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Esta nueva generación necesita mayor conexión consigo misma
 
Con amor de madre
El masaje Abhyanga – más conocido como masaje Shantala – es sin duda, una excelente experiencia que desde el oriente ancestral ha permitido a las madres entregar a través de sus manos, agradables estímulos a sus hijos, los que luego contribuirán en la confiabilidad, armonía e incluso en el balance fisiológico de los pequeños.
 
Carla González C.
 

Como un arte tradicional. Así es descrito el masaje Shantala, técnica que nace en la India milenaria y que fue “occidentalizada” por Frédérick Leboyer, médico francés quien durante un viaje hacia esas tierras vio cómo las mujeres acariciaban en forma especial a sus bebés en cualquier lugar donde se encontraran.

Así, lugares públicos como parques e incluso las aceras de las calles y recintos privados reservados para la alta sociedad del sur de Asia, tenían siempre como imagen principal a madres practicando masajes a los niños de una manera que al menos este doctor nunca había visto.

De esta manera, Leboyer se acercó un día a una de estas madres y le pidió autorización para observar la rutina que ella en ese instante practicaba a uno de sus hijos. Ella accedió y así el médico pudo conocer más de cerca esta técnica llamada Abhyanga, pero que luego bautizó como “masaje Shantala” en honor al nombre de la mujer que le había enseñado más de ella.

La instructora en meditación trascendental y monitora de talleres de masaje Shantala, Ana María Neira, cuenta que la idea principal de este método que al menos en Asia se practica diariamente, es “entregar un estímulo que llevará al niño a vivir una experiencia intrauterina”, permitiéndole sentir entre otras cosas, confiabilidad, armonía y tranquilidad, sensaciones que le ayudarán a cimentar una poderosa relación entre él y su madre.

 
Aunque el masaje Shantala es considerado como una experiencia que sólo las madres pueden vivir junto a sus hijos, Ana María Neira dice que también el padre e incluso los abuelos pueden hacerse parte de esta técnica.
 

Para la terapeuta, la práctica del Abhyanga tiene un especial resultado si se comienza a practicar desde que el niño es más pequeño, aunque no por esto las mujeres con hijos más grandes no puedan utilizarlo.

Según sus palabras, “se produce en el bebé un crecimiento favorable en sus primeros 3 años de vida, un aprendizaje más rápido en todos los aspectos y si bien resultan niños menos violentos, no significará que sean menos seguros”, indica.

La idea – según Neira – es que el niño “adquiera la conciencia para seguir haciendo este masaje y lograr que se convierta en una rutina diaria”, por lo tanto, lo que comenzó como una práctica aplicada por la madre, luego podrá transformarse en una suerte de “auto” terapia que acompañará a la persona durante toda su vida.

 
Manos, aceite y amor
 

El nombre real de este masaje - Abhyanga – significa “oleación externa completa”. Y es que precisamente es el aceite uno de los protagonistas de la técnica a la que por cierto también se le llama “masaje ayurvédico para bebés”.

Así, el líquido más utilizado en Oriente para llevar a cabo la sesión es el aceite de sésamo, “semilla de la felicidad”. Al respecto, la terapeuta menciona que este aceite contiene múltiples propiedades, entre ellas un alto contenido de calcio; además, es considerado como un producto muy completo para la realización de masajes en general.

Como se trata de un aceite que en nuestro país tiene un costo elevado, la especialista menciona que de igual forma se pueden utilizar otros productos como la vaselina o el aceite emulsionado. La gracia, dice, es que sean lo suficientemente aceitosos para entregar un buen masaje.

 
     
De esta manera, cuenta que la fricción se realiza tomando un poco de aceite entre las manos, se deja un momento en ellas para entregar una temperatura agradable y luego se desliza sobre el cuerpo del niño, con movimientos suaves, de arriba hacia abajo en el caso de las extremidades y en forma circular en lugares más pequeños como la cara y las articulaciones.
 
El primer masaje debe realizarse en conjunto con el primer baño de la guagua, es decir, luego de que bote su cordón umbilical. Lo ideal es realizar esta fricción una vez al día, por alrededor de 4 ó 5 minutos y siempre antes del baño, para que así la oleación pueda ser aún más eficaz.
 

Aunque el objetivo principal del masaje Shantala es proporcionar una mejor calidad de vida a los niños, Ana María cuenta que hay mamás que desean aprender la técnica luego de sentirse desesperadas ante niños muy inquietos o que lloran mucho. Frente a esto, la terapeuta asevera que también es posible calmar estos síntomas, ya que estas friegas proporcionan además un sinfín de beneficios que de igual forma y en su conjunto, provocarán un mejor vivir.

De esta manera, menciona que algunas de las cualidades del masaje son ayudar a regular la calidad del sueño, generar relajación y seguridad, mejorar la digestión, tonificar y fortalecer los músculos, eliminar problemas de gases y cólicos, estimular el sistema nervioso y la motricidad, contribuir en los bebés prematuros para que ganen peso, entre otros.

Para esta especialista, lo más relevante de practicar este tipo de técnica es poder dar la posibilidad de que madre e hijo entren en contacto directo. Según sus palabras y su experiencia, el afecto resulta ser mucho mejor medicina que la invasión actual que tenemos por parte de los medicamentos.

Es por eso que indica que aprender habilidades como ésta resultan de gran ayuda para así recomponer la relación entre mamás y niños, la que muchas veces y por culpa del ajetreo diario se ha perdido.

“El amor siempre será favorable, incluso cuando hay algún malestar”, manifiesta y por eso asegura que el Shantala es un masaje que no posee contraindicaciones y que incluso hoy se está enseñando en los centros de atención médica, pues se ha podido comprobar todos sus beneficios, tanto a nivel terapéutico como emocional.

A pesar de lo anterior, se aconseja no practicarlo en caso de fiebre o resfrío, pues esta manipulación activa la circulación y por ende, puede aumentar la temperatura. “Tampoco se recomienda su práctica cuando el bebé tiene diarrea, ya que el efecto relajante puede intensificar ese estado”, dice.

 

El masaje Shantala también trae beneficios a los padres. Algunos de ellos son:

- Mejora la autoestima y confianza en uno mismo, cuando se manipula al bebé.

- Reduce el índice de depresión postparto.

- Mejora el proceso de vinculación con el bebé.

- Afina sus instintos para determinar las necesidades del bebé.

- Ayuda a los padres a desarrollar mayor seguridad en el manejo de su bebé y aprender a descodificar mejor los mensajes de su hijo.

Fuente: masajeshantala.com
 
Punto Vital Octubre 2009 ©
 
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