A lo desagradable que puede resultar estar junto a un fumador, quienes no padecen de esta enfermedad crónica adictiva – pues no es considerado ni un vicio ni un mal hábito – además están expuestos a innumerables patologías que son causadas por el llamado “humo secundario”, peligro que resulta 100% prevenible.
A pesar de que la Ley Antitabaco ha impuesto algunas reglas como las de apartar a fumadores de los “no fumadores” en espacios públicos, lo cierto es que además de que existen muchos que no cumplen con la normativa, los lugares reservados para quienes no fuman no estarían del todo “limpios”.
Así lo indicó un estudio realizado por la Universidad de Chile, que menciona que lo dictado por la ordenanza no sería eficaz, pues a pesar de la separación de ambientes, los lugares destinados para los no fumadores tendrían de igual forma un nivel de contaminación importante.
Por otro lado, muy pocos se han detenido a pesar en cómo puede llegar a afectar el humo del cigarrillo en, por ejemplo, personas que trabajan en este tipo de recintos donde aún se permite fumar o en los niños de padres fumadores, quizás los más perjudicados, pues variados estudios han concluido en que son los más pequeños los más expuestos a desarrollar diversos tipos de enfermedades respiratorias.
“El tema del fumador pasivo es tremendamente importante, ya que tal vez no le hemos dado la importancia que se merece”, menciona el doctor Felipe Rivera Chávez, médico broncopulmonar y jefe del departamento de enfermedades respiratorias y cirugía torácica de Clínica Dávila, quien define al fumador pasivo como “el individuo que vive en un ambiente con humo de tabaco”.
De esta manera, el médico sostiene que dentro del grupo de personas que respiran a diario en este ambiente claramente contaminado, no están sólo “los familiares que conviven con el fumador, sino que además los trabajadores de espacios contaminados, quienes están expuestos a una enorme sobrecarga de tóxicos”, dice. |