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Entregar, contribuir y apoyar voluntariamente por una vida sana
 
Voluntarios por una mejor calidad de vida
Con el objetivo de llevar espacios de sanación, que en ocasiones parecieran estar reservados sólo para los que pueden pagar por ellos, hay quienes toman la decisión de compartir su tiempo con otras personas – enfermos o de menores recursos – para llevarles alegría y el conocimiento de disciplinas que pueden aportar a mejorar su calidad de vida.
 
Carla González C.
 

A pesar de vivir en un mundo en constante movimiento donde todos transitamos rápido y muchas veces sin pensar en aquel que se encuentra a nuestro lado, hay quienes que en forma voluntaria – y por los motivos que sean – toman la decisión de ayudar a quienes más lo necesitan y que de alguna forma gracias a su contribución, pueden hacer que esas personas puedan alcanzar una mejor calidad de vida.

En esta ocasión, Punto Vital quiere mostrarles tres ejemplos de personas que hacen la diferencia. Todos ellos destacan por realizar trabajos que son realmente agradecidos por quienes no tienen la posibilidad de acceder a terapias complementarias o por aquellas personas que buscan salud y bienestar a través de formas de medicina diferentes, donde se les escuche y atienda a sus necesidades con cariño y comprensión.

 
Andrés Gómez, actor: “Nada nos detiene a reír”
 

Desde muy niño, Andrés Gómez estuvo en contacto con el concepto de la solidaridad. Su abuela fue en parte quien le mostró que ayudar a los demás era algo que “había que hacer” y su labor como voluntaria en un hogar de niños abandonados y deficientes mentales hizo que este actor de teatro y televisión se empapara de ese espíritu que hasta hoy cultiva en forma permanente.

“Crecí viendo y sabiendo que siempre debía hacer algo por los demás y no sólo preocuparme de mis problemas. Sentía que como parte importante del vivir en este mundo era saber que todos somos iguales”, menciona.

 
     

Así, al entrar a estudiar teatro y luego con la oportunidad de trabajar en televisión, el actor cuenta que sintió que “era un buen momento de hacer realidad y descubrir por mí mismo qué era lo que sentía desde niño”. De esta forma, comenzó con un periplo que desde 2006 lo lleva a diversos hospitales donde a través de visitas a las habitaciones u obras teatrales en espacios comunes, lleva sonrisas a los pacientes y sus familias.

Al respecto, Gómez manifiesta que “quise a través del teatro poder aliviar ciertos dolores y para eso sentí que la risa era un remedio infalible. Sé que produce cambios importantes en el estado de ánimo de los pacientes, estimula la secreción de endorfinas, los hace más resistentes a los tratamientos y ayuda a cambiar su disposición al estar en un lugar donde la risa y el cariño no están presentes cotidianamente”.

Con respecto a los beneficios que trae la risa en personas que se encuentran padeciendo de alguna enfermedad, el actor confiesa que si bien no tiene conocimientos científicos al respecto, sí tiene claro que en el interior de las personas sí hay una sanación. “Puedo dar fe de que sí se sana el alma, que es algo que muchas veces dejamos de lado y nos enfermamos de cosas que sólo están en nuestra mente. Siento que la risa y el buen humor contribuye mucho en los procesos de sanación de las personas”, admite.

 
Andrés Gómez asegura que la risa “produce emoción, cierta excitación. Te lleva a estados de tranquilidad y en muchos lugares de Oriente dicen que expande la vida” y a pesar de que es mediante esta acción donde el actor llega a la gente, aclara que su objetivo es estar con los pacientes, escucharlos y acompañarlos en su dolor. “Lo de la risoterapia se produce por añadidura”, sentencia.
 

Para el actor, su experiencia le ha permitido ganar muchas cosas, entre ellas, sentir que cumple con el sueño que tenía desde pequeño. “Es una sanación personal que se ha ido desarrollando a medida que he ido conociendo tanto dolor, pero a la vez tanta felicidad. Nada ha sido en vano”, asegura.

 
Props Chile y el proyecto Jukai: “yoga y salud para todos”
 

Debido a su alto costo, disciplinas como el yoga se convierten en ocasiones en actividades de muy difícil acceso, donde pareciera que estuvieran reservadas sólo para aquellos que tienen los recursos económicos para pagar las clases.

“Es súper elitista” comenta Claudia Sasmay, instructora de yoga, practitioner de PNL y quien junto a su marido,  Christian Hartwig crearon Props Chile, empresa dedicada a la distribución de productos y accesorios especiales para las disciplinas pertenecientes al wellness, entre ellas, el yoga.

Dentro de la responsabilidad social que mantiene Props Chile se inserta un proyecto llamado Jukai, el que nació hace tres años atrás con el objetivo de acercar esta disciplina a fundaciones que trabajan con personas de bajos recursos y que gracias al aporte del yoga, puedan complementar terapias que se imparten en ayuda de quienes necesitan de una oportunidad.

 
     

Claudia Sasmay afirma que la idea era mantener el mensaje que alguna vez se inició con un centro de yoga que tuvieron por un tiempo, pero esta vez, de otra manera. Así, la misión partió con el ofrecimiento de clases gratuitas en aquellos lugares de ayuda social, donde reconoce, “la recepción en un principio no fue la que esperábamos, ya que se preguntaban qué es el yoga”, sentencia y responsabiliza a la falta de información que se tenía acerca de este tipo de disciplinas, lo que hacía concebirlas como algo oculto o esotérico.

Sin embargo, luego de un tiempo, las solicitudes no se hicieron esperar y fundaciones como Paréntesis, María Ayuda y Cristo Vive, se interesaron por participar junto a este equipo, el que invita a profesores que imparten este técnica para que participen haciendo clases tanto a las personas que buscan ayuda en aquellas instituciones, como al equipo de profesionales que trabaja en ellas.

     
Para Claudia Sasmay, llevar el yoga a las personas que tienen carencias afectivas, de dinero o de oportunidades en la vida apunta al ser humano y “les ayuda a ser mejores personas. Así pueden ser capaces de encontrar un mejor trabajo, desempeñarse en algo, tener una mejor calidad de vida, etcétera. Tiene toda una consecuencia”, resalta.
 

Además de estas actividades, Props Chile mantiene hace años la campaña “Recicla tu mat” – colchoneta utilizada en este tipo de actividades – donde se intenta sensibilizar a la comunidad de yoga, para que entregue su material antiguo, por supuesto siempre en buen estado. “Nosotros le damos un descuento en la compra de uno nuevo y luego donamos ese material a las fundaciones que lo necesiten”, cuenta.

Para Claudia Sasmay, esta campaña ha tenido una mejor recepción, pues “hay tantos instructores de yoga actualmente, que ellos mismos se acercan a las fundaciones a ofrecer sus clases, cobrando la mayoría de las veces. Nuestro proyecto era gratuito”, sentencia y por lo tanto, hoy más que llevar yoga a las obras sociales, mantienen la campaña hasta llegar a cumplir el sueño de crear la fundación Jukai. Para la empresaria, “es cosa de tiempo” para que se cumpla.
 
Sonoterapia en el Félix Bulnes: “Un desafío que nunca acaba”
 

La experimentación y las ganas de poder ayudar a los demás sirvieron para que Rodrigo y Zahira Herrera extendieran sus conocimientos en terapias holísticas. Esta pareja de profesores de educación general básica inició su camino aprendiendo – en una primera instancia - cómo trabajar la energía a través de la terapia del Reiki, la que comenzaron a practicar en el Hospital Félix Bulnes.  

Luego de aquella experiencia, la labor que implica el uso del sonido como terapia natural les llamó la atención y casi por casualidad, Rodrigo se interesó por las melodías que se desprendían del didgeridoo, instrumento típico de Australia y que tiene entre sus múltiples cualidades, el de la sanación.

 
     
“A diferencia de otros instrumentos, para tocar el didgeridoo tienes que relajarte. Debes tirar el aire en forma suave y de esa manera junto con la vibración que se produce en los labios, se amplifica el sonido”, menciona. Y quizás a partir de ese mismo relajo, estos jóvenes comenzaron a utilizar esa cualidad para transmitirla a quienes acuden cada semana al hospital para tratar de forma natural sus padecimientos.
 
Rodrigo Herrera cuenta que el nombre oficial del didgeridoo es “Yidaki” que quiere decir, ‘instrumento de conexión espiritual’. Agrega que además de utilizar este elemento, las sesiones se complementan con los sonidos de los cuencos de cuarzo y próximamente la melodía del tambor.
 

A pesar de no haber planeado el utilizar al didgeridoo como instrumento de apoyo para terapias naturales, la experimentación tuvo gran importancia, pues fue mediante una casi improvisada terapia, donde Rodrigo Herrera tuvo acceso a un paciente que sufría depresión y que gracias al sonido de este instrumento pudo encontrar respuestas a su trastorno, lo que le permitió entender el origen de su patología.

Según Herrera, con este elemento sonoro, se debe “canalizar a través de otros puntos, de otros chakras, en este caso el de la garganta. Es por ahí donde se debe enviar la energía”. Desde ese momento, él y Zahira (junto a otros jóvenes con quienes conforman un grupo llamado “Familia de luz”), trabajan voluntariamente todos los días sábado en el hospital, lugar donde se han incorporado pacientes de todo tipo y no sólo aquellos que estén internados en el centro de atención médica.

 
     

Así, personas con trastornos depresivos, psoriasis, estrés, entre otros, se han plegado a esta terapia. “Tanto los médicos como los pacientes han notado cambios entre antes del tratamiento y después de él. Al cabo de unas sesiones sienten que el cuerpo tolera mejor los procedimientos (alópatas)”, sentencia el sonoterapeuta.

Por último, ambos coinciden en que si se tuviera que hablar acerca de alguna recompensa, dirían que a pesar de que no hay un pago económico, sí existe un reconocimiento implícito acerca de su labor lo que los enorgullece y los lleva a trabajar aún más con quienes lo necesitan.

 
Punto Vital Enero 2009 ©
 
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