La profesora de woga, Karin Yanine, comenta que el agua templada entrega al cuerpo un relajo sin igual y al tener una percepción de menor peso, permite que los movimientos pareciesen deslizarse en forma suave reduciendo el impacto sobre las articulaciones. “Aquí no se corre el riesgo de lesiones, ya que las actividades acuáticas tienen la ventaja de reducir el impacto en las articulaciones y la sobrecarga muscular”, sentencia.
Karin menciona además que debido a la poca gravedad que ofrece este medio, “el practicante es obligado a encontrar el equilibrio dentro de su propio cuerpo”. De esta forma, los ejercicios que en su mayoría son adaptaciones del yoga tradicional, son una mezcla de movimientos estáticos, leves y armónicos los que se llevan a cabo con la ayuda de elementos como tubos de buceo y otros accesorios de piscina.
Como la mayoría de los movimientos del woga se realizan mediante la flotación o con los pies en el suelo o apoyados en el borde de la superficie, Yanine afirma que cualquier tipo de agua será bienvenida para esta disciplina. Sin embargo, deja claro que el control de la temperatura – que en este caso debe ser entre los 34 y 36 grados – es tema primordial, pues una baja en ésta podría producir hipotermia.
Para la profesora de esta terapia, lo recomendable es practicar la disciplina dos veces a la semana en sesiones de 45 a 50 minutos y que en cuanto a potenciales alumnos, comenta que para aquellos con afecciones asmáticas y problemas respiratorios en general, el woga está totalmente recomendado: “en el agua se amplía la caja toráxica, lo que hace que la respiración sea más profunda”, manifiesta.
Además, la técnica del yoga acuático trae beneficios a nivel circulatorio y muscular, donde en el primero se incrementa el bombeo de sangre y en el segundo, relaja un ochenta por ciento más a los músculos”. |