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Las callosidades en los pies pueden traer consecuencias incluso para la columna
 
La delgada línea entre la estética y la salud
Aunque un callo en el pie pareciera ser algo normal y que cualquiera puede llevar consigo, lo cierto es que el no preocuparse por estos temas tiene incidencia sobre la salud, pues para la podología, una mala pisada puede traer consecuencias que suben por las piernas hasta llegar al área cervical. Para la reflexología en tanto, un callo podría ser impedimento para sanar algún órgano.
 
Carla González C.
 

Llegaron los días de verano y con ellos, el desprendimiento de ropa se hace evidente, donde no sólo las poleras, faldas o bermudas son las que salen del clóset, sino que también las sandalias y los zapatos más descubiertos, los que dejan entrever parte de los pies que estuvieron ‘guardados’ durante todo el invierno.

Como generalmente ocurre con las partes del cuerpo que son cubiertas por la ropa, el descuido no es evidente hasta que se hace necesario su descubrimiento. Esto también pasa con los pies, donde el roce de zapatos angostos y de materiales poco apropiados, hace que las callosidades sólo sean un tema cuando existe la posibilidad de que el resto de las personas las vean, es decir, en época de calor.

La podóloga Marisa Mora menciona que los callos son una molestia que puede afectar a todos, incluyendo a los niños y que tiene que ver en su mayoría con un tema de roce o presión ejercida por el calzado, principalmente en “zapatos estrechos donde quedan los dedos deformados”, comenta.

A este problema, Mora adiciona la malformación que se va provocando en el pie a nivel de metatarso, lo que a su vez deriva en una “malformación del hueso de los dedos. Se colocan en forma de garra o martillo y al enroscarse van teniendo roce con el calzado, lo que acelera la callosidad”, sentencia.

La especialista afirma que los callos son una defensa que posee la piel frente a las posibles heridas que se pueden ir dando con estos roces. Dice que el engrosamiento que luego dará paso a una callosidad es una suerte de fortalecimiento, “se hace una ampolla y luego se va formando la callosidad”, explica.

Callos que impiden la marcha
 

Marisa Mora cuenta que hay callos que causan mucho dolor y que impiden el buen desplazamiento. “Hay diferentes tipos de callosidades, está la que es plana (queratosis), que no tiene núcleo - o raíz como le llama la gente - y está el que sí es doloroso porque sí tiene núcleo (queratoma)”.

Con respecto al lugar del pie donde los callos pueden aparecer, la podóloga manifiesta que en el caso de las mujeres – quienes más poseen este tipo de durezas – lo más frecuente es tener el metatarso caído y que esto puede ocurrir por factores como el exceso de peso, el embarazo y etapa de post parto y la utilización de zapatos con taco alto, entre otros.

Según sus palabras, el problema de los callos no sólo tiene que ver con algo estético, sino que la salud de una parte importante del cuerpo puede ser afectada. Y es que al tener durezas en los pies – principalmente en la zona del metatarso – tiene como consecuencia una mala pisada y por ende una inapropiada marcha. “Todo eso conlleva a problemas en los tobillos, rodillas, caderas, columna y generalmente las mujeres terminan con problema en la cervical”, enumera.

En el caso de los hombres, Mora afirma que por el hecho de usar un calzado más ancho y bajo, sumado a que la mayoría de las veces lo utilizan con la protección que significan los calcetines, tienen menos posibilidades de formar queratosis o queratomas. “Lo que sí se ve mucho en los varones es problema de uñas”, resalta.

 
Tratamientos
 

En cuanto a las formas de cómo tratar las callosidades en los pies, existen diversas maneras, las que vistas desde el punto de vista científico y natural, contribuyen tanto a solucionar este problema como a mitigar el dolor que en algunos casos significa la mala pisada y una consecución de otros problemas.

Desde la mirada de la podología, Marisa Mora dice que el tratamiento – llamado paliativo – consiste en “tratar de extraer toda la callosidad y siempre recomendar el uso de una plantilla (con el asesoramiento de un traumatólogo ortopedista) para intentar formar nuevamente el arco para que no se torne tan doloroso”, manifiesta.

 
 

Desde la naturopatía se recomienda frotar la callosidad con una piedra pómez después de cada lavado, remojarlos en sal de mar o en sulfato de magnesio hidratado. La herbolaria en tanto, invita a cubrir los callos con jugo de limón o con un diente de ajo machacado y sujeto con gasa y tela adhesiva.

 

La profesional cuenta que el tratamiento desde esta especialidad consiste en la extracción del callo mediante la ayuda de un bisturí, “se elimina lo que está de más”, explica y frente a la posibilidad de que el callo vuelva a salir, sentencia que todo se trata de una suerte de círculo vicioso, pues al continuar caído el hueso, se produce una disminución en el flujo de sangre y por lo tanto, esa parte de la piel estará ‘asfixiada’, pues no recibirá oxígeno, “por eso se pone amarilla la zona de la callosidad”, afirma.

En relación a los medicamentos naturales, Marisa reconoce que existen varias ‘recetas’ para combatir los callos, pero para ella estos datos sólo contribuyen a mitigar el dolor, pero no sacan la dureza. “Los exfoliantes ayudan a suavizar un poco la piel y lo recomendable es pasarse una lima y luego crema de manos para que lubrique toda la zona”, asevera.

 

Callos en reflexología: posible impedimento para sanar
La reflexóloga María Luisa Cousiño además de coincidir con que la mayor causa de las callosidades en los pies es la utilización del mal calzado, cuenta que para la reflexología, estas incómodas durezas serían un importante obstáculo para llegar a un tratamiento.

Al respecto, la especialista comenta que como en esta disciplina se trabaja en el órgano afectado utilizando los dedos de las manos sobre el punto reflejado en el pie, “si tienes una dureza plantar – donde se refleja la zona de los oídos y ojos – estará menos irrigada, lo que entorpece el buen funcionamiento de esa área”, menciona.

“En la punta de los dedos”, prosigue, “está toda nuestra zona cerebral, en el dedo gordo están las glándulas pituitaria y pineal y en la base del talón, está la parte genital”, afirma y opina que “el hecho de que en esa parte haya una dureza, interrumpe también cierta irrigación y reflejo hacia esos lugares”, asegura.

Para la terapeuta, existe una relación directa entre una dureza en determinado lugar del pie y alguna enfermedad que pueda existir en el órgano reflejado en ese punto. Según sus palabras, las zonas del pie deben estar despejadas para así poder enviar los impulsos energéticos de una buena manera, “si están endurecidas, es como si tratáramos de hacer masaje sobre una coraza, no llega el reflejo”, sentencia.

Por lo tanto, María Luisa Cousiño manifiesta que lo mejor es siempre tener los pies bien cuidados y libres de toda molestia, “para así poder hacer una buena inflexión en esa área”.
 
Punto Vital Noviembre 2008 ©
 
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