De esta forma, el profesional afirma que debido a esta propiedad, el llamado “metal rojo” ha servido desde hace muchos años para, por ejemplo, limpiar los barcos de los fenicios y así liberar la madera de algas y microorganismos, como fungicida en la agricultura, para tratamientos médicos en la edad media, curación de hongos en los pies, etcétera.
En estética propiamente tal, Améstica menciona que el cobre actúa sobre el colágeno, reorganizándolo y permitiendo con esto atenuar problemas como las estrías, las arrugas, líneas de expresión, calmar irritaciones, bolsas en los ojos, dermatitis, escaras en la piel, entre otros.
Al respecto, el químico sentencia que “al recibir cobre, las células se activan y de esa forma regeneran los tejidos. De hecho también hacemos lo mismo a través de la dieta, pues hay muchos alimentos que lo contienen dentro de sus componentes (entre ellos, los frutos secos, champiñones, chocolate, garbanzos y ciruelas)”, manifiesta.
Otro de los beneficios que pueden obtenerse del cobre es su aplicación en forma tópica, es decir, mediante cremas desde donde asegura, ya se está trabajando con este beneficioso principio activo.
La regeneración de los tejidos también permite ayudar a pacientes que padecen de diabetes, pues los iones de cobre al entrar en contacto con heridas e infecciones, ayudan a mejorar la dermis.
En los diabéticos – explica – “la circulación de la sangre no es muy buena y por lo tanto no llega bien a las extremidades y es por eso que la regeneración de los tejidos y los vasos capilares es deficiente”, cuenta. Por eso, añade que la función del cobre, en este caso a través de apósitos colocados directamente sobre la piel, es la de “eliminar la infección, con lo que disminuye la demanda de sangre, generando vasos sanguíneos que inician un mejor proceso de cicatrización”. |