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Aceptarnos tal cual somos es un trabajo muy difícil si no hay validación
 
Si te miras al espejo, ¿qué ves?
Temer a la vejez, estar disconforme con gran parte del cuerpo, criticar de manera flagelante la cara, las piernas o el abdomen y sentir que sería un regalo divino el poder operarse entero, son algunas de las actitudes que muchos tienen hacia su apariencia física. ¿Por qué nos cuesta tanto aceptarnos tal cual somos?
 
Carla González C.

En ediciones anteriores, les contamos acerca de cómo los cánones estéticos que actualmente imperan en sociedades como la nuestra son tan peligrosos sobre todo para las mujeres, quienes se ven enfrentadas día a día a un concepto de lo bello que no siempre se acomoda a su realidad, siendo aquellas más vulnerables las que sucumben ante la idea de un cuerpo distinto, sacado de revistas y que lamentablemente no pueden obtener.

También hemos hablado de esta especie de animadversión contra la vejez y esas ansias locas por permanecer jóvenes el mayor tiempo posible, con la piel estirada y con ni una sola cana en el cabello. Lo viejo definitivamente pareciera estar fuera de la moda y hoy, hombres y mujeres se aferran a la tecnología que les permite conseguir aunque sea un par de años menos en su calendario.

¿Por qué nos cuesta tanto aceptar nuestro cuerpo tal como es?, ¿por qué vivimos – sobre todo las mujeres – comparándonos con otras personas y deseando tener el abdomen de una modelo, la nariz de la presentadora de noticias, los ojos de la actriz y las piernas de la campeona de gimnasia?
 

Cuántos de nosotros (¡y cuántas veces!) nos hemos visto reflejados en el espejo o en una vitrina y pensado en cómo cambiar miles de defectos corporales que nos gustaría que desaparecieran para ser diferentes y más aceptados. Todos se muestran a favor de que “lo que importa es lo de adentro”, pero al parecer, en la práctica lo que sigue imperando es “el envase” que cada cual lleva durante su vida.

Para el psicólogo especialista en psicología transpersonal, Alejandro Celis Hiriart, responder a estas preguntas es muy simple y tiene que ver con cómo fuimos mirados en nuestra infancia. “Como no nos quieren tal como somos desde chicos, nos critican y nos comparan con otros, no recibimos una especie de aceptación genuina y real de todo lo que somos ni por parte de los padres, el colegio ni ninguna estructura social”.

A raíz de esto, afirma que la autoimagen se construye como consecuencia de lo anterior, donde al parecer nos terminamos creyendo todo lo que dicen de nosotros y “formando una idea muy pobre de nosotros mismo. Si esto sucede, entonces por supuesto no estaremos conformes con la apariencia, ni con lo que sentimos y pensamos. Nos tragamos todo, estamos muy llenos de críticas”, reflexiona.
 
Para ser fuerte hay que pensar

Con respecto a cómo poder fortalecer aquella autoimagen dañada y poder así generar un cambio y por ende, no sentir la necesidad constante de compararse y anhelar el cambio de todo aquello que no nos gusta de nuestro cuerpo, Alejandro Celis menciona que lo primero es “cuestionarse el tema, porque ni siquiera eso hacemos y empezamos a creer que las cosas son tal como nos las dicen”.

En ese contexto, asegura que si bien un niño no puede realizar un análisis acabado del tema donde, por ejemplo discuta la seguridad con la cual se mueve (o de la cual carece) quien le está criticando, “hay gente, muchos famosos, que son tremendamente neuróticos y uno se pregunta cómo personas inteligentes pueden tener cabezas tan complicadas y seguramente es por esta educación en donde probablemente nunca se cuestionaron nada de lo que les enseñaron”, sostiene.
 
 
Por esta razón – dice Celis – muchas personas “no buscan un mayor autoconocimiento ni un crecimiento para sanarse de todas estas cosas; no buscan encontrar quiénes son en realidad y no lo que le dijeron que son”.
 

“Para mí, todo el tema de los implantes mamarios es tremendo y con estas cosas las mujeres se empequeñecen. ¡Qué poca aceptación tiene esa persona por quién es! Entiendo si alguien tiene un problema médico como una deformación obvia, pero eso de agregarse y quitarse lo hallo triste”, menciona el psicólogo Alejandro Celis.

En esta misma línea, el terapeuta afirma que estar constantemente cambiando la fisonomía del cuerpo, en este caso a través de intervenciones quirúrgicas es algo “triste” porque “significa que esa persona tiene una idea muy negativa de sí misma y de quién es. Además, tiene un concepto muy estrecho porque por ejemplo con el tema del aumento mamario, la gente cree que hay un cierto tamaño estándar y eso no es cierto, entonces se vuelve una idea estereotipada que mueve sobre todo a los norteamericanos porque ellos son algo así como un modelo de imagen que  nosotros le hemos ido comprando”, enfatiza.

Por otro lado, asevera que a pesar de ser éste un tema transversal en cuanto a géneros, pareciera ser aún más evidente en las mujeres, quienes siempre se están comparando, criticando y haciendo todo lo posible por encontrar siempre un defecto físico que quisieran corregir.

En ese sentido, el psicólogo dice que en las mujeres “hay más expectativas” y lo cierto – asegura – es que “ellas también entran en este juego, porque es cierto, a los hombres les gusta un cierto estereotipo de mujer, pero ellas en vez de decir no estamos ni ahí con lo que ustedes quieren, finalmente se prestan para el juego y hacen dieta, se operan, etcétera”.

A diferencia de ellas, el terapeuta señala que los varones no se dejan presionar. “Si la mujer le dice al hombre que está guatón, a él le dará lo mismo y a lo más irá algunas veces al gimnasio. Las mujeres en cambio han aceptado la presión y las exigencias, es decir, se han dejado someter”, sentencia.

“Somos una sociedad muy enferma”

Con esta frase, el psicólogo Alejandro Celis intenta explicar por qué estamos como población inmersos en actitudes como aquella de no aceptarse físicamente casi bajo ninguna circunstancia. Al respecto menciona que actualmente “no hay amor entre los seres humanos ni tampoco una validación entre unos y otros” y por eso surgen con mayor fuerza actitudes como las de no aceptar el cuerpo o la llegada de la vejez.

Para el especialista, “los viejos son mal vistos y la juventud es hiper valorada”, entonces, añade que bajo esa perspectiva hoy es común ver a personas de edad avanzada “luciendo como de veinte años y eso es ridículo, triste. Es cierto, todos quisiéramos ser esbeltos siempre y  tener 30 años y quedarnos pegados ahí, pero eso no es así”, indica.
 
 

La invitación es a no rechazarnos y a hacernos amigos de nosotros mismos (en todo ámbito y no sólo en el físico) y tal como menciona Alejandro Celis “vernos al espejo y no comenzar a limitarnos, no cuestionarnos luego de una reunión todo lo que dijimos y aceptar lo que sentimos aunque sea raro”.

En esta misma línea, afirma que “hay algo que cada uno debe ir aceptando, como por ejemplo los cambios de edad, los que puedes ir disimulando o simplemente aceptando como una etapa distinta en la vida. Uno no puede estar esperando a que los demás validen lo que debiera validar uno mismo”, sugiere.

Para el psicólogo, la dificultad de cambiar esta actitud tiene que ver con que se hace demasiado familiar y conocida. De allí que menciona que se vuelve “más fácil rechazar porque ya conocemos esa sensación, pero obviamente es mucho más grato empezar a sentirse cómodo con uno mismo. Será distinto porque no estamos acostumbrados, pero hay que estar dispuesto a lograr ese cambio”, sostiene.

Acerca de cómo lograrlo e iniciar un camino hacia la aceptación en este caso corporal, Alejandro Celis dice que a pesar de que hoy existen muchas terapias y libros de autoayuda, entre otros, “lo importante es que la persona se diga a sí misma: voy a aceptarme como soy, a aceptar lo que pienso, mi aspecto, mi inteligencia, mis opiniones, mis sentimientos, etcétera, pero eso es algo personal que se puede hacer a través de una terapia o no. La idea es hacerse amigo de uno mismo”, manifiesta.
 
Punto Vital Marzo 2012 ©
 
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