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La donación de órganos también tiene detractores
 
Los pro y los contra de una decisión en vida
El tema de la donación de órganos se ha mantenido en la contingencia desde hace varios meses y sin duda el caso de Felipe Cruzat abrió paso al debate sobre los trasplantes, el bajo número de donantes que hay en nuestro país y de cómo los chilenos afrontamos este tema.
 
Carla González C.
 

Sin duda, la sobreexposición del tema de los trasplantes permitió que las personas, de alguna u otra forma, tocaran el tema en sus casas, junto a sus parejas o con su círculo de familiares y cercanos.

Y es que la posibilidad de entregar nuestros órganos al momento de morir se transformó de un momento a otro de una decisión personal a un llamado masivo hecho a través de los medios de comunicación, siendo la premisa de “querer un corazón” una frase que tuvo múltiples interpretaciones, desde un llamado a la compasión hasta la necesidad de contar con una muerte para salvar una vida.

Hoy, nuestro país cuenta con un déficit de órganos para trasplantes y eso mantiene preocupadas tanto a las autoridades como a quienes están agrupados en la Corporación Nacional del Trasplante, entidad privada sin fines de lucro que tiene entre sus objetivos generales el de “promover la donación de órganos y tejidos a través de actividades de difusión, educación y sensibilización de la opinión pública”.

El gerente general de esta institución, Ernesto Palm, cuenta para Punto Vital acerca de este tema y de la visión que tienen con respecto a la forma en que se debiera tratar la donación de órganos, lo que para ellos tiene que ver con una situación más ligada al altruismo, que con algo tan mediatizado y compasivo, cosa que ha provocado sin duda, que muchos no tomen partido por esta decisión.

 
Al cierre de esta edición, diputados de la Concertación anunciaron “un compromiso de urgencia legislativa para tramitar en el Congreso el proyecto de ley sobre donaciones, con el fin de eliminar todas aquellas discrepancias antes que éste llegue al Senado”. (Fuente: emol.com)
 

Con respecto a las trabas que existen actualmente y que impiden que los donantes aumenten en cantidad, Ernesto Palm comenta que “básicamente el tema pasa por la educación de la gente y por la infraestructura necesaria para hacer el procuramiento de órganos”, cosas que distan de la avanzada técnica con la que cuenta la medicina en Chile para llevar a cabo esta clase de procedimiento.

El problema, según su opinión, es que el procuramiento “no es una política de estado”, sino que es algo que hasta ahora corresponde a una misión que sólo está en manos de la corporación. “Sí se están haciendo grandes esfuerzos por crear una unidad con el ministerio de salud, aunque no sabemos si lo harán en conjunto con nosotros o se tratará de una organización nacional de trasplantes”, comenta.

 
Una donación llena de mitos
 

Otra de las barreras con las que se encuentran quienes desean que en nuestro país haya más donantes de órganos, son los múltiples mitos que se tejen alrededor del tema y que según el gerente general de la Corporación Nacional del Trasplante, logran que muchas personas y sus familias se arrepientan o decidan no llevar a cabo esta gestión.

Algunos de los mitos que menciona son aquellos ligados a las religiones que hablan de que las personas tienen la creencia de que luego de la muerte viene la resurrección y por lo tanto, al donar sus órganos, no estarían volviendo a la vida en forma completa. “La verdad es que las religiones nunca han dicho eso”, asegura Palm y agrega que los credos “nunca han aseverado que resucitaremos en cuerpo, sino supuestamente en alma”, manifiesta.

 
     

Otra idea errada es aquella que habla del mal trato que recibiría un donante a la hora de acudir a un centro asistencial, pues se intentaría dejarlo morir para así extraer sus órganos. Al respecto, sentencia que “obviamente eso no es así, pues el hecho de poseer la condición de donante no significa un trato ni peor ni mejor”.

Quizás el más recurrente de los mitos es, para Ernesto Palm, la confusión que se provoca con el tema de la muerte. Según sus palabras, “este proceso es uno solo y se inicia con la muerte cerebral, o sea cuando el cerebro se muere, la persona ya está fallecida y no hay opción de que el paciente pueda vivir”.

Lo que sucede aquí, explica “es que el cuerpo debido a procesos naturales puede hincharse o deshincharse, produciendo algunos movimientos inesperados, pero eso no significa que la persona esté viva”. Además, dice que lo que algunas personas cuentan acerca de que la extirpación se realizaría aún con la sangre circulando, se trata de un procedimiento mecánico, el que debe realizarse para así mantener a los órganos en funcionamiento.

 
En 2002, el médico nefrólogo doctor Emilio Roessler publicó en el segmento “Artes y Letras” de diario El Mercurio un documento que habla acerca de la ética y los trasplantes y al respecto menciona: “el paciente que ha sufrido muerte cerebral está, irremediablemente, en su rápido proceso que determinará en pocas horas paro cardíaco irrecuperable, hágase lo que se haga y, aún más, si no estuviera en una Unidad de Cuidados Intensivos, habría muerto en el momento de estructurarse su muerte cerebral ya que por definición, ella se acompaña de paro respiratorio”.
 
Los trasplantados y su calidad de vida
 

Quienes no están a favor de los trasplantes argumentan su posición diciendo, entre otras cosas, que la calidad de vida de quienes se someten a esta intervención no es buena y de hecho, es cosa de tiempo – en algunos casos - para que el cuerpo rechace al nuevo órgano, lo que impedirá la idea de una garantizada y perdurable esperanza de vida.

Una de esas personas es Nelson Hill, diseñador gráfico y docente. Según su opinión, “el tema de los trasplantes no es ciencia exacta; en algunos casos funciona bien, pero en la mayoría el paciente tiene que someterse a terapias de inmunosupresión, para evitar el rechazo. Es decir, tu organismo es llenado de químicos para evitar que funcione como debe”, manifiesta.

En esta misma línea, el profesional sentencia que “las personas trasplantadas sobreviven con una calidad de vida mala y por muy poco tiempo. Si no fuera así, habría una sociedad de trasplantados haciendo campaña, cosa que no existe, ya que la mayoría fallece en el corto plazo”.

Frente a esta idea, Ernesto Palm dice que desde el primer transplante en Chile hasta hoy ya han pasado unos cuarenta años y que por lo tanto “la sobrevida se va viendo con el correr del tiempo. Hay personas operadas, por ejemplo de riñón, que llevan treinta años trasplantadas y están en perfectas condiciones”, sentencia.

“En todos los casos, el cambio en la calidad de vida es fundamental”, asegura y en cuanto a la sobrevida, manifiesta que en promedio (y hablando de los trasplantados de riñón), el ochenta por ciento de los pacientes tiene una esperanza de 10 años.

“A medida que la ciencia avanza van a haber más novedades al respecto”, menciona, pero al mismo tiempo dice que aquel tratamiento inmunosupresor, si bien tiene efectos positivos al no permitir el rechazo del órgano, se trataría “como toda droga”, de algo tóxico para el organismo.

 
Para Ernesto Palm, el rechazo continuo de órganos por parte de un paciente corresponde a “casos excepcionales”. Al respecto explica que “como en todo tipo de patologías, hay tratamientos que a algunas personas les hace bien y a otras no. En el caso de varios rechazos, quiere decir simplemente que no estaba destinado a recibir un buen trasplante (ejemplo tomado de una paciente que al momento de la entrevista estaba optando a un tercer trasplante de hígado)”.
 
Una opción personal y no televisada
 

“El pedir por los medios sensibilidad al respecto y que la gente abra su corazón lo encuentro aberrante”, dice enfático Nelson Hill, quien explica su aseveración diciendo que “en el fondo, estás pidiendo que alguien se muera para que te done los órganos – los que además deben ser compatibles – para que tu ser querido sobreviva”.

Esta acción que para el diseñador es “egoísta y cliché” es de alguna u otra forma también compartida por el gerente general de la Corporación Nacional del Trasplante, quien menciona que el hecho de tomar la decisión de donar un órgano es totalmente personal y que lo que se debiera trabajar no es ni la sensibilización de la población ni la exposición mediática, sino que la educación correcta en el tema.

 
     
“Cuando se manosean estos casos y sale una mamá diciendo ‘mi niñito se va a morir si no hay un hígado’, es delicado”, pues existirá esta lectura ya antes mencionada – la de esperar la muerte de alguien para poder hacer el trasplante – lo que puede resultar “terrible, inhumano y equivocado”, sentencia Palm, porque después de todo lo correcto sería abogar porque el sistema funcione de la manera correcta y trabajar por ello.

Para él, gran parte de quienes se rehúsan a la donación y los trasplantes - lo que corresponde al veinte por ciento de la población y entre quienes también se suman algunos médicos - se hacen a un lado del tema por “una infinidad de razones”, las que según su opinión merecen discrepancia, pues cree que la ciencia “nos está dando una oportunidad y entonces, ¿por qué no aprovecharla?”.

A pesar de lo anterior, asegura que la decisión de no ser donantes o de no estar de acuerdo con los trasplantes de órganos es “absolutamente respetable” y es por eso que a modo de ejemplo, hace valer su opinión con respecto a la “presión indebida” que pudo apreciarse también a través de los medios de comunicación con la familia en Talca donde existió un posible donante del corazón para Felipe Cruzat.

 
“No tiene sentido luchar en contra de la naturaleza”
 

Mercado negro de órganos, jugar a ser Dios, desear la muerte de otros e interrumpir la evolución natural de la vida son algunas de las opiniones que tienen aquellos que no están de acuerdo con los trasplantes y por lo tanto no figuran como donantes.

Dueña de alguna de estas aseveraciones es Alejandrina Vera, miembro de la organización religiosa Testigos de Jehová quien tiene una posición clara con respecto a este tema y que va incluso más allá de su religión. Para ella “cada persona tiene su propia vida y no tiene por qué esperar a que otro muera para poder vivir”, dice tajante.

Además, asegura que “a cada uno nos llega nuestra hora, sea cual sea la causa y sea uno viejo, joven o niño. Somos seres imperfectos y por lo tanto debemos morir de una u otra manera y no tiene sentido luchar en contra de la naturaleza”, explica.

Por su parte, María Cristina Fariña – perteneciente al movimiento Hare Krishna – afirma que para ellos “cada uno tiene un karma que debe vivir para avanzar en ésta y las siguientes vidas” y que por lo tanto, al donar un órgano, se está de alguna manera entrando en el karma de otra persona, por lo que se estaría “interrumpiendo la evolución”, manifiesta.

Según su opinión, donar órganos no es un proceso natural y que Dios no lo habría dispuesto para el hombre, sino que sería “el resultado de los desastres que hace el ser humano con su propio cuerpo. Hay que prevenir y no lamentar”, concluye.

 
El Mercurio en su edición del sábado 11 de abril publicó una encuesta realizada por “El Mercurio opina”, en la cual un 61,3% de los encuestados respondió negativamente a la pregunta: “¿cree usted que el sistema de donaciones de órganos en Chile funciona de manera transparente y eficiente?”
 

Con respecto al mismo tema, el maestro espiritual Hare Krishna Srila Atulananda Acarya, dice que en su movimiento no están de acuerdo con la donación de órganos, pues además de opinar que todo el proceso se lleva de mala manera y donde incluso se “ha dado cauce a una peligrosa mafia de robo de órganos que acontece en los mismos hospitales”, también sienten que “hay procesos curativos más sofisticados, pero que requieren de una mayor preparación del médico como persona”.

Para él, “la medicina (o nuestra educación) debería ser más preventiva que curativa. Mostrar el cambio de órganos como un avance es en verdad un engaño; es cambiar una medicina más espiritual y sofisticada como fue la practicada por las antiguas culturas”, sostiene.

Por último comenta que a lo que en tiempos pretéritos tenía que ver con una medicina donde se sabía “detectar y respetar las más sutiles leyes de la naturaleza”, se ha convertido en una ciencia “más tecnócrata, donde no se recurre a las capacidades superiores que todo verdadero médico debiera desarrollar”.

 
Punto Vital Mayo 2009 ©
 
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