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Vivir en la higiene máxima podría generar la resistencia del sistema inmune
 
La limpieza puede enfermar
Dicen que todos los extremos son malos y aquí al parecer hay uno más, pues se dice que el exceso de limpieza podría desarrollar – sobre todo en los niños – enfermedades relacionadas con el sistema inmunológico, además de alejarnos de nuestra relación normal con el medio ambiente.
 
Carla González C.
 

“No te lleves eso a la boca”, “párate del suelo”, “no te ensucies las manos” y “no recojas cosas del piso” son algunas frases que se repiten una y otra vez en algunas mamás que procuran mantener a sus hijos lo más limpios posible y que no permiten tampoco que el entorno en el cual los pequeños se mueven esté sucio y contaminado con microorganismos que puedan causar daño.

Lo anterior tiene sentido si hablamos del cuidado por los niños y por la higiene de los distintos espacios por donde ellos se desenvuelven, pero ¿qué sucede cuando esta limpieza es excesiva?, ¿podría ocasionar enfermedades y una pérdida de contacto con el entorno y la naturaleza?

Esto es lo que postula la llamada “Teoría de la higiene” creada por el epidemiólogo David P. Strachan en 1989 y que habla acerca de cómo con el correr de los tiempos las enfermedades de tipo alérgicas y la predisposición a ellas se han incrementado, esto a causa del “menor número de infecciones en los primeros años de vida, el mayor uso de antibióticos y la extensión de la vacunación”.

Entonces, según esta teoría acciones como limpiar obsesivamente los espacios, utilizar en cantidades exacerbadas los diversos desinfectantes que hoy se encuentran en el mercado e intentar que los niños vivan en una especie de burbuja que los proteja de cualquier tipo de germen, sería más perjudicial que beneficioso para la salud.

El inmunólogo infantil y profesor de pediatría de la Escuela de Medicina de la Pontificia Universidad Católica (PUC), doctor Eduardo Talesnik Guendelman, menciona que los principios de Strachan también postulan que “las mejores condiciones higiénicas de nuestra población, han determinado menor contacto con microorganismos y en particular con las bacterias del ambiente, lo que inhibiría el desarrollo de una respuesta inmune normal en los primeros años de vida denominada Th1 y la exacerbación de la llamada Th2, relacionada con el desarrollo de enfermedades alérgicas”.

 
El doctor Talesnik dice que además de la teoría de la higiene también hay que considerar que “para el desarrollo de enfermedades alérgicas se requiere también de la concurrencia de factores genéticos” y no sólo ambientales.
 

Entonces, para el médico de la PUC la idea de que sólo la carencia de relación entre una persona y los gérmenes y bacterias sea la única causa de las alergias es algo que “no está demostrado, sino más bien algo que está en etapa de estudio”, sostiene.

En este mismo contexto, la inmunóloga de la Universidad de Chile, doctora Mercedes López Nitsche, indica que hay suposiciones derivadas del diario vivir, donde se comenta que es en los países desarrollados y en general “cuando la gente tiende al desarrollo, las infecciones por microorganismos disminuyen, pero aumentan las alergias”. Sin embargo, dice que esta hipótesis no contaría con evidencias concretas que apoyen su veracidad.

 
No todos son malos
 

Pensar que los microorganismos son siempre los malos de la película es un pensamiento erróneo, pues existen algunos que son incluso beneficiosos para nuestro organismo y que sin ellos, dejaríamos una puerta abierta a otro tipo de enfermedades.

Al respecto, la doctora López dice que sabiendo que “todo lo excesivo puede causar daño a la salud” y que “el organismo tiene que estar en contacto con los microorganismos externos para poder desarrollar una función adecuada”, es necesario conocer de qué está formado nuestro sistema inmune para poder así comprender los límites a los cuales regirnos en relación a la limpieza.

Así, indica que nuestro sistema de defensa está formado de dos componentes, siendo uno de ellos el sistema inmune innato, compuesto principalmente por las barreras físicas de la piel y las mucosas, las que con un aseo demasiado intenso pueden convertirse en una verdadera entrada a las infecciones.

En ese sentido, la inmunóloga menciona que al momento de limpiar excesivamente la piel, “parte de la defensa que se produce al secretarse una serie de productos hace que las glándulas sebáceas fundamentalmente se pierden y al perderse, facilitan el ingreso de patógenos”.

Otro caso es el de la mucosa vaginal, lugar que muchas mujeres suelen higienizar casi compulsivamente. Aquí, la especialista comenta que en esa zona “existen bacterias que ayudan a que el organismo no se contamine con hongos o con otros microorganismos” y por ende, “cuando uno usa antibióticos o hace un aseo demasiado profundo en la vagina, elimina esas bacterias y facilita la infección por microorganismos que sí hacen daño”, dice.

 
El equilibrio es lo mejor
 

Saber qué es lo indicado con respecto a la limpieza tanto del cuerpo como del hogar es algo que parece subjetivo y que obedece a la percepción que cada persona tenga con respecto al concepto de higiene.

Sin embargo, y tal como lo plantea el doctor Talesnik, en el caso de los niños “lo razonable sería dejarlos tener un contacto normal con su medio ambiente y con la naturaleza”, aunque añade que “en ningún caso es recomendable exponerlos a fuentes de infecciones que puedan ser riesgosas para su salud”.

En esta misma línea, el inmunólogo dice que “promover una vida libre de gérmenes no es real” y por lo tanto intentarlo ya es una tarea imposible y que finalmente no traerá ningún beneficio. Sin embargo, menciona que lo razonable sigue siendo “que un niño habite en un ambiente limpio y sus comidas sean preparadas en forma higiénica”.

 
     
Por su parte, la doctora Mercedes López afirma que “usar jabones germinicidas y cloro en todas partes es una exageración” y por lo tanto señala que lo normal sería “realizar el aseo tal como lo conocemos y lavarse las manos con jabones normales cuando corresponde y no a cada rato; eso nos protegerá de las infecciones que podamos adquirir por contacto oral. Lo otro - lo excesivo - está destruyendo las bacterias y lo más grave, creando resistencia a las sustancias que las destruyen”, asegura.
 
Durante la niñez se crea la llamada “memoria inmunológica”, en donde nos enfrentamos a gérmenes para luego enfermarnos. Esto permite que en la edad adulta el “sistema inmune sea mucho más eficaz para destruir esas bacterias. Por lo tanto impedir que un niño se infecte significa que esa infección tarde o temprano se va a trasladar a la edad adulta”, menciona la doctora López.
 

En síntesis, ambos profesionales coinciden en que los niños – quizás los más “afectados” por la higiene excesiva – deben tener acceso a las plazas, a jugar y a ensuciarse para luego de sus actividades, asearse como corresponde. El tenerlos dentro de una cápsula y rodeados de extrema limpieza definitivamente no es lo ideal.

“Nunca se pretende eliminar los microorganismos. Tenemos con ellos una relación ancestral y se debe convivir en un equilibrio con los gérmenes del ambiente”, concluye el doctor Talesnik.

 
Atención con los antibióticos
 

Pese a considerarlos como uno de los inventos más importantes que posee la humanidad, la inmunóloga de la Universidad de Chile indica que su consumo en exceso o derechamente “tomarlos porque sí”, podría acarrear problemas en nuestro organismo, tal como lo hace una limpieza en exceso.

Al respecto, dice que estos medicamentos “destruyen a los microorganismos y nosotros en nuestro cuerpo podemos distinguir a aquellos que causan enfermedad y a los que han aprendido a convivir con nosotros cumpliendo una función, por ejemplo los lacto bacilos en la vagina o la flora bacteriana del colon”, asevera.

Por lo tanto, afirma que “cuando se toman antibióticos no sólo se está destruyendo a los gérmenes patógenos, sino que también a los buenos” y por eso se recalca el cuidado que se debe tener en el uso de este tipo de fármacos donde muchas veces se consumen sin ningún control.

 
     
Es así como la doctora López dice que “cerca del 10% de las infecciones que tenemos son tratables por antibióticos y el resto se trata de patologías virales”, donde este tipo de medicamento simplemente no funciona. Además, subraya que tomarlos en forma frecuente y sin control ocasiona la resistencia a ellos por parte de las bacterias.
 
 
Punto Vital Julio 2010 ©
 
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