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Los cánones de belleza hacen que las mujeres se sientan inconformes con su cuerpo
 

La estética como un “deber ser”

Las modelos de las revistas de moda y pasarelas, las tallas de ropa y la moda por ser delgada han logrado que muchas mujeres no se acepten tal cual son y busquen medidas para cambiar sus cuerpos. La presión es fuerte y muchas sucumben a las exigencias.
 
Carla González C.

La clara inconformidad que hoy tienen muchas mujeres consigo mismas tienen que ver en gran medida con los cánones de belleza actuales, “dogmas” que causan estragos, pues sólo un mínimo porcentaje de ellas (o quizás ninguna) cumple a cabalidad con el estereotipo que se presenta en los medios.

Todo esto es potenciado con el hecho de que existen mujeres que asocian el ser alta, rubia, flaca y bonita con el éxito e incluso con la ascensión en las clases sociales, entendiendo que sólo se podrá salir de los problemas económicos si se ponen una máscara y caminan por la vida al estilo de los rostros de la televisión.

Ante este escenario, hay cada vez más jóvenes e incluso niñas que absorben todo este “ruido publicitario” y sin siquiera analizarlo, se vuelcan en una batalla por los kilos, los postizos, las píldoras y los implantes para así poder verse lo más parecidas posible a “x” modelo, olvidando por completo quiénes son.

El tema es complejo, pues no se trata de echarle la culpa a la mujer, al hombre, a la publicidad o a la globalización de manera individual, pues al parecer todos estos agentes se relacionan de algún modo ocasionando que cada vez haya más personas que vivan en esta suerte de “dictadura del estereotipo”.

Para la semióloga y actual secretaria de la Corporación de Desarrollo de la Mujer, La Morada – Rosario Puga Moller – este tema “tiene que ver con una presión que no es la más visible, pero que tiene que ver con el mundo del mercado laboral que es cada vez más exigente con las mujeres y que termina haciéndose parte de un patrón cultural en el cual se imponen una serie de requisitos que presionan mucho”.

Así, asegura que ya no se trata solamente de un problema de autoestima, de cómo se ve la mujer frente al espejo o de cómo le gustaría ser. Lo inquietante es que ahora la preocupación es acerca del cómo debo ser y por eso comenta que el tema además debe abordarse mediante “la deconstrucción del mito acerca de la mujer como un sujeto pasivo dominado por los estereotipos culturales, los que finalmente vamos todos interiorizando”.

Con lo anterior enfatiza en la idea de no presentar a las mujeres como “víctimas de una cultura de mercado”, sino “cómo desde la formación de nuestras conciencias vamos interiorizando patrones, naturalizándolos aunque en realidad son claves culturales”, menciona.

Por su parte, Carolina Franch Maggiolo, antropóloga del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, dice que “todas las sociedades han tenido su definición propia de belleza, es decir, es una construcción cultural y por lo tanto no es inamovible, sino que ha variado en el tiempo”.

Es por esa razón quizás que las mujeres han pasado desde los diminutos zapatos japoneses y la gordura de la clase alta del siglo XVIII a los asfixiantes corsés y ahora a las tallas 36, todo esto, según la profesional “al parecer ha servido como marca o distinción para diferenciar al interior de las culturas, las clases altas de las bajas. Entonces sólo cuando las culturas empiezan a jerarquizarse, empieza a surgir también el tema de la belleza”.

Lo que sucede en nuestros días es que, a juicio de Carolina, “la belleza se instala en un modelo occidental, neoliberal capitalista y de globalización. Ha sido todo un giro epistemológico a nivel de representaciones y obviamente dentro de todo ese giro, está la belleza, donde a su vez está esta construcción del cuerpo que es finalmente un canon hegemónico”, explica.

El ejemplo viene de afuera

Para Rosario Puga, las pautas culturales que se refieren a la belleza son dictadas hoy desde el consumo “y tienen un carácter bastante globalizante, de los cuales es muy difícil sustraerse y que muchas veces generan en las mujeres una sensación de profunda marginalidad y exclusión, esto porque aparecen como modelos tremendamente lejanos a las claves culturales que identificamos como propias”.

Para la  actual secretaria de La Morada, los cánones de belleza que hoy imperan obedecen a “ciertos sectores socioeconómicos que de alguna forma presionan al conjunto de las mujeres”, donde figuras como las de la mujer con carga genética europea pueden ser identificadas como símbolo de elegancia y estatus.

Carolina Franch en tanto afirma que la publicidad y la forma en que ésta opera tienen mucho que decir en cuanto a cómo las mujeres conciben su cuerpo y deciden tratar de cambiarlo.

“Hay altas exigencias, sobre todo para las mujeres para insertarse en un canon que no es el que le corresponde a la mayoría”, dice la antropóloga quien además señala que así como existe esta presión, también vale la pena mencionar que “las representaciones sociales de belleza/cuerpo/buen gusto/distinción, etcétera, son cánones que consumimos todos, aceptándolos y adaptándolos; no lo rechazamos. Entonces, aunque a mí me impongan ese modelo, no lo rechazo sino que lo incorporo”.

Para Carolina, “lo grave es que hoy hay un solo modelo de belleza” y por lo tanto “se vuelve un modelo muy frustrante porque no tenemos otra propuesta”.

 

Para la profesional, “lo grave es que hoy hay un solo modelo de belleza” y por lo tanto “se vuelve un modelo muy frustrante porque no tenemos otra propuesta”. De esta manera agrega que sería interesante poder “ampliar la gama de bellezas. Eso es lo angustiante porque si uno tiene una medida, un canon y una opción es probable que no la cumplamos”, dice.

¿Qué relación tienes con la belleza?

¿De qué manera una chilena promedio podría adaptar su cuerpo a los requisitos que muestra actualmente la publicidad?

Para responder a esta inquietud, Carolina Franch afirma que “el tipo de relación que tenemos con la belleza es súper demandante” e implica muchos sacrificios, lo que provoca en este caso que muchas mujeres vivan pendientes de lo que comen, de la ropa que se colocan, del ejercicio que no hicieron, del rollo en el abdomen, etcétera, lo que claramente irá amarrado de sentimientos de culpa, arrepentimiento, angustia y ansiedad.

Para la antropóloga, si la sociedad no se vuelca hacia una pluralidad, lo que seguirá haciendo es “crear un cuerpo ideal”, que no sólo afecta a nivel de género, sino también de otros como las etnias y la generación. “Una mujer vieja puede ser regia, pero igual es vieja porque el canon al que se está apostando además es de una temporalidad ínfima y ¿cuánto podemos durar jóvenes?”.

Rosario Puga por su parte afirma que el tema es muy complejo, manifestando que incluso hay que entender que ahora “los cuerpos se modelan, se formatean, pueden cambiarse y ser objeto de intervenciones estéticas, algo totalmente tentador”.

En esta misma línea, dice que lamentablemente, “si todas queremos ser flacas y planas, viene después la idea de ser flaca, pero no plana; luego la de ser flaca, no plana y tener un promedio de altura de 1,70 entonces nos pondremos 10 centímetros de taco, eso hasta que se pone de moda otra cosa”.

Este inconveniente para la semióloga se origina porque “no nos miramos en ningún momento; porque no fuimos educados para eso y por lo tanto tampoco podemos saber a qué nivel pueden operar esos cambios (y aún así seguir reconociéndose) y qué tanto podemos participar de ese ideal determinado de belleza”.

En este mismo contexto, su mirada es tajante al decir que “en una sociedad tan conservadora como la nuestra, las mujeres han sido despojadas de la conciencia de nuestros cuerpos y a la vez presionadas para que todos ellos se conviertan en unas verdaderas herramientas de éxito”.

Para ambas profesionales, el hecho de que la publicidad intente insertar modelos de mujeres “normales” en sus spot es algo que si bien podría al menos inquietar al público, no es más que una jugada del marketing para captar a ese nicho de personas que no se sintieron identificadas con las anteriores campañas. “Código de buenas prácticas”, “sólo una modificación a la misma propuesta” y “no más que un referente al cambio”, son algunas de sus aseveraciones la respecto.

Algunos registros audiovisuales que destacan esta temática. Los tres pertenecen a la campaña por la belleza real de una conocida línea de productos de cuidado personal.

“Liberemos a la próxima generación de los estereotipos de belleza”

““Habla con tu hija antes de que la industria de la belleza lo haga”

 
Punto Vital Noviembre 2013 ©
 
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