Alimentación En Forma Cuerpo y Mente Salud Estética Sexualidad Emprendedores Suscríbase
+ ESTETICA

 
 
Las consecuencias del blushing están a la vista; su origen en cambio es interno
 
Cuando ponerse rojo es un problema
Sentir que las mejillas se enrojecen por alguna situación, por ejemplo vergonzosa, es normal. Sin embargo, cuando sucede sin previo estímulo como mientras se habla por teléfono o cuando estamos en una comida familiar, puede ser resultado de una patología que si bien tiene consecuencias externas, va más allá de la estética facial.
 
Carla González C.
 

Dicen que más vale ponerse colorado una vez que ciento amarillo, pero cuando este enrojecimiento se hace cotidiano hasta en las situaciones menos relevantes, resulta incómodo y hasta invalidante para estos pacientes que incluso llegan al extremo de esconder sus rostros lo más posible con tal de no ser apreciados.

A este desconocido, pero no por eso poco habitual padecimiento se le llama pathological blushing o rubor facial patológico (RFP) y es definido por el cirujano de tórax, doctor Claudio Suárez, como un episodio “originado por estímulos emocionales o sociales” que se caracteriza “por su aparición instantánea en mejillas, cejas, cuello y parte del tórax” y donde además puede ir acompañado “de una sensación de turbación, calor en la cara, hormigueo y a veces, bloqueo de la función mental”.

De acuerdo a lo anterior, pareciera entonces que este enrojecimiento además de no pasar inadvertido, tampoco es algo agradable y normal para quienes lo padecen. Según las palabras del doctor Suárez, “cuando la respuesta del rubor facial es inducida anormalmente por los estímulos más leves como subir al metro, ir de compras, encontrarse con alguien, etcétera, estamos en presencia del rubor facial patológico”.

 

Según el doctor Suárez, el control del blushing “no pasa por las manos de quien lo padece” y su sufrimiento ocasiona incluso que las personas “se vuelvan tímidas, introvertidas, inseguras, con miedo al ridículo”, etcétera.


Por otro lado, el psiquiatra de Clínica Las Condes, autor del libro “Blushing: cuando sonrojarse duele” (Uqbar Editores, 2009) y también un ex paciente de RFP, doctor Enrique Jadresic, menciona que esta tendencia es “ingobernable” e incluso muy limitante para los pacientes, quienes pueden continuar con su vida de todas maneras y a costa de un gran esfuerzo o sintiéndose deprimidos hasta llegar al aislamiento social.

Además, el especialista dice que el fenómeno del pathological blushing (a veces confundido con la rosácea) no sólo tiene que ver con la vergüenza – como la mayoría de las veces se asocia – sino que se trata de la ruborización con extrema facilidad y debido a estímulos menores como los antes señalados. “Es desencadenado por estímulos psicológicos”, asegura.

 

En busca de una máscara
 

El doctor Claudio Suárez comenta que esta patología se produce “por la sobre actividad del denominado sistema nervioso simpático, del cual no tenemos control voluntario”. Entonces, y frente a incitaciones de tipo emocional o social, estos nervios “se tornan activos”, originando “una vasoconstricción post capilar”.

Por tal descontrol, la mayoría de las personas que viven esta desagradable experiencia, pueden estar durante años intentando soluciones para no ser vistos con la cara enrojecida y ser motivo de burlas o preguntas, después de todo, la mayoría no sabe de esta patología y por lo tanto no conoce de qué se trata y si existe o no una solución.

Al respecto, el doctor Enrique Jadresic afirma que antes de llegar a un especialista y conocer los tratamientos que pueden seguirse para atenuar e incluso terminar con este padecimiento, las personas – hombres y mujeres por igual – buscan remediar de cualquier forma este antiestético problema y para eso menciona que recurren a métodos que incluso pueden perjudicar su salud.

“No se atreven a preguntar, les da vergüenza y por lo tanto no van al doctor”, cuenta el psiquiatra quien entre las soluciones parche que le ha tocado ver en los pacientes están la utilización de sombreros, barbas frondosas, lentes, pelo largo para que pueda cubrir la cara, bases de maquillaje y bronceado excesivo.

Frente a este último, el médico de Clínica Las Condes dice que es a tal punto la desesperación, que hay personas que se asolean en extremo para así pasar inadvertidas por el enrojecimiento y poder resaltar por el bronceado, cosa que claramente puede atentar contra la salud.

 

Muchas de las personas que padecen de RFP pierden muchas oportunidades en la vida debido a este problema. Así, hay pacientes que dejan de estudiar, rechazan ascensos laborales, no poseen una estable vida afectiva ni social, entre otros.

 

En cuanto a las conductas que adoptan estos pacientes, el doctor Jadresic manifiesta que evitan salir de día o bien pueden ser aquellos que en una reunión con amigos se dedican a servir y se mueven constantemente, para así evitar sentarse y ser observados; también pueden beber alcohol rápidamente para disminuir la angustia social.

 

Para acabar con las caras rojas
 

Gran parte de las veces, el síntoma del enrojecimiento se trivializa y por lo tanto no se le da la importancia que realmente requiere. Frente a esto, el médico psiquiatra cuenta que aún hay discusión sobre si se trata de una patología psiquiátrica o más bien orgánica.

Es por eso que según su experiencia dice que “esto debiera considerarse al menos un síntoma mórbido”, añadiendo que “otros lo incluyen dentro de la fobia social, porque efectivamente se dice que uno de los síntomas de ésta es el blushing”, explica. No obstante, resalta que al incluir el rubor facial dentro de esta patología “no da cuenta de la envergadura del fenómeno”.
 
 

El blushing suele partir en la pubertad y por lo tanto, cuando es excesivo, incide en la personalidad de los pacientes quienes de ser más bien extrovertidos, pasan a desarrollar timidez y temor de enfrentarse a situaciones como las de hablar en público, dar su opinión, etcétera.

 

Para el especialista, los tratamientos que actualmente existen para tratar el rubor facial patológico – del que se menciona una tendencia hereditaria – tienen a la hiperhidrosis (exceso de sudoración) como una especie de primo hermano, donde hoy se manejan como síntomas asociados.

En esta misma línea, el doctor Jadresic comenta que la operación quirúrgica que hoy se utiliza para ayudar a los pacientes más graves de RFP es la misma que se lleva a cabo en personas con hiperhidrosis, de hecho, fue a partir de esta última donde pudieron dar cuenta de esta asociación.

Por otro lado sentencia que dependiendo de la intensidad con que se manifiesta el síntoma en las personas (y por eso primero se estudia al paciente en forma profunda), también existe la posibilidad de ingerir “medicamentos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina”, cuyo consumo – el que debe mantenerse en forma indefinida - puede paliar el padecimiento.

La idea de este tipo de tratamientos es en palabras del médico, contribuir al mejoramiento de la calidad de vida de estas personas, quienes luego de contar de su problema y someterse a algún procedimiento – donde también destaca la psicoterapia cognitivo conductual – sienten que por fin su sufrimiento ha sido validado y por lo tanto, ven una posibilidad de terminar con este molesto síntoma.

 
Punto Vital Septiembre 2009 ©
 
Artículos Relacionados
Más respeto con el sol
Más de una gota de sudor