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Precio de los remedios y convenios médico/laboratorio son algunos antecedentes
 
La salud tiene precio
Coimas, transacciones, regalías a cambio de la promoción de fármacos, cirugías y exámenes innecesarios, grandes cadenas de farmacias en cada esquina, recepción de pacientes cada quince minutos y millonarias ganancias, son algunos de los antecedentes que posee el sistema de salud mundial, hoy un gran negocio.
 
Carla González C.
 

Como “el más lucrativo de los negocios”. Esta aseveración corresponde a Ghislaine Lanctot, médico canadiense y autora de La mafia médica, libro que le costó su expulsión del colegio de médicos y el retiro de su licencia para ejercer la medicina. Todo por contar acerca de cómo ésta se ha vuelto una industria muy rentable que lucra a diario con la salud de las personas.

“Es el dinero quien controla totalmente la medicina. Y lo único que de verdad interesa a quienes manejan este negocio es ganar dinero. ¿Y cómo ganar más? Pues haciendo que la gente esté enferma porque las personas sanas no generan ingresos”, así de explícita son algunas de sus aseveraciones hechas en una entrevista para Discovery Salud.

Así como Lanctot, hay muchas personas que sostienen que el sistema de salud más se parece a un sistema que promueve la enfermedad, donde se trata a los enfermos sólo a partir de sus síntomas y no por el origen de sus padecimientos y donde se administran medicamentos paliativos que controlen la sintomatología, pero que permita al mismo tiempo depender – ojalá de por vida – a cierto fármaco.

Si a eso sumamos los convenios entre médicos y laboratorios, un secreto a voces donde las regalías, viajes, celulares último modelo y quizás cuánta otra cosa más es parte de algunos de estos profesionales - hay excepciones, claro - que en otros tiempos, eran mirados como semidioses, dueños de la verdad y de la capacidad de curar enfermedades.

 
Coimas, prebendas e irregularidades graves, denunció la Asociación de Agentes de Propaganda Médica como prácticas recurrentes de la industria farmacéutica. La presentación de los visitadores médicos, efectuada ante el Congreso de la Nación, incluye nombres de laboratorios y de conocidos doctores vinculados a ellos: Contratan médicos líderes para promocionar nuevas drogas mediante notas seudocientíficas (…) últimamente se hacen cosas mucho más groseras que incluirían las probabilidades de ganar un auto”. (Denuncia contra los laboratorios por sus estrategias para vender más medicamentos, Pedro Lipcovich, diario Página 12, Argentina).
 
Falta transparencia; falta información
 

Una farmacia que “esconde” los fármacos que son gratuitos para quienes se atienden por el sistema de salud pública y que sólo los muestran si el cliente va a pagar por ellos. Ejemplos como ése son los que cuenta Pablo Moché, médico de orientación antroposófica que ha podido observar de cerca lo que para él es claramente un lucro.

Según su opinión, estas prácticas “muestran lo que en el fondo todos sospechamos; que atrás de todo el sistema no sólo hay lucro – eso sería ser muy ingenuo – sino que también una práctica desmedida y terrible. Después de todo, hablar de plata en el tema de la salud, no es lo mismo que hablar de dinero para diversión”, dice.

En este mismo contexto, el médico comenta que a tal punto llega el mercado de la salud en el cual estamos inmersos que puede apreciarse fácilmente en cosas inverosímiles, como las de “optar por curarte o no por una cuestión económica. Es insostenible que tu plata te permita curarte o bien morirte o vivir. Esas cosas pasan, lo he visto en los hospitales”, comenta.

 
“Es una vergüenza que un niño tenga que usar, por ejemplo, un inhalador más barato y no tan bueno porque uno mejor cuesta 80 mil pesos”, menciona el doctor Moché.
 

Por otro lado, indica que la falta de información que existe entre la población en cuanto a precios, marcas y tipos de medicamentos hace que las farmacéuticas puedan realizar un negocio más fluido, donde no existe nadie que ponga en duda la forma en que se lleva a cabo. El enfermo debe curarse y por lo tanto compra el remedio como sea. (Recordemos el escándalo ocurrido en Chile el año 2009 con la llamada colusión de las farmacias).

En ese sentido, Pablo Moché afirma que además de existir esta gran diferencia en el precio de medicamentos del mismo origen, también pueden apreciarse contrastes en la cantidad, como por ejemplo en fármacos para padecimientos dermatológicos, donde según cuenta hay algunos – los con marca – más costosos y que contienen mucho menos producto que aquellos genéricos y que se mandan a hacer.

Frente a datos como estos, dice que “para empezar hay algo que no es transparente y por lo tanto es una estafa, o sea, la persona que no sabe va a una farmacia con la receta que le dio el médico, compra el remedio y está gastando no sé cuántos miles de pesos más. Hay un enriquecimiento que claro, no es ilícito, pero desde algún punto de vista no es muy ético y claramente hay alguien en algún lado que se está quedando con mucha plata entremedio”, afirma.

 
Ana-Ana en Argentina; miti mota en Chile
 

Además de la falta de información – que para muchos es a causa de una acción consciente por parte de las grandes compañías – hay otros antecedentes que ensucian el actual sistema de salud. Uno de ellos es la estrecha relación que existe entre algunos médicos y los laboratorios farmacéuticos.

Lo anterior no sólo obedece a la realidad chilena, sino que a la de gran parte del mundo. Ejemplo de ello es Argentina, donde hace unos años se instaló el término ‘Ana-Ana’ como una especie de etiqueta que marcaba una práctica poco ética y que en este caso correspondía a los profesionales de la salud y quienes los proveían de medicamentos.

 
 

Ana-Ana significa en mitades y se trata de una palabra utilizada como jerga para indicar una repartición, algo así como el miti mota chileno. Si bien en el país trasandino este término no es muy conocido popularmente, sí es reconocible en el mundo médico. “Son los porcentajes de dinero que se pasan algunos profesionales y empresas por derivar pacientes, por recomendar remedios de algunos laboratorios, por sugerir usar una clínica u otra, por aconsejar un sello y no otro” (Mabel Rehnfeldt, diario Opinión Digital, Paraguay 2009).

El doctor Pablo Moché asegura que este tipo de acciones y otras como las de incentivar al médico para recetar un número determinado de remedios a cambios de viajes u otros premios siempre se han tenido presentes como algo que sucede a menudo, aunque dice no saber con qué mecanismos se realiza ni quiénes son los que están tras de aquello, esto por no pertenecer al sistema médico convencional.

 
“El estancamiento del chi puede ocurrir por cosas tan simples como una picadura de mosquito hasta cosas que a veces tardan mucho más en manifestarse” y que pueden tener relación con la mala calidad de vida, menciona Gianfranco Maggiolo.
 
Ganar según las necesidades
 

Aunque suene una utopía, lo ideal es que todo ser humano, dice el médico y por cierto también la filosofía antroposófica, “trabaje por el otro, no para sí mismo y gane en función de sus necesidades y no más”, ideal que incluso él cree muy difícil de lograr sobre todo en la actualidad.

Sin embargo, considera importante destacar que el problema del lucro en la medicina no es una cosa que se pueda generalizar, sino más bien, la mayoría de las veces, “depende de cada uno, es algo absolutamente individual” y por eso cuando le atañe a algún profesional, agrega, “hay que ver si esa decisión es porque esa persona tiene una concepción social distinta”.

Pese a lo anterior, reconoce que el asunto de igual forma está más allá de los individuos. Para él se trata de “un problema del sistema actual; un problema que excede absolutamente a la medicina, pues tiene que ver con el materialismo en el que vivimos. La cuestión de la plata está presente en todos lados y cada vez más, te incentivan para que pidas créditos para comprarte una tele más grande y un mejor auto. Es parte del sistema”, enjuicia.
 
“Los hospitales necesitan pacientes, es evidente porque un hospital sin enfermos no creo que sea buen negocio. Entonces, hay un interés innegable en ingresar personas, en hacer procedimientos y prolongar las altas. Cada día de cama son cientos de miles de pesos y las cuentas son incomprobables por todos los insumos que aparecen como utilizados. Son cosas que son imposible de reclamar”, dice el doctor Moché.
 

Pero qué difícil debe ser marcar la diferencia si el sistema que impera actualmente permite que los médicos atiendan a sus pacientes en la menor cantidad de tiempo para así poder alcanzar una cuota mensual, los laboratorios presionan para que sean sus medicamentos los más prescritos, las isapres aumentan el precio de sus planes y pocas veces hacen la devolución de un beneficio, etcétera.

“El tiempo y la calidad de la atención son contrarios a lo que el sistema te pide, que es una atención de quince minutos. Es por eso que el dinero y la medicina deberían ir por carriles distintos y no puede ser que se junten”, menciona el doctor Moché.

Y por eso dice convencido que atender a la persona en forma integral, escucharla y entregarles un poco de tiempo no es cosa de una u otra tendencia, sino de “tener un poco de humanidad e interés”.

 

Esta “versión moderna” del juramento Hipocrático (correspondiente a una serie de televisión norteamericana) permite darnos cuenta de cómo hay muchos médicos – a causa del sistema o de su ética profesional – que pierden el norte, tal como lo menciona uno de los protagonistas de la serie.

 
 

Gwen Olsen - ex funcionaria de la industria farmacológica y protagonista del video “Drogando a América, la industria farmacéutica expuesta” – revela a través de este video que estas compañías no fueron creadas para ayudar a las personas a sanar, sino que a mantener las enfermedades y administrar los síntomas.

 
 
Punto Vital Agosto 2011 ©
 
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