Tumor benigno de la piel. Ésa es la categoría en la que entra un nevo (nombre real del lunar), y a pesar de que la clasificación no es bella como la connotación que se le da a estas pecas, no hay de qué preocuparse, siempre y cuando acudamos a un dermatólogo en cuanto veamos alguna irregularidad en ellos.
En cuanto a su nacimiento, el nevo podría originarse a partir del melanocito, célula que entrega el pigmento a la piel. De ella se genera la célula névica, la que sería responsable de los lunares, tumores en su mayoría de color marrón o negro que pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, ya sea en forma congénita como a través de los años y sobretodo en las personas de piel blanca y con antecedentes de quemaduras por insolación.
El dermatólogo de Clínica Santa María, Iván Jara Padilla, explica que estos tumores benignos pueden llegar a convertirse en malignos y por consiguiente en cáncer a la piel, cáncer considerado como uno de los más graves y con mayor riesgo de muerte en la actualidad.
“En el último tiempo ha habido más consultas por los lunares. Corresponde más a una cultura colectiva que dice que si el lunar cambia de color o de forma, hay que acudir al médico”, dice.
Lo cierto es que simples cambios físicos que pueda tener un lunar (sobre todo por una eventual profundidad), significan el degeneramiento del tumor lo que puede transformarse en un melanoma maligno y en palabras del doctor Iván Jara, “este tumor es muy severo, de hecho entre los cánceres cutáneos es el de peor pronóstico”.
Es tan grave lo que puede resultar de un cambio en el nevo que el cáncer que llega a invadir el organismo desarrolla metástasis por la vía linfática y hematógena y puede comprometer órganos como pulmones, hígado, huesos y cerebro. |