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Ojo con los lugares que lucran de mala manera con la belleza y estética
 
La belleza como negocio
Tratamientos mal hechos, personas que ejercen como terapeutas sin la calificación correspondiente, centros de estética clandestinos y poca fiscalización de las autoridades son algunos de los problemas que hoy enfrenta el “negocio de la belleza”, un mundo en el que también se lucra.
 
Carla González C.

De vez en cuando se transmiten por televisión programas y notas periodísticas que indagan en las malas prácticas de algunos centros de estética. Es ahí cuando las autoridades realizan una mayor cantidad de fiscalizaciones, percatándose de que muchos de ellos ejercen la estética y la cosmetología sin ningún tipo de rigurosidad, que cobran altas sumas por ello y que han ocasionado serios problemas en quienes han atendido.

Resultado de estas malas prácticas son clientes – en su gran mayoría mujeres - con quemaduras graves, nulos resultados en tratamientos que se ofrecen como “mágicos”, procedimientos mediante inyecciones que pueden causar graves infecciones e incluso la muerte si se realizan de manera errónea.

En marzo de 2012, la seremi de salud – Rosa Oyarce – hizo un llamado a la “auto fiscalización” por parte de los clientes hacia los centros de estética. Por su parte, la directora de la Asociación Nacional de Centros de Enseñanza de la Cosmetología y Estética (Ancece), Patricia Bernal, se manifestó de acuerdo con la seremi, pero agregó que hacen falta más facilidades para que los cosmetólogos realicen el examen de competencia. Esto según sus palabras, evitaría el trabajo ilegal. (Fuente: Radio Cooperativa).

Pese a que ahora hay mayor oferta de este tipo de servicios, son pocos los que están realmente calificados para realizar procedimientos estéticos como las inyecciones de toxina botulínica o de ácido hialurónico y menos aún para realizar cirugías plásticas, ambas prácticas consideradas actualmente como verdaderos negocios, muy rentables y donde siempre habrá  un nicho de clientes deseosos de un cambio para sus cuerpos.

Como se trata de un mercado lucrativo, los precios de los tratamientos son altos y por lo tanto es fácil percatarse del negocio: tarifas excesivas, promesas a veces increíbles, la necesidad creada del cambio estético y la poca y casi nula fiscalización, hace que surjan personas no calificadas que atienden a clientes, muchos de ellos muy poco conscientes de las consecuencias que un “simple pinchazo” en la cara puede causarles.

Se prohíbe el funcionamiento

“Efecto inmediato: corrección de nariz y pómulos, hilos tensores, bótox hialurónico”, decía el cartel que colgó en la ventana de uno de los centros de estética que en marzo del año pasado, la seremi de salud metropolitana fiscalizó y clausuró, esto por no contar con el profesional certificado para ejercer este tipo de prácticas y por múltiples denuncias, la mayoría por quemaduras en la piel a consecuencia de la depilación láser que publicitaban como uno de sus servicios.

“Se hizo prohibición de funcionamiento debido a que no contaban con el personal acreditado con las competencias que tienen que tener en este caso, la cosmetología. Ellos deben portar un documento con el registro de la seremi de salud donde acredita que efectivamente tienen las competencias”, mencionó Rosa Oyarce para diferentes medios de comunicación.

 

Si cuando se fiscaliza se pueden encontrar varias falencias, ¿por qué estas revisiones no se hacen más seguido para así multar a aquellas personas inescrupulosas que lucran con la estética de las personas y sustancias químicas que al entrar en contacto con la piel pueden causar desde alergias hasta la muerte?

Para la directora de la Ancece, la idea de las fiscalizaciones periódicas es buena y claramente necesaria, pues hay muchas personas (que estudiaron o no cosmetología) que están haciendo tratamientos que no le corresponden.

Sin embargo, en declaraciones para radio Cooperativa realizadas a principios de 2012, Patricia Bernal mencionó que existe una falencia importante por parte de las autoridades – específicamente de la secretaría regional ministerial de salud – en cuanto a la burocracia que existe para acreditarse como cosmetólogo.

Lo anterior tiene que ver con que el examen de competencia se lleva a cabo cuatro veces al año y la inscripción para éste sólo se realiza durante siete días en el mismo periodo de tiempo, lo que para ella es un problema, pues quienes no alcanzan a realizar el trámite quedan fuera del sistema hasta la próxima inscripción y por lo tanto, terminan trabajando sin certificación.

En 2003, quien presidía el Colegio de Cosmetólogas y Esteticistas de Chile – Orietta de la Jara – mencionó para La Cuarta que estos especialistas “no deben realizar tratamientos invasivos a la piel (inyectar ningún tipo de sustancia) sin estar asesorados por un médico que vele por la seguridad e higiene del proceso (…) La cosmetóloga trabaja sólo externamente con el cuerpo humano”, mencionó.

Independiente del trámite de acreditación, muchos centros lucran de mala manera a través de las promesas que ofrecen y del poco o nulo profesionalismo con el que trabajan. Por lo tanto, la responsabilidad que cabe en quienes acceden a productos y servicios es sumamente importante para no lamentar consecuencias negativas.

La auto fiscalización es primordial

Como consumidores, los chilenos somos irresponsables y lo demostramos siendo los reyes del ahorro en desmedro incluso de nuestra integridad física. ¿Qué importa si la etiqueta está en otro idioma y si el que nos atiende no está certificado mientras el precio sea accesible y el servicio nos pueda en alguna medida entregar lo que necesitamos?, pensarán algunos.

Será quizás por esa misma irresponsabilidad que las autoridades llaman a la “auto fiscalización” como una medida que permitirá a los consumidores cuidarse a sí mismos de las malas prácticas, las que lamentablemente son más comunes en lugares donde los clientes tienen menos acceso a servicios, en este caso, relacionados con la estética.

Entonces, exigir un mejor servicio, donde la higiene, la calidad de los productos y de los especialistas no sean un lujo sino una obviedad y por otro lado, pensar bien antes de someter el cuerpo a tratamientos que no son serios y que pueden traer consecuencias incluso fatales al parecer – y por ahora – sólo depende de nosotros.

Punto Vital Julio 2013 ©
 
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