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Los cánones de belleza son determinantes a la hora de una cirugía plástica
 
El cambio por la aceptación
El tema de la cirugía plástica puede ser tomado desde varias aristas, siendo una de ellas la posibilidad de cambiar el aspecto físico por uno mejor, más deseable y de acuerdo a los cánones actuales.
 
Carla González C.

Someterse a una intervención quirúrgica de este tipo está de moda. Y es que hoy tener acceso al quirófano y el bisturí es relativamente barato y accesible, tanto que en muchos lugares se puede pactar la cuenta en diversas cuotas y con cualquier tarjeta de crédito.

Si a eso sumamos las ofertas que de pronto lanzan algunos médicos y la generosidad mal entendida de padres que acceden a regalar cirugías a sus hijas cuando cumplen 15 años, podríamos concluir que hace ya bastante tiempo que estamos en la era del cuerpo/objeto donde la insatisfacción por la imagen lamentablemente es pan de cada día.

Es a raíz de lo anterior que actualmente existen muchas mujeres (también hombres) que se someten a liposucciones, abdominoplastías, implantes mamarios, rinoplastias y un largo etcétera, el que también contempla procedimientos ya conocidos por todos como las inyecciones de toxina botulínica, colágeno, silicona, ácido hialurónico y el no muy bien ponderado metacrilato, entre otros.

Se dice que los motivos más recurrentes por los cuales las personas deciden someterse a una cirugía estética son “la presión social, las exigencias de la pareja, factores biológicos e intereses personales”.

En relación a este tema el psicólogo de la Universidad Academia Humanismo Cristiano, Yukio Lagos, menciona que la imagen que cada persona tiene de sí misma es constitutiva de nuestra formación como seres humanos. En ese sentido, dice que ya desde la vestimenta – que en este contexto ya no sólo es utilizada para cubrirse – las personas utilizan elementos para “hacer bellos sus cuerpos, siendo éstas manifestaciones en donde aparece el cuerpo ante los otros, a modo de presentarse y representarse en lo cotidiano”.

Así, asegura que “todos producimos nuestro cuerpo” y de alguna u otra manera “nos esforzamos en producir algo que hable de lo que somos” y eso, asegura, no está mal. Lo complejo a su juicio es cuando la autoimagen es percibida como algo que requiere urgentemente de un cambio, ya sea por disconformidad como por malestar, el que “afecta la estima que cada cual tiene de sí, dado que socialmente existe la necesidad de enfrentarse al mundo con una belleza másacorde a la que se pide que tengamos hoy.

Por otro lado, afirma que en este tema hay mucho de subjetividad, donde preponderan conceptos relacionados con la belleza y el gusto, ambos construcciones sociales que según dice “vienen a ordenar los imaginarios sociales, polarizando las percepciones y dejando algunas características en el lado negativo (negro, gordo, bajo, etcétera) y otras en el positivo (blanco, alto, delgado, entre otros); recursos que permiten acceder a un cierto espacio de dominio personal, por el solo hecho de que cada cual pueda escoger como quiere verse”.

Para algunos la cirugía estética es sinónimo de sanación

Otro aspecto interesante es el de la labor que cumple la medicina en este tema. Yukio Lagos dice al respecto que desde sus inicios, se ha concebido el trabajo de los médicos como curativo y por ende – añade – “la medicina está hecha para curar”, en el amplio sentido de la palabra.

En ese sentido, dice que en el caso de la cirugía plástica (percibiéndola como el procedimiento realizado para “embellecer”) también vendría siendo una cura, tanto para el cuerpo como para la mente de quien se somete a ella. “Ahora existe toda una biotecnología que está a disposición de las personas para satisfacer sus deseos”, enuncia.
 
     

“Esta medicina – la relacionada con la cirugía plástica – se concibe como un procedimiento que no sólo cura y mejora los aspectos físicos de una persona, por ejemplo con labio leporino, sino que también apoya una restitución a nivel psíquico”, comenta el psicólogo.

Lo anterior queda de manifiesto cuando muchas mujeres deciden someterse a intervenciones como las liposucciones o el aumento de mamas para poder así tener una solución (y figura) que les permita tener intimidad con sus parejas, ésta vez con la luz encendida y sin vergüenza de su cuerpo.

“Cuando hablamos de la (cirugía) cosmética, también se habla de corregir defectos, ¿pero cuáles?, la gordura, el tamaño del busto, etcétera y por eso mismo esto viene a acreditar un canon de belleza que ellos mismos (la medicina) también establecen. Entonces, si hay que hacer una abdominoplastia, es porque el ideal de belleza va por ahí y como esto está sustentado por una mirada profesional, se vuelve veraz”, asegura.

Prácticas lamentables

Puede que parezca de perogrullo, pero tomar los resguardos correspondientes a la hora de una cirugía plástica es sumamente importante, pues ya hemos sabido de casos en los que a causa de errores, poca ética o irresponsabilidad, muchos pacientes han terminado con graves secuelas (otros fallecidos) a causa de una intervención mal hecha.

Al respecto el cirujano plástico de Clínica Santa María (CSM), doctor Álex Eulufi, menciona que los errores más comunes que se cometen son de criterio, esto porque el tema más relevante en estos casos es la capacitación técnica que tenga el médico, profesional que para lograr la subespecialización que les permite realizar este tipo de procedimientos (en Chile no existe la ley de especialidades), les lleva varios años más de los que ya invirtieron para obtener el título de médico.

Con esto, el doctor Eulufi dice que “es de suma importancia que la gente no se deje engañar, porque no existen las sociedades de cirugía estética o de cirugía cosmética; esos son una especie de artilugios judiciales que utilizan personas para agruparse sin tener certificación universitaria adecuada y así ejercer la cirugía plástica”, manifiesta.

La única institución que agrupa legalmente a los cirujanos plásticos es la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica Reconstructiva y Estética, que tiene como objetivo “congregar a los especialistas científicamente idóneos y éticamente calificados, preocupándose de su continuo perfeccionamiento, así como de la formación de las nuevas generaciones de cirujanos plásticos”.

Quienes no están adecuadamente entrenados (por la Universidad de Chile, la Universidad Católica y/o la Corporación Nacional Autónoma de Certificación de Especialidades Médicas, Conacem), menciona el cirujano, no serán capaces de resolver sus propias complicaciones derivadas de una cirugía estética.

Por otro lado, menciona que situación similar ocurre con los tratamientos estéticos no invasivos, en relación a un médico no entrenado o un cosmetólogo. Aquí, dice que “el problema está cuando hay que resolver situaciones que escapan de lo habitual; son más frecuentes de lo pensado y si por ejemplo tienes a un paciente que quiere ponerse toxina botulínica y tiene una asimetría en las cejas, no van a saber poner la inyección de forma correcta para corregir el problema si no conocen acerca de las dosis o de dónde está cada músculo y la acción que ejercen”, dice.
 
A algunos pacientes hay que rechazarlos
 

“Si una persona no tiene apendicitis, no hay por qué sacarle el apéndice”, enfatiza el doctor Eulufi quien asegura que “si una paciente no necesita algún tipo de cirugía estética, uno tiene que ser capaz de decírselo, además, es importante que así como el paciente puede elegir a su médico, que el médico también pueda elegir a su paciente”, sostiene.

En esta misma línea, el cirujano plástico comenta que en esta área hay muchos pacientes que llegan en busca de ayuda sin necesitarla “y que tienen una patología psiquiátrica llamada dismorfofobia que se resume en la no aceptación de su estado físico. Muchas veces son personas que se han operado la nariz con un médico, se han puesto implantes mamarios con otro y se han arreglado los párpados con otro y nunca están conformes. Con esos pacientes hay que tener mucho cuidado”, advierte.

 
 

“Generalmente, los pacientes que llegan por una cirugía plástica no tienen autoestima baja; ellos vienen con un problema puntual que les molesta y que claro, les puede afectar su día a día, pero no son personas que anden por la vida inseguras”, menciona el doctor Eulufi.

Es por esto que el especialista afirma que es muy importante trabajar con un equipo multidisciplinario que contemple además del cirujano, la labor de entre otros, un psicólogo que pueda de alguna forma dar el pase para la operación, sobre todo si se trata de personas menores de edad a quienes también se les solicita la autorización de sus padres.

“Lo importante es dedicarle tiempo al paciente y escucharlo y en una conversación de 45 minutos o una hora, uno puede hacerse una figura bastante importante de la persona”, manifiesta.

Punto Vital Abril 2013 ©
 
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