo y de hecho cuenta que antiguamente era algo muy frecuente, “nuestras bisabuelas no contaban con métodos anticonceptivos, por lo tanto no tenían grandes formas de regular su fertilidad”, explica.

Por otro lado, el especialista dice que la menopausia - que en Chile asegura se da aproximadamente a los 48 años - es una etapa en la que las mujeres aún pueden ser fértiles y asegura que a pesar de tratarse de casos muy aislados, “puede llegar hoy una mujer de cincuentayalgo años embarazada a tener un parto. Ahora es rarísimo, pero antes era muy frecuente”, dice.
 

La mujer que se embaraza a los 40 años tiene más posibilidades de tener un parto prematuro, albergar a fetos con restricción de crecimiento, pero de mayor peso. Esto último podría ser asociado al padecimiento de diabetes por parte de la madre.

En este mismo contexto, el doctor Lavín indica que una de las razones por las cuales la mujer podría decidir tener hijos recién al entrar en la cuarta década, es su incorporación  en el mundo laboral, situación que impide una dedicación al ciento por ciento. “Antes las mujeres eran madres en promedio a los veintitantos y hoy están tratando de llegar cerca de los treinta”, menciona.

Aumento de edad = aumento de riesgos

En palabras del médico del Hospital Barros Luco, el mejor momento biológico que tiene la mujer para ser madre es alrededor de los 22 años. A partir de allí, los riesgos comienzan a hacerse presentes y por lo tanto, ya a los 40 hay muchas más dificultades para sobrellevar este proceso.

Con el aumento de la edad, dice “empiezan a aumentar los riesgos y la frecuencia de enfermedades asociadas al embarazo, como la hipertensión (patología predominante en las muertes de madres durante el proceso reproductivo) y la diabetes gestacional” y con ello se establece una baja de la fecundidad y por lo tanto una mayor dificultad de concebir un hijo.

Y si bien a los 30 no se entra en la categoría de un riesgo tan elevado, el doctor Lavín afirma que a los 40 sí es riesgoso pasar por este tipo de experiencia y al respecto manifiesta que “un tercio de los embarazos se pierde por aborto espontáneo, lo que denota una calidad de ese huevo, donde muchos de ellos tienen anomalías congénitas y cromosómicas”, asevera.

Entonces, explica que además de que la mujer en esa edad está ovulando menos, sus óvulos son de peor calidad, pues se trata de aquellos que “han estado sometidos al embate de los agentes físicos que le pueden llegar al ovario, sobre todo radiaciones”. De esta manera, los cromosomas quedan expuestos a este tipo de cosas que resultan dañinas para su desarrollo.

Con respecto al por qué con el avance de la edad la eficiencia del óvulo se va perdiendo, el gineco – obstetra dice que en la mujer, estos huevos se forman durante su proceso gestacional (y no al comenzar su ciclo menstrual). Es entonces dentro del útero de su madre donde esta quizás futura mamá comienza a generar información, que junto con el crecimiento va disminuyendo en número y también en calidad.

El doctor Pablo Lavín cuenta que ya al nacer, la mujer pierde aproximadamente 6 millones de óvulos (a las 22 semanas de gestación posee 7 millones). Cuando empieza a menstruar, le quedan 400 mil y de esos – y en caso de no embarazarse nunca y no tomar anticonceptivos – ovularía 450. “Todo el resto se pierde porque no todos llegan a ovularse”, cuenta.

Por esta “mala calidad” y envejecimiento de los óvulos es que aumentan las enfermedades cromosómicas, lo que para el médico trata de “uno de los factores que lleva a la pérdida de estos embarazos y a que nazcan niños con mayor probabilidad de malformaciones”.

En esta misma línea, el doctor Lavín dice que la probabilidad de que una madre de 40 años dé a luz a una guagua con estas características de 1 en 30, en cambio, al ser la mujer más joven, el riesgo se reduce a menos de uno en mil.

Para el médico, los riesgos de adquirir una enfermedad a través del parto tienen directa relación con las primíparas, es decir, mujeres que tiene un hijo por primera vez. Además, el factor edad – que es en definitiva el mayor punto en contra de esta experiencia – es la que incide en la adquisición de patologías asociadas.

A partir de lo anterior, el especialista del Hospital Barros Luco menciona que estos embarazos no son recomendables para mujeres que ya han tenido guaguas, pues las posibilidades de toparse con los riesgos aumentan aún más. En cambio, dice que “si se trata de una paciente que no ha tenido nunca hijos, que recién encontró pareja y quiere reproducirse, se puede y la mayor probabilidad es que salga todo bien, pero debe estar consciente de que de igual forma corre más riesgos que una mujer joven”, explica.

Con respecto a este último punto, el doctor Lavín es enfático en recalcar que si bien el embarazo es considerado como un momento natural y de felicidad no sólo para la nueva madre, sino que también para todos quienes la rodean, se debe tomar en cuenta que esta experiencia “produce daño”, el que puede incluso llevar a la muerte a una mujer. “Lo natural no es sinónimo de sano”, agrega.

Fuera de eso, los cuidados en mujeres de 40 años que se encuentren embarazadas no distan mucho de aquellas más jóvenes. El consejo es estar en constante control médico, llevar una buena calidad de vida, hábitos sanos e incorporar al proceso, constante y regulada actividad física.

¿Lo esperabas o no?

Para aquellas mujeres que no deseaban o al menos no esperaban un embarazo durante la cuarta década, la noticia puede causar un verdadero impacto y ello definitivamente puede alterar todo el resto de la experiencia.

Según el psicólogo clínico y psicoterapeuta Ps. Patricio Venegas Marín (www.psicoterapeutas.cl) – quien menciona que no se trata de generalizar sino de ver lo que ha podido percibir durante su experiencia – “la mayoría de las mujeres que se embaraza pasados los 40, no quería tener guagua”.

Y desde ese punto de vista, menciona que aún cuando el deseo de tener un hijo no estaba en sus planes, asume de todas formas esta nueva condición y sale adelante, cosa que no pasaría en aquellas más jóvenes, quienes se muestran felices desde el comienzo con esta noticia. “Las primeras aún con todo el enojo, aperran igual”, dice Venegas.

 

El Ps. Patricio Venegas dice que para hablar de este tema es necesario agrupar a las mujeres en dos categorías: aquellas que sí buscaban tener hijos y las otras que quedaron embarazadas, pero que no tenían contemplado traer niños al mundo. También es necesario conocer si esta mujer tiene o no más hijos, un dato no menor a la hora de conocer cómo se da este tipo de relaciones.

Para el profesional, quienes no buscaban un embarazo en esta etapa de la vida “lo pasan súper mal”, donde son características las peleas con la pareja, mutuas recriminaciones, múltiples cuestionamientos, un gran susto por malformaciones cromosómicas como el Síndrome de Down, entre otros.

“También son frecuentes los cuadros depresivos”, menciona Venegas quien agrega que muchas veces estas personas son diagnosticadas al finalizar el proceso, es decir, indican que en ellas hay una depresión post parto, pero pocos pueden ver más allá y contemplar que el problema viene de muchos antes, o sea, desde el momento en que supieron que serían madres. En relación a los cuestionamientos, el psicoterapeuta menciona que una de las cosas que más pasa por la cabeza de estas mujeres es preguntarse cómo compatibilizarán la maternidad con su actividad diaria.

Una difícil convivencia

Al pasar los años, la relación madre e hijo también puede variar al haber una gran cantidad de años de diferencia. Frente a esto, y según su experiencia clínica, el especialista menciona que “en la mayoría de los casos son puros desastres” y explica su aseveración diciendo que “es como si la culpa de no haberlo querido con tantas ganas, la traspasaran dándoles en el gusto en todo”.

Entonces, esa suerte de sentimiento de culpa tiene como consecuencia adolescentes rebeldes, consentidos y padres muy flexibles que pierden de a poco la autoridad frente a esta falta de límites.

Otra conducta recurrente es la de descansar en los hijos mayores, entregándoles la tarea de cuidar al niño, tal como si fueran las madres y por lo tanto, responsabilizarlos de cualquier eventualidad.

 

En esta misma línea, el profesional indica que muchas de estas personas, en especial las mujeres, abordan las consultas de los psicólogos sintiendo depresión por sentirse malas madres al darse cuenta de que tienen hijos fuera de control. “Es como si lo único que quisieran es cachetearlos”, asegura.

Por supuesto, el escenario es diferente cuando la mujer (junto a una pareja o no) decidió quedar embarazada y el transcurso de esta espera estuvo rodeada de tranquilidad y ansias por conocer al nuevo integrante de esa familia. En estos casos, Patricio Venegas asegura que la relación con los niños es muy buena, interesante y satisfactoria. “Parece que el querer entrega muchas más fuerza que el tener que apechugar”, admite.

¿Y los papás?

Para el psicoterapeuta – quien hace una generalización de este tipo de situaciones - “el hombre chileno es un papá bastante ausente” que más que estar ahí en todo momento, se hace presente al finalizar el día, en una especie de “resumen” de lo que pasó durante la jornada.

Si a lo anterior le sumamos el factor edad, manifiesta que la ausencia es aún mayor, pues los intereses de los hombres en edades superiores a los 40 años pueden ir desde una máxima devoción por el trabajo hasta el disfrute de pasatiempos que están fuera de la casa como los eventos sociales y las reuniones con amigos.

Además, Venegas siente que los papás están cada vez más cansados, por lo tanto, “ya no tienen la misma fuerza física y no andan jugando a la pelota en forma tan frecuente como cuando tenían 30”. También hay algunos que dicen sentirse traicionados por la mujer, quien no les dijo, no le avisó, no se cuidó, etcétera.

Frente a esto último, Patricio Venegas es claro y dice que la mujer debe aprender a no mal acostumbrar al hombre, quien suele atribuirle todas las responsabilidades. “Mientras la mujer no tenga más autonomía va a seguir cargando con muchas culpas”, sentencia.

Punto Vital Octubre 2009 ©

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