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Para algunos las adicciones no tienen cura; para otros, la voluntad y acción de cambio es lo primordial
 
Adicciones ¿enfermedad o comodidad?
Una adicción – cualquiera sea ésta – se ha tomado a lo largo de los años como una enfermedad con la que se vive toda la vida y por eso es necesario tratarla con fármacos y terapia. Pero, ¿qué importancia tiene el auto control y la voluntad de cambio en estas personas? ¿Son realmente enfermos o se trata de falta de compromiso?
 
Carla González C.

La vorágine en la que vivimos actualmente hace que muchas personas se sientan presionadas constantemente, vulnerables frente a ciertas situaciones, llenas de exigencias que no son capaces de cumplir, desamparados emocionalmente, etcétera. Eso unido a ciertos antecedentes de tipo biológico hacen de ese individuo una suerte de blanco para la adicción.

Según explica el libro “Hasta cuándo hablamos de drogas” (Ediciones UC, 2010), “la adicción es una enfermedad crónica del cerebro y no solamente una falta de voluntad o interés del afectado por cambiar su conducta” y de allí que definen el término como “el uso compulsivo de drogas de abuso a pesar de los efectos adversos que dicho consumo conlleva para el individuo afectado”.

Uno de los colaboradores en esta publicación, el profesor asociado de la Facultad de Química de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC) y miembro de NEDA (Núcleo y Milenio Estrés y Adicción), José Fuentealba Evans, es enfático desde su línea de investigación (neurofarmacología de drogas de abuso) al señalar que las adicciones “no se pueden curar”.

Según cuenta el académico, “la adicción es una enfermedad que se caracteriza por sus constantes recaídas, o sea, un sujeto que es diagnosticado como adicto es una persona que constantemente va a recaer y desde ese punto de vista, los cambios que se producen en el cerebro producto del consumo crónico de una droga son bastante potentes y por eso es muy difícil que se cure”.

“Un adicto es un sujeto extremadamente motivado a consumir una droga de abuso, independientemente del efecto placentero subjetivo que ésta tenga; y que incluso consume a pesar de los efectos adversos que le ocasiona”. (Libro “Hasta cuándo hablamos de drogas”)

Distinta es la visión del psicólogo Felipe Riveros Araya, quien menciona que tratar las adicciones como enfermedades – y por ende a los adictos como enfermos – es de alguna forma “entregar la responsabilidad a la droga, algo muy común en los tratamientos terapéuticos y planes que se generan en lugares como las comunidades terapéuticas”.

Al respecto dice que “si uno parte desde la concepción de que los adictos son enfermos debemos pensar que la enfermedad como patógeno es un factor externo, por lo tanto, se suele adjudicar la responsabilidad a la sustancia”, asevera. “La etiqueta de enfermo no ayuda precisamente a la persona, sino al terapeuta a hacer su trabajo”, asegura.

En esta misma línea, el psicólogo menciona que “los tratamientos en su mayoría se basan en la represión” donde según afirma se les prohíben ciertas actividades y conductas que lleven a estas personas a siquiera concebir la imagen de una posible relación con la droga (compartir vasos, hacer sobremesa, utilizar ciertos productos, etcétera).

En ese sentido, ejercer una terapia claramente conductista es a juicio de Felipe Riveros una acción que si bien “es necesaria para enmarcar primero, generar un inside y así ir trabajando el tema”, ésta debe ser tratada según su opinión en forma paralela y complementaria. Sin embargo, cuenta que lo que tradicionalmente se hace es preponderar el trabajo conductual por sobre el cambio profundo e interno del individuo.

“Es clásico escuchar frases como no puedes hacer esto porque es malo y te hace mal, te hace daño y te corta la vida. Es diferente dejar de hacer algo porque otro me lo prohíbe a dejar de hacerlo porque a mí me nace y porque tomo real conciencia de que aquello me hace mal”, comenta.

El psicólogo Felipe Riveros cuenta que muchas personas se inician en el consumo de drogas como la cocaína (también los psicotrópicos) para poder rendir bien en los estudios, el trabajo y ante la presión, los horarios y todas las obligaciones de la vida diaria.

Pese a lo anterior, el especialista hace hincapié en que es común escuchar a las personas consideradas adictas decir que aunque dicen sentir internalizada la idea de que la sustancia que están consumiendo les hace daño, continúan con la dinámica y por lo tanto necesita “estar recordándose constantemente que es un enfermo para desde ahí intentar generar un cambio”.

De esta manera, prosigue, “se auto catalogan como personas desvalidas y débiles que como no son capaces de controlarse o de asumir una conducta responsable, tienen necesariamente que adoptar el rol de enfermos y comportarse como tales”. Entonces, asegura que en cuanto se les quita la supervisión profesional, la recaída es casi inminente.
 
Una adicción tras otra

Es común que en el tratamiento de las adicciones, se sume el consumo de psicotrópicos, antidepresivos y ansiolíticos, entre otros como una ayuda hacia la persona para que pueda controlar los deseos de ingerir algún tipo de sustancia ilícita (o legal como es el caso del tabaco y el alcohol).

Para el profesor José Fuentealba, desde el punto de vista de las drogas de abuso, “el tratamiento consiste básicamente en lo farmacológico paliativo dirigido a signos y síntomas que tienen que ver con la abstinencia”, reconociendo que ha resultado muy difícil encontrar un procedimiento en base a medicamentos que impidan al sujeto inhibir el deseo por buscar la droga. “Ese sería el fármaco ideal”, sostiene.

 

La idea, dice, es que “la persona deje el hábito de consumir y encontrar un medicamento, pero eso hasta el momento ha sido imposible” y por lo tanto asegura que todo lo que hay hasta ahora son fármacos que permiten controlar el síndrome de abstinencia que incluye síntomas como los temblores, la ansiedad, dolor de cabeza, irritabilidad, entre otros.

Frente a este tema, Felipe Riveros menciona que efectivamente el uso de medicamentos como los antidepresivos pueden causar una segunda adicción en el momento en que la persona, por ser tratada como enferma, se siente (y se cree) débil y por ende, necesitará ingerir estos medicamentos para así no recaer. “Además pasan dopados todo el día entonces en ocasiones no son capaces ni de hacer un ejercicio de relajación porque se quedan inmediatamente dormidos”, cuenta.

En relación a estos fármacos, el psicólogo menciona que es casi paradójico el uso que se les da, porque por un lado se les prescriben muchos de estos medicamentos y por el otro se intenta desintoxicar a la persona de la droga consumida. “Además estos tratamientos duran más de lo indicado y en el fondo lo que se hace es ir probando con media, tres cuarto, una pastilla, de una, dos, tres marcas, las que finalmente terminan dañando además el estómago”, relata.

Por otro lado, cuenta que sobrellevar una adicción pareciera ser más difícil aún en las mujeres, quienes según su experiencia, suelen intentar salir adelante por sus hijos, su marido o su familia, pero nunca por ellas mismas. “Su bandera de lucha siempre es otro, entonces ahí también se debe trabajar para que internalicen la idea de que ellas también son importantes sólo por el hecho de ser personas y no por el rol que cumplen dentro de su entorno”, manifiesta.

“El consumo de drogas está descontextualizado”

Para José Fuentealba, el tema de la voluntad ha sido una de las grandes discusiones en el tema de la adicción, pues según cuenta “si lo vemos como enfermedad, ha sido bastante difícil planteárselo así a algunos adictos, esto porque siempre se suele apelar a la falta de voluntad como base del problema. No obstante, debemos saber que ambas tienen un sustrato biológico; hay zonas del cerebro cuyas función es controlar la conducta y cuando esas áreas están dañadas, el sujeto queda desinhibido y eso lleva a la falta de control”, afirma.

Para el profesor de la PUC, la dificultad de encontrar un remedio eficaz para controlar la adicción no pasa por el grado de potencia de una droga, sino más bien por “lo complejo que es el ser humano” y esto sumado a lo difícil, según cuenta, que es también conocer las reacciones de las drogas en el organismo, dan como resultado un trabajo que al menos actualmente se ha convertido en un boom para la ciencia.
 

“Históricamente el ser humano ha consumido sustancias de distinta naturaleza. Lo que pasa ahora es que este consumo está descontextualizado porque probablemente antes había un por qué (rituales, ceremonias, etcétera), pero ahora no lo hay y todo se traduce sólo en placer hedónico. Además hoy hay un consumo temprano de drogas y eso quizás en otros tiempos y contextos no se daba”.
En esta misma línea asegura que hoy se incita al consumo en forma potente a través por ejemplo, de la publicidad” e incluso desde los estereotipos físicos que imperan. “¿Qué pasa si una persona deja de fumar?, engorda. Entonces, una chica prefiere seguir fumando a subir de peso”, sostiene el académico.

“Creo que una persona adicta puede volver a tener una vida normal, pero siempre con apoyo psicológico, social y farmacológico y lo más importante es que ese sujeto haga modificaciones en su conducta que logren controlar la adicción”, menciona.

Felipe Riveros en tanto prefiere concebir la idea (hablando de un adicto), de “una persona con un problema, así como todos hemos tenido dificultades en algún momento de nuestra vida y que en su caso también repercute en su organismo. Eso hace que el problema sea más difícil”, dice.

La idea para el psicólogo es “que la persona se re armonice” y para eso es fundamental “verse a sí mismo y ser autocrítico, finalmente lo que más cuesta. La mayoría tiende a echarle la culpa a otro (también a la misma droga) y no asumir la responsabilidad que se tiene. Teniendo todo eso en cuenta, se puede empezar a construir en conjunto”, concluye.

Punto Vital Febrero 2012 ©
 
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