El miedo a la deformidad es una patología no tan extraña entre las personas
Cuando la estética se vuelve el tema principal
Preocuparse por cómo lucimos “por fuera” es algo común en todas las personas. Vanidad o no, procurar que la imagen que se proyecta sea buena y saludable es totalmente válido, pero ¿qué sucede cuando un individuo ve defectos donde no los hay y hace hasta lo imposible por arreglar aquella falla inexistente?
Carla González C.
Sentir que el tamaño de la nariz hace imposible una vida normal, que las orejas tienen una dirección poco correcta y que el tamaño de la frente no va a acorde con la forma de la cara son, para algunas personas, defectos que los acompañan día a día transformando en pesadilla su diario vivir.
Aunque lo anterior parezca exagerado es real y no se trata de casos aislados o meras experiencias anecdóticas. Se trata de la dismorfofobia (o trastorno dismórfico corporal), palabra que quiere decir “miedo a la fealdad” o “temor a la deformidad” y que es diagnosticado a nivel psiquiátrico como un trastorno de la personalidad.
Llamada “la nueva anorexia”, la dismorfofobia se caracteriza por la preocupación excesiva por el cuerpo. Quienes la padecen ponen énfasis en defectos que pueden ser reales o imaginarios, cosa que les produce gran ansiedad y disconformidad, llegando a extremos como los de alejarse de su entorno por miedo a ser rechazados por su fealdad.
Según la psiquiatra, doctora Gema Cabrera, este trastorno no es nuevo y el hecho de que hoy se conozca un poco más de él y de sus repercusiones es de alguna u otra manera gracias a la tecnología y los medios de comunicación, los que nos permiten tener un mejor acceso a este tipo de datos y así, de alguna u otra manera, estar atentos a su desarrollo.
Para la especialista, la dismorfofobia “normalmente está asociada a alteraciones de la estructura de la personalidad”. Así, define a quienes la padecen como personas “de preferencia obsesivo compulsivas o que poseen algún trastorno en su forma de ser”, es decir que “durante su desarrollo – y por razones constitucionales o ambientales – ocurrió una malformación en su personalidad”.
Aunque los pacientes con dismorfofobia pueden presentar disconformidad con cualquier parte de su cuerpo, estudios certifican que el 45% de los casos se centran en la forma de la nariz como el problema más angustiante.
Con respecto al origen de esta patología, la doctora Cabrera sentencia que algunas investigaciones han podido comprobar que los pacientes con este trastorno dismórfico corporal han sufrido durante su niñez experiencias relacionadas con “burlas sobre algún aspecto de su cuerpo y que no necesariamente tenían que ver con un defecto, sino con una estructura genética, por ejemplo, una nariz grande”, relata.
Estereotipos de moda
Otra de las causas de la dismorfofobia a las que apela la psiquiatra es la que provocan los estereotipos que actualmente imperan en nuestra sociedad. “La belleza, la sobre estimulación de los medios de comunicación y los parámetros de éxito se han asociado a ciertos modelos y por lo tanto, toda persona que no se sienta interpretada por ellos, se sentirá excluida e inadecuada”, asevera.
A nivel interno, la profesional menciona que estos pacientes simplemente “no ven la realidad” y bien lo compara con la anorexia, trastorno alimenticio donde los pacientes – en su mayoría mujeres adolescentes – tienen una visión errónea de su cuerpo, apreciándolo en todo momento como una figura con muchos más kilos de los que posee.
“Aquí es lo mismo, no hay una conexión entre la imagen externa y la interna, sino que siguen viéndose a través de la representación deformada que ellos mismos crearon”, manifiesta.
Por otra parte, la doctora Gema Cabrera afirma que la dismorfofobia puede afectar tanto a hombres como a mujeres y que el periodo donde suele manifestarse es durante la adolescencia. Al respecto dice que mientras a las mujeres suele afectarles situaciones que encuentran anómalas en su rostro (nariz, mandíbula, piel, entre otros), en los varones, los genitales serán su razón de angustia y preocupación.
Algunas de las obsesiones de quienes padecen de dismorfofobia y que los llevan a veces a manipular a familiares, su entorno más cercano e incluso a los mismos médicos, es la idea enfermiza de realizarse operaciones de cirugía estética, buscando de alguna forma la solución a su supuesto defecto o malformación.
Para estos pacientes – dice la especialista – es necesaria una terapia psicológica porque “por más cirugías o cambios que se hagan en el cuerpo, se seguirán viendo igual; deformes”, menciona. Por lo tanto, la evaluación por un especialista es primordial.
Pero, ¿cómo identificar a una persona con un trastorno dismórfico? Para lograr aquello, la psiquiatra dice que en general esta perturbación va muy de la mano de personas de carácter tímido, muy perfeccionistas, depresivas y sensibles a la crítica. “Aquellos individuos sometidos a traumas infantiles, con una estructura de personalidad alterada y eso sumado a la presión del medio ambiente, son un caldo de cultivo perfecto para producir una dismorfofobia”, asegura.
En este contexto, la profesional menciona que si bien durante la etapa de la adolescencia, los padres deben estar atentos al comportamiento de sus hijos, puede que algunos actos que estos lleven a cabo no sean más que parte del proceso de su desarrollo. “El problema será grave si al terminar esta etapa, la persona continúa con la misma percepción de su auto imagen”, declara.
Tratamiento
En relación a cómo ayudar a estas personas, la doctora Cabrera dice que lo más indicado es la psicoterapia. Al respecto cuenta que “hay corrientes conductistas que manejan muy bien la ansiedad y terapias gestálticas que permiten la profundización del problema”, anuncia.
La idea, según la especialista, es que la persona “se dé cuenta de su problema y que acepte su realidad”. De esta manera agrega que lo relevante es “aceptar quién soy y eso tiene que ver con aprender a amarnos. Con esto las cosas comenzarán a funcionar de otra manera”, asegura.