El condón femenino, pese a compartir las mismas funciones, difiere considerablemente del masculino. Se trata de una delgada funda de poliuretano suave (de unos 17 centímetros de largo) y dos anillos flexibles del mismo material (más fuerte y caro que el latex, de ahí su elevado precio, alrededor de 2.000 pesos la unidad). El anillo interior está cerrado y facilita la insercción y colocación del condón; el exterior, y un par de centímetros de la funda, permanecen fuera de la vagina durante la penetración. Cada condón está lubricado con silicona y viene con un envase de lubricante extra a base de agua para quienes quiera más lubricación. Su tamaño es estándar, no requiere ajuste alguno y está diseñado para que la mayoría de las mujeres puedan usarlo.
Según la Family Health International, una de las organizaciones internacionales sin fines de lucro más importante en materia de salud pública, “su capacidad para evitar el embarazo es similar a la de otros métodos de barrera, tales como el diafragma y el condón masculino de látex. Si se usa siempre de forma correcta y sistemática, el método de barrera femenino tiene una eficacia del 95%”.
El Dr. Ramiro Molina, director del CEMERA (Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo Integral del Adolescente), confirmó a Punto Vital la eficacia del condón femenino “siempre y cuando se use correctamente”. Pese a que se trata de un método seguro y sin contraindicaciones (contrario al látex, con el poliuretano no se han notificado reacciones alérgicas), en Chile son muy pocas las mujeres que lo usan. “El problema”, nos explica el doctor, “es su elevado precio con respecto a otros métodos anticonceptivos y la mala distribución. Además, por las pocas experiencias que hemos podido analizar, no ha tenido mucha acepción porque las mujeres no se siente cómodas con cómo deben colárselo”, concluye el experto. |