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Carolina y Vicente no pueden dar con el por qué en Chile los alimentos son más salados
 
“¿Y por qué no con menos sal?”
La joven pareja ha tenido la oportunidad de viajar a muchos países y lo que más les ha llamado la atención es que en la mayoría de estos, los productos que han consumido tienen una clara diferencia: son mucho menos salados que en Chile. ¿La razón? Aún no la encuentran.
 
Carla González C.
 

El título de este artículo fue extraído de un spot que se transmite en la radio y que habla de una conocida marca de sopas, cremas y caldos que actualmente está ofreciendo a sus clientes una línea de productos con un 50% menos de sal, pero sin alterar el sabor que los caracteriza.

Al escuchar la frase radial, Carolina le comentó a su marido, “¿escuchaste? Tienen menos sal. Como las que probamos en Europa”, a lo que Vicente asintió mencionando que justo en la mañana y camino al trabajo escuchó – también por la radio – que el “consumo de sal en Chile es más del doble de lo recomendado por la OMS” (Radio Biobío).

Ambos, Carolina y Vicente, son una pareja de jóvenes profesionales que dentro de las cosas que más les apasiona en la vida es viajar. Por eso, aprovechan cada periodo de vacaciones para armar sus maletas e ir a recorrer la mayor cantidad de lugares que puedan. Brasil, México, Perú, Portugal, España, Rusia, Suecia y Finlandia han sido algunas de sus paradas.

Y es justamente en estos viajes donde han podido percatarse de las diferencias que existen entre los demás países y Chile. Algunas son obvias para ellos, pero hubo una en particular que les causó curiosidad y a la que no pudieron dejar de poner atención: en varios lugares los alimentos procesados son mucho menos salados que en su país de origen.
 
Las principales diferencias que han podido apreciar Carolina y Vicente son en Europa, pues en Latinoamérica – en México por ejemplo - no han notado grandes diferencias. Claro, los aztecas también  consumen el doble de la sal recomendada por la Organización Mundial de la Salud. (CNN México)

“¿Soy yo o esto sabe raro?”, le preguntó Vicente a Carolina mientras degustaban un paquete de galletas que trajeron desde Estocolmo. “No, no es que tenga un gusto extraño. Según yo son menos saladas”, le contestó ella percatándose de que no se trataba de galletas exclusivas de aquel país, sino que eran del tipo de productos que también pueden encontrarse en Chile y que son generalmente utilizadas para untar quesos, pastas o salsas.

Y así les ha sucedido con otros alimentos como el pan en Sevilla, los quesos de Moscú y San Petersburgo y una bebida gaseosa en particular que en Madrid sabía verdaderamente a naranja. “¿Por qué entonces en Chile estos productos son más salados o tienen sabores diferentes si están rotulados bajo las mismas marcas?”, se preguntaba la pareja.

“La cantidad de sodio no se regula”

Lo que la pareja de viajeros no sabe es que los alimentos procesados tienen una cantidad definida de sodio entre sus ingrediente, lo que permite entre otras cosas, dar realce al sabor y conservar el alimento por una mayor cantidad de tiempo.

Asimismo, en la elaboración de los productos alimenticios se suelen agregar otras sustancias que también contienen sodio. Los aditivos son uno de ellos, los que además de potenciar el sabor, también cumplen con funciones conservantes, estabilizantes, emulgentes y gelificantes.

Lo negativo de esto es que las cantidades de sodio utilizadas son mayores incluso a las recomendadas por organismos internaciones como la OMS (también la FAO y la Unión Europea), quienes recomiendan “que la ingesta máxima de sal diaria sea de 5 grs., esto con el objeto de la prevención de la hipertensión arterial” (Estrategia Naos, España. Su símil en nuestro país es Ego-Chile).
 
 

En Chile esa cantidad es duplicada, siendo consumidos 9,8 grs. de sal al día, según la encuesta de salud 2009 (el Minsal habla de 12 grs. y en España, 9,7 grs. diarios también en 2009), potenciando con esto las enfermedades asociadas. La más relacionada es la hipertensión, donde actualmente “el 34% de las personas mayores de 17 años” la padece aumentando al 54% en personas entre 45 y 64 años. (Chilenoticias, abril 2011).

Con estos datos, Vicente y Carolina comenzaron a preocuparse y por ello dedican más tiempo a leer las etiquetas de los alimentos que compran. Nunca dejan de asombrarse con los altos índices que contienen los productos y más aún al darse cuenta de que todos – incluso productos dulces como las galletas y los chocolates – contiene este preservante.

Y si lo anterior es preocupante, quizás lo es más todavía pensar que algunas etiquetas no revelarían información verdadera con respecto a los índices de sodio que contienen los productos. Así lo reveló al menos el estudio realizado por la Asociación de Consumidores – Conadecus - publicado a comienzos de este año donde se encontró que las etiquetas de los helados en cassata “indican determinados porcentajes de cada contenido, los cuales no coinciden con lo arrojado por el estudio” (Conadecus).

Así, esta corporación indicó que “en algunos casos, se sobrepasó en un 100% el nivel de sodio recomendado para una persona diario y en un 500% en colesterol y grasa”. ¿Qué sucede entonces con el etiquetado y la información impresa en ellos?

Al respecto, el médico, candidato a Doctor en Nutrición y Alimentos y asesor médico del Departamento de Alimentos y Nutrición del Ministerio de Salud (Minsal), doctor Diego Gaitán Charry, menciona que “el etiquetado nutricional de los alimentos obliga a los productores a declarar cuánto contenido de algunos nutrientes – entre ellos el sodio -  tienen en sus alimentos”.

Según cuenta el doctor Gaitán, “toda compañía que incurra en falsear información obviamente será procesada”, asegurando que “las Seremis de Salud también hacen fiscalizaciones de este etiquetado nutricional y hasta donde tengo entendido, no se han detectado irregularidades en la ley y en ese sentido, podríamos pensar que las compañías están siendo responsables”.

Para el doctor Diego Gaitán, “el etiquetado nutricional de los alimentos es uno de los grandes retos con los que tienen que cumplir los productores”. En ese sentido, cree “que vamos por buen camino con el rotulado que usamos ahora, el que irá evolucionando hasta el punto que cumpla su objetivo final que es que las personas entiendan claramente”, dice.

Con respecto a la realidad en nuestro país y a la posibilidad de instaurar una ley que regule las cantidades de sodio, el asesor médico del Minsal afirma que “en Chile desde 2006 se exige el etiquetado nutricional obligatorio, el que exige declarar el contenido de energía, hidratos de carbono, proteínas, grasas y sodio”.

Además de esto, continúa, “actualmente, se discute en el Senado la ley de alimentos y su publicidad, que entre otros, obligaría a rotular como ‘alto en’a los alimentos cuyo contenido de energía, azúcares, grasas y sodio sea alto. También se está regulando la claridad que debe tener aquel etiquetado y en el caso de algunas empresas, que se coloque el rótulo de bajo en sodio en algunos alimentos que cumplen la reglamentación sanitaria al respecto”, aclarando que hasta ahora, “no se regula el nivel de sodio que pueda tener un producto”.

En relación a estas normas, el doctor Gaitán menciona que ha habido una preocupación por parte de los productores de alimentos más grandes a nivel internacional con respecto a este tema. La mejor prueba de ello, cuenta, es la firma (con la OMS de por medio) de un documento donde expresan su compromiso en cuanto “a que la calidad de los alimentos producidos, en Europa por ejemplo, fuera la misma que llegara a Latinoamérica”.

Por mientras, el pan está en piloto

Mientras en 2011 Chile discute si promueve la ley de etiquetado de alimentos, en 2004, las instituciones relacionadas con la seguridad alimentaria y la nutrición de los países miembros de la Unión Europea (donde además se sumó Noruega y USA planea también hacerlo) reconocieron que “el nivel de consumo de sal es, en la mayoría de los países, un asunto de gran importancia” y por eso tomaron la decisión de bajar los niveles de ingesta de este compuesto en proporciones como por las que aboga Francia (8 g/día); Gran Bretaña, Austria, Alemania, Bélgica y Dinamarca (6 g/día); Suecia (5 a 6 g/día), Noruega y Grecia (5 g/día) y Finlandia (3 a 5 g/día).

 
 
“Varios países han implementado con éxito programas de reducción en el consumo de sal, incluyendo Japón, Finlandia y recientemente el Reino Unido, que ha pedido ayuda a la industria alimentaria, sea ésta voluntaria o a través de decreto legal. Otros países, incluyendo Australia, Canadá, Irlanda y Holanda están empezando a implementar actividades en esta área”. (Heart)

En este tema, el Minsal está trabajando – tal como lo han hecho países como España (2005), Francia (2004) y el Reino Unido (2001) - en un plan llamado “Programa Piloto de Reducción de Sal/Sodio en el Pan”, el que llama a través de un acuerdo voluntario a la industria panadera a disminuir el contenido de sal/sodio en la elaboración de sus productos.

En este contexto, el doctor Diego Gaitán menciona que se escogió el pan debido a que “Chile es el segundo país consumidor de este alimento a nivel mundial”. Además dice que la elección también se debió a los resultados que arrojó un análisis realizado por la Secretaría Ministerial de Salud Metropolitana, donde se demostró que este alimento “tenía un contenido de sodio – en promedio - de 780 mg. por cada 100 grs. de pan”.

Con estos antecedentes, agrega, se inició un trabajo tanto con la Federación Chilena de Industriales Panaderos (Fechipan) como con las cadenas de supermercados que produjeran su propio pan y “se les pidió adherirse a un acuerdo voluntario (por lo tanto, no reglamentario) al cual accedieron trabajando por disminuir paulatinamente el sodio al año 2014 para llegar a 400 mg. de sodio por 100 grs. de pan”.

Aquí, la misión del ministerio no es fiscalizar que este acuerdo se cumpla, sino tal como dice el médico, “vigilar” su práctica y orientar a la población acerca de este programa. Según lo que informa el doctor Gaitán, próximamente se realizará esta misma estrategia con las cecinas, ya que también son productos muy consumidos por los chilenos y que también tienen un alto contenido de sodio.

En cuanto a la posibilidad de que en el futuro otros productos procesados se integren a planes de reducción de sal como los que hoy se están estudiando, el profesional afirma que “las posibilidades están abiertas para cualquier alimento”.
 

Limite el consumo de sodio
A modo de recordatorio, el doctor Diego Gaitán menciona que el daño más evidente que produce el consumo excesivo de sal recae en el aumento de las cifras de presión arterial, “aun en las etapas más tempranas de la infancia” y que en la adultez se traduce en la enfermedad conocida como hipertensión arterial.

Además, comenta que esta enfermedad es “el principal factor de riesgo para todas las enfermedades cardiovasculares como el infarto agudo al miocardio, la enfermedad cerebro-vascular y otros vasos como la aorta y la de los miembros inferiores”.

La enfermedad renal, los cambios en la resistencia de los vasos sanguíneos para el flujo de la presión y el aumento de la masa cardiaca, también son consecuencia de esta ingesta poco saludable según el especialista.
 
Punto Vital Octubre 2011 ©
 
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