Quizás deban existir cientos de canciones que lo tengan como protagonista de sus historias, los adolescentes sueñan con el día en que llegue uno de parte de ese primer amor y el compromiso frente al altar sólo se sella cuando el sacerdote dice: “ahora puede besar a la novia”.
Besar. Esos ósculos que pueden dejar a alguien en las nubes o decepcionado frente a lo que, esperaba, fuera una de las experiencias más gratificantes de su vida. Tiernos, apasionados, fríos, cortos o de larga duración, lo cierto es que utilizar los labios es una de las manifestaciones más placenteras que incluso ayudan a quemar calorías y a ser más feliz.
Lo anterior se explica debido a que la ejercitación a la que se someten los 36 músculos que se usan durante un beso, puede llegar a quemar 15 calorías y el contacto salival entre las dos personas logra un aumento en hormonas como la dopamina y la oxitocina, las que se relacionan con las sensaciones de bienestar y gozo.
Para Eduardo Pino Aravena, urólogo y sexólogo, el beso - como acto erótico – puede tener diferentes connotaciones las que dependen de la sociedad donde se esté inserto. Así, mientras el besarse sea una práctica cotidiana en occidente, “en algunas sociedades, como los somalíes, cewa, lepcha y siriono, es absolutamente desconocido y en otras resulta un acto repulsivo”, afirma.
Lo inaceptable en este caso tiene que ver con que en algunos pueblos consideran que el contacto bucal, específicamente el beso en los labios, se relaciona con lo “repelente ante la posibilidad de que la saliva de una persona pase a la boca de otra”.
Además del mundialmente conocido ósculo en la boca, el sexólogo menciona al “beso olfatorio”, el que según el profesional “consiste en colocar la nariz sobre el rostro de la pareja e inhalar. Quizás fue frecuente entre los antiguos egipcios, debido a que utilizaban el mismo término para los vocablos beso y oler”, sentencia. Una variante a este beso sería la forma que tienen de saludarse etnias como los inuit (esquimales), quienes frotan sus narices en señal de afecto.
Otra forma de besar y la que no sólo implica a una relación de pareja, es el beso en la mejilla. Utilizado hasta en situaciones formales, dar un beso en el rostro es para Pino Aravena “un reconocimiento placentero”, concluyendo con esto que la persona que besa, “que usa activamente su boca, obtiene proporcionalmente más placer que quien se deja hacer pasivamente sin usar la propia con correspondiente entusiasmo”. |