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Retrasar la vejez es una tendencia que nos impide aceptar la naturaleza de nuestro cuerpo
 
¿Temes envejecer?
Parece que ser viejo no está de moda y por eso existirían tantas personas que viven (y se desviven) por retrasar lo más posible esta etapa de la vida que trae consigo cambios evidentes como las arrugas y las canas. ¿Será que constantemente estamos negando “lo viejo” y ese miedo nos impediría vivir la etapa de manera sana y natural?
 
Carla González C.
 

La primera arruga o la aparición de las canas son para algunos, una suerte de “alerta”, como si de algún lugar una voz nos dijera “¡hey, te estás poniendo viejo, cuidado!”. Ahí se tienen dos opciones: continuar con la vida aceptando estos cambios o – como hoy lo hace mucha gente – alertarse y hacer todo lo posible para permanecer (al menos a simple vista) con menos edad de la que se tiene.

Lo anterior obedece a una especie de pánico que se apodera de cada vez más personas quienes ven la llegada de la tercera edad como una condena que además de acrecentar ideas como la invalidez, instala una paradoja cada vez más evidente, la del viejo desea parecer joven.

Así lo manifiesta la antropóloga del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, Carolina Franch, quien además menciona que “como sociedad, nos hemos enfrentado a un cambio social que es radical, donde vemos un alargamiento notable de la existencia” con respecto a épocas anteriores, donde la esperanza y la calidad de vida eran menores a las que hoy tenemos acceso.

Sin embargo, afirma que a pesar de lo anterior, diversos sistemas (previsional, salud, trabajo, entre otros) “no han hecho el cambio” y por lo tanto, si bien sí ha habido una modificación demográfica, “no tenemos todos los sistemas para abordar a este nuevo sujeto social”.

“Los viejos aparecen ahora como un sujeto que vive en una sociedad que no está habilitada para soportarlos”. De allí, dice Carolina Franch, existe el temor por llegar a esta etapa de la vida que hace que la juventud por su parte, se alargue. Adultos de 30 años que viven con sus padres, las cirugías estéticas y negarse a asumir la edad son algunos ejemplos de ese “estiramiento”.

De esta manera, la antropóloga asegura que “tenemos una gran población que es vieja en términos etarios, pero que no es inútil” y menciona que en el caso de países como el nuestro, no “hemos hecho el cambio” necesario para integrar a estas personas. Entonces estos se sienten un estorbo y como nadie quiere sentirse así, atrasar la llegada de la vejez, parecería ser la solución.

Dificultad para aceptar los cambios

Por su parte, la psicóloga de Clínica Avansalud y especialista en adultos mayores, Paola Carrillo, afirma que “existe una preocupación, sobre todo en nuestra sociedad actual, donde se valora mucho la imagen. Además, la publicidad promueve estar constantemente a la vanguardia”.

Es por eso que manifiesta que “más que la autoimagen, lo que existe (entre quienes ya se encuentran en la etapa de vejez o que están entrando en ella) es una dificultad para aceptar los cambios en el cuerpo, porque hay una pérdida de funcionalidad y enlentecimiento en general. Ya no se puede hacer lo mismo que antes y a muchos eso les provoca un sentimiento de inutilidad”, dice.
 
 
Por otro lado, la psicóloga recalca que en relación a la imagen corporal, “el conflicto no es tan fuerte porque los cambios se efectúan de manera gradual”. Sin embargo, lo que sí ocurre, agrega, es que interrogantes con respecto a posibles cambios como los que entrega la cirugía estética son más frecuentes en quienes están viviendo “la década de los cincuenta”, edad donde se vive una especie de transición antes de llegar a la ancianidad.
 

“La vejez trae consigo una pérdida de capacidades físicas, mayor cansancio, pérdida de auto valencia, duelo, el proceso de la jubilación, etcétera. Desde este punto de vista la vejez se ve como una etapa de pérdidas en todo sentido”, menciona Paola Carrillo.

En cuanto a si esta incertidumbre ocurre más en un género que en otro, la especialista dice que “más que una distinción en ese sentido, quienes son más reacios a la vejez son las personas a las que les cuesta aceptar los procesos de cambio, aquellos que no tienen una personalidad flexible”.

A pesar de eso, afirma que “entre los hombres podría darse una mayor dificultad al comienzo de la vejez cuando jubilan, ya que para ellos el trabajo es una fuente de autoestima y definición de sí mismos. Las mujeres en cambio, además del trabajo tienen que preocuparse del cuidado de la casa y de los hijos, entonces cuando jubilan, igualmente tienen cosas por hacer”.
 
El miedo representado por la estética

Según afirma la antropóloga Carolina Franch, así como la sociedad no está preparada para los viejos, desde la perspectiva de la estética, la cosa no va mejor.

Al respecto dice que “hoy existe un concepto de belleza bastante estereotipado y en esos criterios la vejez aún no es tomada en cuenta” y si bien reconoce que ha habido algunas concesiones con respecto a temas como la extrema  delgadez, a la cual se le está dejando un poco de lado para dar paso a cuerpos “más normales”, con respecto al tema de la edad, no ha habido grandes modificaciones. “La belleza sigue anclada en un determinado periodo”, sostiene.

En esta misma línea, menciona que con estos estándares, es común apreciar “una paradoja – que de pronto suena bastante perversa y ridícula – donde tenemos a una persona, que quiere representar 20 años, pero que tiene 75. Entonces se genera una cosa muy complicada sobre todo para las mujeres”, explica.
 

Para la antropóloga de la Universidad de Chile, la edad avanzada no va de la mano con lo estético. Así, afirma que se puede apreciar “algo bien patético, pieles sumamente estiradas y bien plásticas donde no hay en ocasiones ni siquiera un reconocimiento de la autoimagen”.

De esta manera, Carolina Franch dice que es necesario hacer un cambio e “incorporar a un sujeto viejo – hombre y mujer – a una sociedad que está aumentando cada vez más las tasas etarias y donde (nuevamente en forma paradójica)  hay cada vez más viejos”.

Difícil, agrega si pensamos en que en general los ancianos además de estar más alejados de cosas como la tecnología, “han quedado atrás porque se le cierran los espacios; ya no puede trabajar, no se puede entretener, no puede tener sexo, etcétera y nos hace tener una imagen acerca de los viejos que se asimila mucho a la de aquel señor que le da migas de pan a las palomas en una plaza”, asevera.

Entonces, agrega, “el miedo al cual uno se enfrenta a ser considerado de esa forma, hace que obviamente nadie quiera serlo y es ahí donde las personas comienzan a utilizar distintos recursos para no llegar a verse viejo: cirugías, un auto nuevo, una pareja más joven, etcétera”, sostiene.
 
Punto Vital Enero 2012 ©
 
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