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Hoy, la estética es una preocupación constante
 
¿Qué relación tienes con la belleza?
Con tanta dieta, cirugías, figuras estilizadas – y también “photoshopeadas” – modelos anoréxicas y bulímicas, narcisismo y tallas de ropa pequeñísimas, se tiende a pensar que existe demasiada preocupación por “la belleza”, entendiéndose ésta según los cánones que hoy rigen a la sociedad. ¿Es negativo pensar mucho en ello?
 
Carla González C.
 

¿Tanta belleza hace mal?, es la pregunta que nos gustaría dejar puesta sobre la mesa en este artículo. Y es que actualmente la televisión, las revistas, conversaciones entre amigos – quizás más entre amigas – Internet, la publicidad, etcétera, nos atosigan con imágenes que muestran, a veces directamente; otras entre líneas, que la hermosura es de una forma específica y que incluso viene en cuerpos definidos, los que a su vez parecieran tener más éxito que aquellos que no califican en la categoría.

Entonces, pareciera que “tener belleza” trae buenos dividendos y de allí que algunos que tienen la certeza de no gozar de ella, vuelcan todos sus esfuerzos en conseguirla a través de las dietas, las cirugías plásticas, los gimnasios y todo aquello que pueda contribuir a lograr un mejor aspecto y siempre y cuando se pueda lograr de la manera más rápida posible.

Con esto, el concepto de belleza más que ser virtuoso, ha perdido un poco el encanto de ayer para volverse algo artificial, que se adquiere – y no se posee – y paga por él y que mientras más rápido se pueda conseguir, mejor. A ello le suceden la preocupación excesiva por los kilos, la figura y la forma de nuestro cuerpo, el narcisismo y el ensalzamiento de figuras sólo por su morfología.

Para la psicóloga Alejandra Naranjo González, términos como “belleza”, “preocupación externa e interna” y “estética”, son conceptos que en este contexto no pueden analizarse por separado. Así, menciona que para ella, “la inquietud de querer connotarlos como una continuidad se origina en las reflexiones que se han realizado sobre el predominio del racionalismo en la modernidad”.

De esta manera, agrega que es en esta época donde “se instaló una idea del cuerpo como objeto, disociándolo del ser o alma, cosa que luego se reforzó por la emergencia del capitalismo, relegando el papel que la cultura fragua en el cuerpo y dando valor a aspectos más biológicos. Así surge una dicotomía muy común en nuestros tiempos: mente-cuerpo”, sostiene.
 

“Este es un momento clave de la historia, que nos permite cuestionarnos cómo los aspectos emotivos, psíquicos, biológicos, sociales, culturales y políticos construyen una noción de ser en el mundo, que cuando se miran por separado nos alejan de nuestra condición humana, en tanto seres diferentes de otras especies”, comenta Alejandra Naranjo.

 

En relación a la “preocupación extrema” de la cual podemos darnos cuenta diariamente con respecto a la búsqueda incansable de la belleza, la psicóloga comenta que esto “no sólo es una construcción occidental” – como podría pensarse.

En ese sentido dice que se trata más bien de “una consecuencia de aspectos socioculturales que conllevan a una concepción individualizada de las personas, esto como reflejo de otra dicotomía: naturaleza- cultura”, asegura.

Para la terapeuta, ambas dicotomías (mente/cuerpo y naturaleza/cultura) “se encuentran en una dualidad que termina separando al ser humano de sí mismo, de los otros, de la naturaleza, del cosmos, etcétera”. Es por eso que quizás, menciona, “surgen instituciones que cumplen el rol normativo que mantiene el orden social, concibiendo al cuerpo como algo residual, como una máquina, obviando con esto sus dimensiones subjetivas”.
 
Para ser bella debes cumplir reglas
 

Querer cumplir con todos los patrones que se exigen actualmente para ser considerado dentro del grupo de los “bellos” no es fácil y si la persona que quiere someterse a este juicio no está segura de sí misma y tiene una autoestima débil, la tarea será doblemente dificultosa y es probable que nunca se sienta satisfecha con todo lo que haga por lograr su objetivo.

Con respecto a este tema, Alejandra Naranjo dice que lo más probable es que la sociedad en la que vivimos tenga mucha responsabilidad en esto, pues “nos hace construir una idea de cuerpo que debe ser funcional a un sistema”.

Es por eso que “la idea de belleza se inscribe en estos parámetros, es decir, en un cuerpo escindido y funcional y es por eso que quizás la belleza esté presente como una preocupación constante, porque es uno de los tantos engranajes que son funcionales a un sistema en donde predomina el consumismo. El cuerpo es un vehículo para concretarlo”, afirma.
 
     

Para la psicóloga, el cuerpo es concebido hoy como un capital que no sólo está relacionado con la belleza, sino que también con otros temas como el marketing, la salud y la alimentación.

 

Por otro lado, Alejandra dice que enlazar conceptos como belleza y estética es incorrecto, pues a pesar de que ambos son utilizados la mayoría de las veces como sinónimos, la estética a su juicio, “tiene que ver con encontrar en cualquier objeto, persona, paisaje o situación un punto bello que lo convierte en un valor propio”.

En ese sentido, otorgarle la etiqueta de estética sólo a lo que por convención social reconocemos como bello no sería eventualmente lo más adecuado, pero lamentablemente es muy utilizado hoy por el marketing, “que usa patrones para homogeneizar gustos, estilos y esas llamadas bellezas”, sostiene.
 
La belleza, ¿es tu prioridad?
 

No debemos generalizar diciendo que toda la población está preocupada sólo de su belleza exterior y de trabajar por su autoestima, tratando por todos los medios de conseguir resultados rápidos a la hora de adelgazar, tener una silueta envidiable o parecerse a alguna estrella de cine.

Sin embargo, tampoco podemos hacer vista gorda y no admitir que todos en alguna u otra medida hemos estado insertos en el tema, ya sea en forma personal y la insistencia en dietas que no resultan, como espectadores al momento de calificar a una persona de “más hermosa que otra” o mediante la duda que se nos presenta al momento de opinar por qué una “cara bonita” consiguió un puesto importante en tal o cual empresa.

En ese contexto, pareciera que nadie se salva del tema y finalmente y aunque sea por un segundo, todos hemos pensado en cómo poder vernos mejor para así sentirnos más cómodos con nosotros mismos. Pero, ¿por qué a algunos les atañe este tema más que a otros?

Para responder a estas preguntas existen sin duda, muchas afirmaciones, una de ellas es el “habitus”, concepto que Alejandra Naranjo extrae del sociólogo francés Pierre Bourdieu y que se explicaría como “un espacio con temporalidad donde las personas practican su vida cotidiana, influida por su clase social y las representaciones que se construyen desde esas posiciones”.

Entonces, menciona que todos nosotros concebimos nuestro cuerpo y el de los demás según el aprendizaje formal y no formal y medimos su utilización “ya sea como una herramienta, como una forma de comunicación, de entretenimiento, etcétera” y por tal razón – por el habitus – es que “nos sentiremos más a gusto con ciertas actividades o formas de expresión corporal”.
     

“Para sumarnos o no a la idea del culto a la belleza, aceptación de nuestros cuerpos o éxito asociado a estos, lo primero que debe ocurrir es que exista una coherencia entre el habitus de la persona y el culto a la belleza al que se adscribe. Imagino que una mujer o un hombre que tienen que cubrir necesidades más elementales, ve más lejana la posibilidad de acceder a ciertos productos o cirugías que prometen belleza”, manifiesta la psicóloga.

 

En esta misma línea, afirma que las diferencias entre una y otra persona y su relación con el concepto de belleza dependerán del lado de la vereda en que se está. Así, dice que “cuando transitamos de un contexto social a otro, se modifican las valoraciones sobre lo bello”. Además, agrega que no hay que dejar de lado “ciertos aspectos psicológicos que nos vinculan con mayor o menos énfasis a ciertos modelos de belleza”.

Ahora, y en relación a la pregunta inicial, ¿tanta belleza hace mal?, Alejandra afirma que si bien “colocar un valor moral a la belleza es tan complicado como definirla”, debemos estar conscientes de que es hoy cuando uno de los distintivos de la globalización - la homogeneización - se hace presente “ya sea en hábitos, formas de consumo, relaciones políticas, etcétera”.

Para ella, “la idea de belleza no está exenta a este fenómeno y cada vez se exportan más cánones y recetas para igualar a las personas, identidades globales que pisan fuerte sobre las identidades locales”.

De esta manera, menciona que “el cuerpo siempre está en un espacio político, donde establece relaciones con otros cuerpos. Estos lazos configuran poder y lo que modelan no es sólo los patrones de belleza, sino que también los estilos de consumo que llevan a esos cuerpos estilizados”.

Por eso, añade que “el cuerpo se convierte en un objeto productivo, ya que la sociedad traza fronteras con las que controla sus comportamientos y crea nuevas necesidades vinculadas con la belleza”.

 
Punto Vital Junio 2011 ©
 
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