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No se trata de una terapia sino de reeducación postural
 
Lo que nos dejó Alexander
Tomar conciencia de nuestro cuerpo, mejorar nuestra respiración y realizar nuestras actividades cotidianas con el mínimo esfuerzo – teniendo una postura erguida mas no rígida – son algunos de los objetivos que intenta lograr la Técnica Alexander, método que puede ayudarnos a actuar “con más soltura”.
 
Carla González C.
 

Usted que en este preciso instante se encuentra leyendo este artículo revise cómo está sentado frente al computador. ¿Cuál es la postura que tiene su columna?, ¿en qué posición tiene sus piernas?, si por alguna razón debe pararse del asiento ¿cómo realiza ese procedimiento?

Sin duda, muchos ni siquiera se han puesto a pensar de qué manera mueven su cuerpo ni por qué a veces les afectan dolencias cuyo origen no pueden explicar. Todo – la mayoría de las veces – es culpa de nosotros mismos y la poca atención que le ponemos a nuestro cuerpo.

El ser humano funciona como un todo y por lo tanto, somos nosotros mismos quienes debemos procurar el cuidado de nuestro cuerpo, atendiéndolo de buena manera y estando alerta a todo lo que en forma interna o externa pueda perjudicarlo.

Es así como la falta de conciencia de las personas con respecto a su corporalidad, dio pie para la creación de muchas técnicas que tienen la misión de contribuir en el buen desarrollo de los movimientos, la correcta postura de la columna vertebral y del mejoramiento en la percepción de nosotros mismos, previniendo hábitos innecesarios que finalmente serán piedra de tope en nuestro desarrollo cotidiano.

Uno de esos métodos es la “Técnica Alexander”, desarrollada por el australiano Frederick Alexander, actor especialista en recitales teatrales, los que con el pasar de los años, le provocaron daño en su voz y una ronquera que se hacía presente después de cada uno de sus shows. Esto, obviamente no le servía para continuar en forma positiva con su carrera.

Luego de investigar en forma exhaustiva acerca de su problema, Alexander al experimentar cantando frente a un espejo se dio cuenta que en la acción, tendía a echar su cabeza levemente hacia atrás, lo que provocaba tensión innecesaria en los músculos de su cuello y además “deprimía su laringe, el pecho se encorvaba hacia delante, tensionaba la espalda y hasta se ponía de puntillas”.

Fue con esto que el australiano decidió cambiar su vida, eliminando esas acciones que le provocaban daño y que después de todo, le estaban dejando sin voz. “Cuando conscientemente dejaba de hacer, es decir, de interferir con el funcionamiento natural de su cuerpo, éste recobraba el equilibrio, coordinación y libertad. Descubrió algo crucial: la indivisibilidad del cuerpo y de la mente”, describe su biografía.

Así, el llamado “hombre que respira” fue quien instauró esta técnica, de la que hoy todos podemos resultar beneficiados. **

 
Una reeducación postural
 

La profesora de Técnica Alexander y docente de la Escuela de Danza y Coreografía de la Universidad de Artes, Ciencias y Comunicación (UNIACC), Nancy Vásquez, cuenta que si bien hoy este método es aplicado en muchas escuelas de formación artística, también es posible contar con sus beneficios a través de clases que se desarrollan con niños, embarazadas y personas de la tercera edad, entre otros.

La idea aquí es trabajar sobre los malos hábitos que la mayoría de las personas tenemos. Algunos de ellos son descritos por Frederick Alexander y refrescados por Nancy quien manifiesta que entre los más comunes está el llevar la cabeza hacia atrás – acortando la parte trasera del cuello – estando sentado, al pararse o sentarse.

Esto, explica, hace que la relación entre el cuello y la columna no sea óptima porque finalmente habrá un colapso tanto de la estructura del cuello como del llamado plexo solar o parte baja del esternón. “Es un esfuerzo extra que se está poniendo en ciertas zonas de la columna y que hace que el cuerpo se vaya fijando en una determinada (y mala) postura”, añade.

Con el paso del tiempo, aquellos malos hábitos serán inicio de dolores crónicos como los que muchos sufren en el cuello y los hombros; también con padecimientos como el lumbago y la inflamación del sistema digestivo; una errónea forma de respirar, mala circulación y una contracción diaria de los músculos, entre otros. Todo esto, sin que nos demos cuenta.

Para la docente, la técnica Alexander se trata de “un trabajo de reeducación postural y del uso de uno mismo, donde no se entiende a la postura como algo rígido y estático, sino como algo dinámico que va cambiando de acuerdo a cada actividad que se desarrolla día a día”, explica.

Entonces, lo relevante aquí es optimizar los recursos en el movimiento, es decir “aprovechar las ventajas mecánicas de las estructuras del cuerpo”, llevando a cabo de esta manera, actividades bajo el mínimo esfuerzo y no exigiendo más de la cuenta a cada una de esas estructuras. “La unidad básica es que la respiración sea lo más óptima posible en cualquier acción que se lleva a cabo”, agrega.

 
La técnica Alexander “se basa en preparar el cuerpo para el movimiento desde la distensión. Luego, la premisa es relajar antes de actuar”. Fuente: Xavier Ortiz, actor español y profesor de la Técnica Alexander.
 

Otra de las ideas importantes de este método es lograr que la persona esté consciente de su cuerpo y de las tareas que se le van asignando, es decir, aquí la pasividad y la poca participación no son bienvenidas.

Al respecto, Nancy Vásquez dice que “éste no es un trabajo sólo de manipulación, donde la persona se deja hacer, tal como en un masaje. Aquí es importante que la gente participe, opine y explique qué es lo que va sintiendo para así ir profundizando en la conciencia corporal”, sentencia.

Para la profesora, el trabajo es muy simple y básicamente se trata de realizar actividades relacionadas con la vida diaria, tales como estar sentado, pararse de una silla, caminar, estar de pie, ponerse en cuclillas, entre otros, además de la “disociación de las distintas partes del cuerpo”, menciona.

Y como siempre estamos en proceso de cambio, es importante saber que la técnica Alexander sí funciona como una terapia complementaria. Sin embargo, este trabajo sólo rendirá en la medida en que el estudiante o paciente, aplique lo que va aprendiendo. “Si no lo hace, volverá a la conducta anterior”, asegura Nancy.

 
El mapeo corporal
 

Actualmente, la enorme cantidad de información a la que estamos expuestos diariamente hace que cualquiera pueda – en este caso – tomar algunos datos y ejercicios que están expuestos en Internet y practicarlos en casa, pretendiendo con eso ayudarse con respecto a su postura.

Sin embargo, el contacto con el profesor o asesor especialista en la técnica Alexander es muy importante, pues es él quien conoce el proceso y a partir de ello puede componer un recorrido, algo así como un mapa corporal que le permitirá guiar al paciente hacia una mejor educación.

Con respecto a este tema, Nancy afirma que “lo esencial es trabajar con una persona que haya hecho el entrenamiento porque en el proceso hay un intercambio no verbal que se da a nivel del sistema nervioso y que tiene que ver con el tono muscular que uno transmite y a través del cual se invita a la persona para que lo pueda lograr”.

 
     

A lo anterior, la docente de UNIACC menciona que no sólo lo verbal (clases e indicaciones) es importante, sino también el contacto que uno tiene con la persona, pues el profesor tiene que de alguna manera tocar al estudiante, ayudarlo con el movimiento de la cabeza, guiarlo cuando se está de pie o tendido en el suelo, etcétera”, manifiesta.

 
Para la profesora española de técnica Alexander Belén Cobos, algunos de los beneficios que se mencionan de este método son la capacidad de sentirse despierto y relajado, aumento del control sobre uno mismo, sensación de mayor presencia, mayor sensibilidad a los mensajes del cuerpo, menor dolor y más movilidad, entre otros.
 

Lo importante es siempre tener en cuenta que la técnica Alexander no corrige posturas, o sea, no es a través de la manipulación donde se endereza a la persona para que ésta salga “más derecha”, sino que se preocupa de crear conciencia acerca de dónde se ubican los pies, las piernas y la pelvis e isquiones y de cómo se proyecta la columna y en qué posición está el cuello y la cabeza de cada individuo.

“La idea es hacer un recorrido, una especie de mapeo corporal, en el cual la persona – con su atención – pueda aprender a recuperar la percepción errada de sí misma”, concluye la profesora.

** Agradecimientos a Xavier Ortiz, quien nos permitió extraer información desde su página web www.tecnicalexander.com

 
Punto Vital Mayo 2010 ©
 
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