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Falsas promesas, tratamientos peligrosos y personal no calificado son algunas de las críticas
 
Lucrando con la belleza
Muchas personas son capaces de cualquier cosa para mejorar su aspecto físico, recurriendo incluso a lugares que funcionan en la clandestinidad, sin ningún tipo de regulación y que cobran altas sumas de dinero por tratamientos que de efectivo tienen muy poco. ¿Hasta dónde puede llegar el afán por conseguir dinero en la estética?
 
Carla González C.
 

Hizo falta que un programa de televisión indagara un poco en las malas prácticas de algunos centros de estética para que las autoridades realizaran una fiscalización seria y pudieran percatarse de que muchos de ellos ejercen la estética y la cosmetología sin ningún tipo de rigurosidad, que cobran altas sumas por ello y que han ocasionado serios problemas en quienes han atendido.

Clientes – en su gran mayoría mujeres - con quemaduras graves, malos y nulos resultados en tratamientos que se ofrecen como “mágicos”, procedimientos mediante inyecciones que pueden causar graves infecciones e incluso la muerte si se realizan de manera errónea, han quedado de manifiesto en muchos casos, donde al parecer el dinero está por sobre la calidad del trabajo que se ofrece en este tipo de empresas.
 

En marzo de este año, la seremi de salud – Rosa Oyarce – hizo un llamado a la “auto fiscalización” por parte de los clientes hacia los centros de estética. Por su parte, la directora de la Asociación Nacional de Centros de Enseñanza de la Cosmetología y Estética (Ancece), Patricia Bernal, se manifestó de acuerdo con la seremi, pero agregó que hacen falta más facilidades para que los cosmetólogos realicen el examen de competencia. Esto según sus palabras, evitaría el trabajo ilegal. (Fuente: Radio Cooperativa).

 

Lamentablemente, son pocos los que están realmente calificados para realizar procedimientos estéticos como las inyecciones de toxina botulínica o de ácido hialurónico y menos aún para realizar cirugías plásticas, ambas prácticas consideradas actualmente como verdaderos negocios, muy rentables y donde siempre habrá  un nicho de clientes deseosos de un cambio para sus cuerpos.

Y como se trata de un mercado beneficioso, los precios son altos (250 mil pesos por un procedimiento con toxina botulínica o 400 mil pesos por un tratamiento de masajes, drenaje linfático, reducción de grasa, etcétera) y por lo tanto es fácil percatarse del lucro: tarifas excesivas, promesas a veces increíbles, la necesidad creada del cambio estético (o de la búsqueda de la imagen perfecta) y la poca y casi nula fiscalización, hace que surjan personas no calificadas que atienden a clientes, muchos de ellos muy poco conscientes de las consecuencias que un “simple pinchazo” en la cara puede causarles. Un círculo vicioso difícil de cortar.
     

Mientras son 124 los centros de estética que actualmente aparecen fichados en la Secretaría Ministerial de Salud Metropolitana, al cierre de esta edición, 6.553 dan como resultado en Google. Al parecer éste es un buen negocio. ¿Sabe usted cuántos de ellos funcionan como corresponde?

 
¿Quién fiscaliza?
 

“Efecto inmediato: corrección nariz, pómulos, hilos tensores, bótox hialurónico”, rezaba el cartel que colgó en la ventana de uno de los centros de estética que en marzo de este año, la seremi de salud metropolitana fiscalizó y clausuró, esto por no contar con el profesional certificado para ejercer este tipo de prácticas y por múltiples denuncias, la mayoría por quemaduras en la piel a consecuencia de la depilación láser que publicitaban como uno de sus servicios.

“Se hizo prohibición de funcionamiento debido a que no contaban con el personal acreditado con las competencias que tienen que tener en este caso, la cosmetología. Ellos deben portar un documento con el registro de la seremi de salud donde acredita que efectivamente tienen las competencias”, mencionó Rosa Oyarce para diferentes medios de comunicación.
 
     

Entonces, si a los ojos de las autoridades existe la fiscalización, no sólo a los centros de estética, sino que también a los productos que se utilizan en ellos para levantar pómulos, engrosar labios, atenuar arrugas y quitar grasa. ¿Por qué siguen existiendo personas inescrupulosas que lucran con la estética de las personas y sustancias químicas que al entrar en contacto con la piel pueden causar desde alergias hasta la muerte?

Para la directora de la Ancece, la idea de las fiscalizaciones periódicas es buena y claramente necesaria, pues hay muchas personas (que estudiaron o no cosmetología) que están haciendo tratamientos que no le corresponden.

Sin embargo, en declaraciones para radio Cooperativa realizadas a principios de este año, Patricia Bernal mencionó que existe una falencia importante por parte de las autoridades – específicamente de la secretaría regional ministerial de salud – en cuanto a la burocracia que existe para acreditarse como cosmetólogo.

Esto pues el examen de competencia se lleva a cabo cuatro veces al año y la inscripción para éste sólo se realiza durante siete días en el mismo periodo de tiempo, lo que para ella es un problema, pues quienes no alcanzan a realizar el trámite quedan fuera del sistema hasta la próxima inscripción y por lo tanto, terminan trabajando sin certificación.

 

Al parecer, la fiscalización de la que se habla no es eficaz, o al menos periódica, tal como lo solicitan las especialistas en cosmética. En 2003, quien presidía el Colegio de Cosmetólogas y Esteticistas de Chile – Orietta de la Jara – mencionó para La Cuarta que estos especialistas “no deben realizar tratamientos invasivos a la piel (inyectar ningún tipo de sustancia) sin estar asesorados por un médico que vele por la seguridad e higiene del proceso (…) La cosmetóloga trabaja sólo externamente con el cuerpo humano”, mencionó.

 

Independiente de este papeleo, lo cierto es que certificados o no, muchos centros lucran de mala manera a través de las promesas que ofrecen y del poco o nulo profesionalismo con el que trabajan. Por lo tanto, la responsabilidad que cabe en quienes acceden a productos y servicios es sumamente importante para no lamentar consecuencias negativas.

 
Sea su propio fiscalizador
 

Sin duda, los chilenos somos – en todo orden de cosas – irresponsables y como consumidores lo demostramos más aún, siendo los reyes del ahorro en desmedro incluso de nuestra integridad física, porque tal como pensarán algunos, ¿qué importa si la etiqueta está en otro idioma y si el que nos atiende no está certificado mientras el precio sea accesible y el servicio nos pueda en alguna medida entregar lo que necesitamos?

Será quizás por esa misma irresponsabilidad que las autoridades llaman a la “auto fiscalización” como una medida que permitirá a los consumidores cuidarse a sí mismos de las malas prácticas, las que lamentablemente son más comunes en lugares donde los clientes tienen menos acceso a servicios, en este caso, relacionados con la estética.

Entonces, exigir un mejor servicio, donde la higiene, la calidad de los productos y de los especialistas no sean un lujo sino una obviedad y por otro lado, pensar bien antes de someter el cuerpo a tratamientos que no son serios y que pueden traer consecuencias incluso fatales al parecer – y por ahora – sólo depende de nosotros.

 
El lobby es grande y según este video, permite que la industria de los cosméticos funcione sin la vigilancia que debiera tener.
 

 

Punto Vital Agosto 2011 ©
 
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