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Los niños que no practican deporte, son una población en riesgo
 
¡Movamos a los niños!
Aunque las cifras acerca del sedentarismo en Chile han disminuido, aún no son satisfactorias como para decir que vivimos un cambio en la actitud con respecto a la actividad física. Es por eso que el trabajo debe ser arduo desde la infancia, para así inculcar en los pequeños todos los beneficios que entrega el deporte.
 
Carla González C.
 

Desde hace un tiempo que en nuestro país se está conversando acerca de ideas como la calidad de vida, la actividad física y la buena alimentación, temáticas que rondan en varias cabezas y desde donde han podido establecerse algunas políticas públicas que tienen como objetivo contribuir en el cambio de la conciencia de la población.

A pesar de aquello, en Chile los niveles de sedentarismo siguen siendo preocupantes y es por ello que informar acerca de los daños que hay detrás de esta conducta es de suma importancia. Esto provoca que el trabajo desde la niñez sea también una prioridad, después de todo, los esfuerzos que hoy se están colocando en este tema, aún son insuficientes.

La antigua imagen de aquel grupo de niños jugando a la pelota o el de las niñas saltando la cuerda está quedando cada vez más atrás para ser reemplazada por pequeños que pasan encerrados en sus casas jugando en el computador o simplemente pegados por horas mirando la televisión.

Esta es una realidad para aquellos niños que no tienen la oportunidad de pasar mucho tiempo con sus papás o que viven en departamentos o sectores sin áreas verdes. Por eso, el trabajo por terminar con el sedentarismo y por ende con las enfermedades asociadas a esto es a estas alturas, una prioridad nacional.

El licenciado en educación y profesor de educación física, Rafael Arcos Vitali, entrega cifras no muy alentadoras con respecto a los cambios que ha habido en Chile en el tema del sedentarismo y la actividad física. Al respecto, dice que a pesar de que pareciera que “todo el mundo” habla de este tema, hay una clara contradicción al momento de hablar de números.

“Según los datos entregados por la encuesta Calidad de vida y salud (INE-Minsal, 2006), un 89,2% de la población es sedentaria; datos inferiores a los entregados en 2000, donde el 91% de la gente lo era”, indica.

A pesar de esta disminución, el profesional es certero al mencionar que “estos números no alcanzan a ser significativos”, sobre todo en el caso de los niños y niñas donde indica que a través del tiempo se han manejado diferentes estudios y cifras, todas ellas preocupantes.

“Según la Junaeb, las cifras de obesidad son de un 19,4% en primero básico y sobre el 10% en preescolares hasta 5 años (Junji, 2006). En niños de 0 a 6 años, el Minsal observa el 7,2%”, comenta.

 
Según la Fundación de la Familia, “es necesario estimular la actividad física mucho antes que los niños estén en condiciones de aprender algún deporte”. Saltar en un pie, correr, saltar la cuerda, entre otros, son algunas de estas actividades.
 
“Todo aquello que no se utiliza, se atrofia”
 

La frase que encabeza este capítulo proviene de Hipócrates y es utilizada por Rafael Arcos para ejemplificar de alguna manera lo que sucede con nuestro cuerpo cuando no es bien utilizado.

Para el profesor, la actividad física puede definirse como “cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos y que resulten de un gasto energético” y por lo tanto, los niños que no la practican, “son sin duda parte de una población de riesgo”.

En palabras del profesional, las principales consecuencias que enfrentan los niños que no practican ninguna actividad física y que viven más bien una vida sedentaria son “la predisposición a la obesidad, enfermedades cardiovasculares, problemas articulares, baja autoestima, etcétera”, manifiesta.

Es por eso que practicar deportes o actividades que hagan mover al cuerpo son tan importantes. Frente a esto, el profesor dice que gracias a una práctica habitual de cualquier tipo de movimientos, se pueden potenciar beneficios de tipo mental y físico. En el primero destaca la producción de endorfinas, “las cuales provocan sensación de bienestar, además de mejorar las funciones mentales”, dice.

En cuanto al segundo, menciona que “se fortalecen los músculos y huesos, mejora la flexibilidad, la coordinación y el equilibrio”. Por último, lo social también se potencia; aquí el niño “es capaz de adoptar elementos socioculturales de su medio ambiente, integrándolos a su personalidad, lo que les permite adaptarse con mayor rapidez y seguridad a la sociedad”, sostiene.
 
Rafael Arcos menciona que no se puede culpar a la comida chatarra o a los avances tecnológicos de la obesidad en los más pequeños. “Tenemos la obligación de lograr que nuestros niños se adapten a un mundo en constante cambio. Los responsables somos nosotros, los padres, los educadores. Debemos enseñarles desde pequeños lo importante de vivir con hábitos de vida sana”, manifiesta.
 
Flacos y gorditos: todos a moverse
 

Para este profesor de educación física, todos los niños – desde muy pequeños – “pueden desarrollar una gran variedad de actividades físicas”. Según sus palabras, lo importante no es obligarlos a practicarlas, sino poner atención en cuáles son las actividades que más los motivan.

Con respecto a esto, sentencia que se recomiendan rutinas físicas tales como el baile, la natación, andar en bicicleta, patines y juegos deportivos y recreativos donde se integre una cantidad significativa de participantes.

Lo importante aquí es poner atención en las condiciones que cada niño trae consigo, pues no será lo mismo trabajar con los pequeños que están acostumbrados a ejercitarse que con aquellos más sedentarios y que tienen problemas en su peso corporal.

 
     

De esta forma, afirma que “los niños que presentan sobrepeso pueden realizar sin problemas las mismas actividades que aquellos que tienen un peso normal”, en ese sentido, no existe restricción. Sin embargo, si quien está guiando el trabajo ve que uno de estos pequeños no puede llevar a cabo los movimientos en un ciento por ciento, “pueden modificarse para así proporcionarles mayor motivación y así colaborar en mejorar su condición física”, asegura.

Muy distinto es el caso de los niños obesos. En ellos, destaca, debe haber una labor que también esté monitoreada por un profesional de la salud. Para estos pequeños sí es necesario crear programas que contemplen actividades específicas.

Con todo lo anterior, no hay que olvidar que cambiando los malos hábitos e incorporando nuevos y más sanos, también podemos contribuir en la salud física de los niños. Así caminando más, dejando los paseos en auto para salir a dar caminatas en familia, paseando en bicicleta o utilizando la escalera en vez del ascensor, de seguro un grano de arena aportaremos en el cambio hacia una vida realmente saludable.

“Todos somos responsables del futuro de nuestros niños. Padres, educadores, médicos, investigadores, políticos, etcétera. Todos debemos tener y crear conciencia sobre la importancia de la actividad física y de los beneficios que ésta nos aporta”, asegura el profesor.

 
Punto Vital Abril 2010 ©
 
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